La Razón (Nacional)

España lo vuelve a hacer

Los Hispanos vencen a Noruega (31-26) tras una brillantís­ima primera parte y con las paradas de Corrales en la segunda. Dinamarca, rival por una plaza en la final del Mundial

- Francisco Martínez

La seña de identidad de España es su defensa, una roca que permite parar a sus dos grandes porteros y salir a la contra con los extremos para conseguir goles fáciles. Pero, ¿quién dijo que no ataca bien? Incluso de maravilla puede hacerlo, o si no que le pregunten a Noruega, la finalista de los dos últimos Mundiales que esta vez no va a poder repetir. Porque sufrió un tormento en la primera parte de los cuartos de final y no encontró la manera de recuperars­e (aunque lo intentó), después, por un gigante llamado Rodrigo Corrales. El gallego tuvo uno de esos días en los que convierte su portería en un agujero

muy pequeño para los rivales; en los que se sintió imbatible. Paras una, dos, diez... Y ya tienes la moral comida a los lanzadores contrarios. Además, la estrella de los nórdicos, Sagosen, estaba mermada físicament­e. España fluyó, voló y lo ha vuelto a hacer: sin una figura que brille tanto como el lateral-central de Noruega, pero con el clásico todos a una y «nuestra fuerza es el grupo», mantra que repiten antes de los partidos y que demuestran durante ellos, están de nuevo en la pelea por las medallas, como casi siempre en las grandes competicio­nes, aunque en los Mundiales se resistía últimament­e.

Este es un grupo con un mérito enorme. Llevan muchos años juntos, pero los que van entrando encajan. Por ejemplo Marchán, el pivote que no ha pasado ni por las categorías inferiores, que debutó hace nada con los Hispanos, pero parece que lleva toda la vida. Su arranque, su partido, en realidad, fue fantástico, pegándose con los defensores, a los que podía, para marcar o para abrir espacios para sus compañeros. Su posición en la pista aporta en lo que se ve y en lo que no se ve tanto. Es agotador, no hay rival que no lo sujete por la camiseta, pero cuando las cosas salen los golpes se olvidan. La facilidad para encontrar a Marchán hizo que Noruega se cerrara y entonces los lanzadores tuvieron más facilidade­s. Maqueda se soltó en ataque y Álex Dujshebaev comenzó lo que después convertirí­a en un recital. El trabajo estaba hecho en un lado del campo. En el otro, la primera decisión de Jordi Ribera fue poner de portero a Corrales. Era compañero de Sagosen en el PSG (ninguno de los dos está allí ya), lo conoce bien y le paró un par de intentos. El gran jugador noruego marcó goles, pero con un porcentaje sólo regular. Además, en una acción se hizo daño en la cadera y se fue al vestuario. No jugó los últimos diez minutos antes del descanso, en los que España siguió flotando y mantuvo la ventaja (21-15) pese a estar un rato con dos jugadores menos sobre la pista.

Pero el trabajo de Corrales no había terminado. Porque si España y su juego habían sido lo más parecido a la perfección, después se pararon. Llegó el atasco y Noruega que se acercaba (22-19), y Sagosen que se sentaba en el banquillo, pero fue para asustar, porque no pudo jugar. Pero Noruega, sin él, empezó a correr y a encontrar a sus extremos. Se acercaba, aunque no del todo porque el maravillos­o portero español se hizo enorme. Desde cerca o desde lejos, a los extremos, por arriba, por abajo... Cada tres ataques paraba uno o dos. Pero a España no le valía con eso. Tenía que seguir sumando en el otro lado y entonces Álex Dujshebaev pidió la bola y empezó a encadenar goles para mantener los tres o cuatro goles (24-20, 27-23...) y resistir con su defensa hasta el final. La selección peleará por todo y el próximo obstáculo es Dinamarca, el actual campeón. Por el otro lado del cuadro se enfrentan la renovada Francia contra Suecia.

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AP Los jugadores españoles celebran su pase a las semifinale­s del Mundial de Egipto

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