Los cos­tes... y al­go más

Ca­da vez son más las em­pre­sas que de­ci­den fa­bri­car en el ex­te­rior pe­ro sin ce­rrar en España

La Vanguardia - Dinero - - GESTIÓN - Jor­di Gou­la

Vis­ta en pers­pec­ti­va, la des­lo­ca­li­za­ción in­dus­trial no es más que una hi­ja na­tu­ral de la glo­ba­li­za­ción. Los pri­me­ros pa­sos se die­ron en los años ochen­ta por par­te de las gran­des mul­ti­na­cio­na­les. Sim­ple­men­te bus­ca­ban pro­du­cir más ba­ra­to y fue­ron allí dón­de los sa­la­rios eran más ba­jos, siem­pre que hu­bie­ra en el país un mí­ni­mo de ca­pa­ci­ta­ción pro­fe­sio­nal y de in­fra­es­truc­tu­ras. El fe­nó­meno fue to­man­do con­sis­ten­cia y en los no­ven­ta, con la li­be­ra­li­za­ción, re­sul­ta­ba ca­da vez más in­tere­san­te pro­du­cir mu­cha can­ti­dad de pro­duc­to en un si­tio de­ter­mi­na­do, ya que se fa­ci­li­ta­ba la en­tra­da y los aran­ce­les caían, cuan­do no des­apa­re­cían. Ello fue po­si­ble por los enor­mes avan­ces en la tec­no­lo­gía y en las co­mu­ni­ca­cio­nes. Lo nor­mal era ir de paí­ses del nor­te a los del sur, es de­cir, de ri­cos a po­bres. Sin em­bar­go, en la se­gun­da mi­tad de la dé­ca­da fue to­man­do cuer­po otro ti­po de des­lo­ca­li­za­ción. La de los paí­ses ri­cos que bus­can asen­tar­se en nue­vos mer­ca­dos. “El ca­so pa­ra­dig­má­ti­co es Hew­lett Pac­kard, que lle­ga a España, pro­du­ce aquí y al ca­bo de un tiem­po se va al Es­te de Eu­ro­pa y a Ban­ga­lo­re, pe­ro de­jan­do aquí el cen­tro de va­lor aña­di­do. Mu­chas em­pre­sas han in­ver­ti­do en España y han sub­con­tra­ta­do en Eu­ro­pa del Es­te, bus­can­do eco­no­mías”, ar­gu­men­ta Iva­na Ca­sa­bu­ri, pro­fe­so­ra de Esade y de la Uni­ver­si­dad de Pe­kín, ex­per­ta en te­mas de in­ter­na­cio­na­li­za­ción. “Ya en es­te si­glo hay un he­cho cru­cial que re­sul­ta de­ci­si-

Víc­tor Mar­tí­nez: “Ce­rrar la fá­bri­ca de aquí pa­ra im­por­tar lo que pro­du­ces allí es una abe­rra­ción”

vo: la en­tra­da de China en la OMCEN el 2001 y a efec­tos prác­ti­cos en el 2004-2005”, aña­de.

Lo que su­ce­de es que el em­pre­sa­rio es cons­cien­te de que el cos­te es im­por­tan­te, pe­ro no lo es to­do. Así lo vio ha­ce tiem­po Víc­tor Mar­tí­nez, pre­si­den­te de VMV Group, una em­pre­sa fa­mi­liar ca­ta­la­na líder en la crea­ción, pro­duc­ción y dis­tri­bu­ción de pro­duc­tos pa­ra cos­mé­ti­ca ca­pi­lar, que ven­de a cua­tro con­ti- nen­tes (103 mi­llo­nes de eu­ros al año), con una red pro­pia de quin­ce de­le­ga­cio­nes en el ex­te­rior más nue­ve en España. Aho­ra que es­tán a pun­to de abrir fá­bri­cas en Bra­sil y China pa­ra ven­der allí –ya tie­nen en Ve­ne­zue­la–, y han po­ten­cia­do la de Lliçà de Vall (Bar­ce­lo­na), afir­ma que “hay otros fac­to­res tan im­por­tan­tes co­mo el cos­te a la ho­ra de ir al ex­te­rior, co­mo es­tar jun­to al clien­te”.

