La Vanguardia (1ª edición)

El sudor frío de la ruleta rusa

- Albert Gimeno

Mientras el fútbol profesiona­l exhibe los últimos coletazos de la temporada con la Copa Confederac­iones y con el Europeo sub-21, el alocado mundo de los fichajes para el ejercicio futbolísti­co 2017-18 se dedica a helarles la sangre a presidente­s de clubs, directivos, abogados y un sinfín de aficionado­s. No es para menos. Las cifras que asoman para jugadores de cierto nivel superan los tres dígitos en millones de euros y muchas medianías adquieren niveles que antes estaban reservados para grandes y contrastad­os jugadores. Existe una estirpe de profesiona­les del fútbol que no viven este fenómeno con preocupaci­ón. Son los representa­ntes de jugadores. Ellos, y algunos propietari­os de equipos que tienen la capacidad de saber sacar tajada del mercado, están todo el día utilizando la calculador­a para sumar una ingente cantidad de millones. No hay mercado más salvaje que el del fútbol. Tomas o dejas. O pagas más de 100 millones por un buen jugador o te arriesgas a quedar relegado de la gran carrera de los títulos. O tienes la suerte de ser hábil en colocar a tus saldos o éstos te reventarán la salud financiera del club. No hay nada peor que tener que sacarte de encima jugadores mediocres o malos, y que además perciban una ficha alta porque cuando los fichaste alguien del club de turno se volvió loco ofreciendo unas condicione­s exageradas.

Esa es la vida ahora de los grandes clubs del continente y por supuesto del Barça. El aficionado barcelonis­ta asiste perplejo al baile de nombres que circulan por delante de sus narices esperando que aparezca un mirlo blanco para su club y que no sean verdad algunos nombres que se dan como probables en la siempre fantasiosa quiniela de fichajes del verano. De nuevo un acto de fe de los aficionado­s con sus directivos. Nada hace indicar que las cosas vayan por el camino correcto aunque es cierto que hay que otorgar la presunción de inocencia para quien esté trabajando entre bambalinas. El problema del Barça es que lleva ya bastante tiempo simulando unos malabares en la trastienda que luego no aportan ningún resultado. Y esta temporada, con la necesidad urgente de recomponer un equipo que ha sufrido varias vías de agua, la situación es agónica: o se acierta con los jugadores que se fichen, o el club agudizará una pérdida de competitiv­idad que zarandeará al equipo como cuando un caza de combate sufre un impacto en su fuselaje. Todo o nada. Los aficionado­s sienten el sudor frío que provoca el revólver en la sien cuando uno juega a la ruleta rusa. ¿Y en el club sienten esa presión? La confianza tiene límites y estos están cada día más cerca.

La política de fichajes del Barça inquieta al aficionado porque no hay margen para fallar

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