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El laberinto de Nairo Quintana

- José Luis Sorolla (Efe) VALENCE

El colombiano, que salió de los Alpes a más de dos minutos del líder, sigue sin estar al 100% en el Tour

Cuando los líderes deben entrar en acción y las excusas hacen acto de aparición son signo inequívoco de que algo no funciona y Nairo Quintana parece haber entrado en esa dinámica por segundo año consecutiv­o en el Tour.

El camino del líder colombiano desde su llegada a Movistar en 2012 aparecía diáfano en lontananza y, salvo los obstáculos naturales, con el maillot amarillo de la Grande Boucle como desenlace natural. Sin embargo, desde su participac­ión en 2017 su trayectori­a entró en un complejo laberinto en el que, al menos de momento, no es capaz de encontrar el camino que le permita retomar ese sendero.

Con once participac­iones en grandes vueltas desde que fichase por el Movistar, salvo la primera que se saldó con una discreta trigésima sexta posición en la Vuelta y el abandono en esta misma prueba en 2014 tras dos duras caídas, el resto hasta el pasado Tour 2017 eran dos triunfos, una Vuelta y un Giro, tres segundos puestos, un tercero y un cuarto.

En el cuarto Tour victorioso de Froome, el de Boyacá no pudo pasar de una más que discreta duodécima posición y lo atribuyó a una mala recuperaci­ón tras su participac­ión un mes antes en el Giro, en el que finalizó segundo tras el holandés Tom Dumoulin.

En el actual Tour ya empezó con mal pie en la primera etapa, en la que sufrió una caída a cua- tro kilómetros de la llegada en Fontenay le Comte en la que se dejó 1.15 minutos. El pavé de Roubaix lo salvó con solvencia, lo que animaba a pensar una buena actuación en la trilogía alpina, pero en Le Grand Bornand, La Rosiere y Alpe d’Huez terminó perdiendo cada día tiempo.

En 2016, cuando subió al tercer cajón del podio para acompañar a Froome y el francés Romain Bardet, el recurso para explicar su imposibili­dad de pelear por el maillot amarillo, una prenda que a pesar de sus buenos resultados todavía no se ha puesto, fue el de la alergia.

Es probable que su irrupción en 2013 con el segundo puesto en

Caídas, alergias y golpes de calor han impedido a Quintana mostrar su potencial

el Tour y sus posteriore­s victorias en el Giro y la Vuelta le hicieran incrementa­r su nivel de presión en busca de lo único que todavía no ha conseguido, vestir de amarillo en el podio final de París.

Tampoco ha ayudado mucho el que su equipo haya tenido que hacer equilibrio­s sobre la cuerda f loja para justificar la presencia de tres líderes en la línea de salida de la Isla de Noirmoutie­r este año. Ahora el objetivo, tras la etapa de transición en Valence, es recuperar el tono y remontar.

Oportunida­des no le van a faltar al colombiano con la llegada de las siempre duras etapas por el Macizo Central y las tres que circularán por los Pirineos, tras la jornada de descanso el lunes, para ver hasta donde es capaz de llegar.

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SEBASTIEN NOGIER / EFE Nairo Quintana, durante la etapa del jueves con final en Alpe d’Huez.

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