En ba­se a su ex­pe­rien­cia, ex­pli­ca los cua­tro pa­sos que dar a la ho­ra de sal­tar al ex­tran­je­ro. “Lo pri­me­ro fue ven­der, bus­can­do ac­ce­so a la dis­tri­bu­ción. Nos di­mos cuenta de que pa­ra ven­der en un país es más di­fí­cil ha­cer­lo co­mo ex­tran­je­ro. Si es­tás den­tro pue­des sal­tar­te un mon­tón de ba­rre­ras bu­ro­crá­ti­cas. A par­tir de ahí, ana­li­za­mos el po­der ad­qui­si­ti­vo de la po­bla­ción y si se tra­ta de un país emer­gen­te –nues­tros pri­me­ros pa­sos fue­ron en La­ti­noa­mé­ri­ca– ves que es mu­cho me­nos al nues­tro, por lo que de­bes adap­tar tus pro­duc­tos. De en­tra­da, hay que ba­jar cos­tes y pen­sar que el be­ne­fi­cio lle­ga­rá a me­dio pla­zo. Una vez es­ta­mos ahí, es ho­ra de bus­car un so­cio lo­cal. El so­cio te per­mi­te re­du­cir dis­tan­cias en­tre lo que sa­bes ha­cer y la reali­dad del mer­ca­do en el que has en­tra­do”. Ha­ce hin­ca­pié en que el so- cio no es un ma­tri­mo­nio. “Es de con­ve­nien­cia, por am­bas par­tes. Pue­de du­rar un tiem­po y lue­go se rom­pe la re­la­ción, pe­ro ya es­tás asen­ta­do en el país”, aña­de.

Lo cier­to es que es­ta­mos en una épo­ca de mu­cho mo­vi­mien­to. Los de aquí se van allí y los de allí quie­ren ve­nir aquí. Es el ca­so de los chi­nos. “Mu­chas em­pre­sas chi­nas quie­ren ve­nir a Eu­ro­pa, ex­pli­ca la pro­fe­so­ra Ca­sa­bu­ri, y tie­nen el mis­mo pro­ble­ma que te- ne­mos no­so­tros cuan­do de­ci­di­mos ir allí. Lo ló­gi­co es que las em­pre­sas ha­gan un acuer­do bi­la­te­ral, co­mer­cial o pro­duc­ti­vo, en­tre ellas: ‘Yo te ayu­do aquí y tu me ayu­das allí’”. Ex­pli­ca el ca­so de Sep­ho­ra y Her­bo­rist (Shang­hai): “Pa­ra Her­bo­rist es im­por­tan­te es­tar en Eu­ro­pa y au­men­tar su pres­ti­gio in­ter­na­cio­nal. Hoy es la 5.ª mar­ca más ven­di­da en Eu­ro­pa, pe­ro ellos no quie­ren cuo­ta, quie­ren ha­cer mar­ca pa­ra ven­der más en China. Sep­ho­ra, por su par­te, ga­na di­ne­ro al ven­der los pro­duc­tos de ca­li­dad me­dia-ba­ja de Her­bo­rist a pre­cio eu­ro­peo –por­que tie­ne la ex­clu­si­va– y, ade­más, pe­ne­tra en China”.

Pa­ra Víc­tor Mar­tí­nez, “man­dar a una em­pre­sa a fa­bri­car fue­ra y ce­rrar la de aquí, pa­ra im­por­tar lo que ha­ces allí, es una abe­rra­ción”. Y ad­vier­te que al­gu­nos con­sul­to­res in­ci­tan a ello en ba­se a unos cos­tes muy ba­jos. “El di­fe­ren­cial de cos­tes a ve­ces lo pa­gas ca­ro. A la plan­ti­lla de allí no le im­por­ta la em­pre­sa y hay una pér­di­da de know how enor­me. Ade­más, las di­fe­ren­cias no son siem­pre co­mo te di­cen. A ve­ces ne­ce­si­tas con­tra­tar el do­ble de gen­te pa­ra pro­du­cir la mi­tad de lo que ha­ces aquí, por­que la pro­duc­ti­vi­dad es muy ba­ja. Otro ries­go ha­bi­tual en paí­ses en desa­rro­llo sin unas ba­ses pre­pa­ra­das, por ejem­plo, es­tá en los re­cam­bios. A ve­ces pue­des tener una má­qui­na pa­ra­da 15 días por ello. Y la ca­li­dad de aca­ba­dos, no siem­pre pue­des ha­cer­la co­mo aquí. Has de con­tar con ab­sen­tis­mos al­tos y as­pec­tos cul­tu­ra­les, co­mo el de vi­vir al día. En mu­chos paí­ses no pien­san en la pre­vi­sión y les da igual que­dar mal. En re­su­men, la verdad es di­fe­ren­te a có­mo te la ven­den en mu­chos ca­sos”, con­clu­ye.

GABRIELA RU­BIO

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