Fernando Trías de Bes

Ges­tor, lí­der, ge­nio o lo­co

La Vanguardia - Dinero - - PORTADA - Fernando Trías de Bes Es­cri­tor y eco­no­mis­ta. Pro­fe­sor aso­cia­do de Esade

Di­rec­ti­vos El ges­tor ope­ra den­tro de los lí­mi­tes, el lí­der tra­ta de ir más allá, el ge­nio re­de­fi­ne sec­to­res y el lo­co hun­de el ne­go­cio

Esta se­ma­na he te­ni­do el pri­vi­le­gio de rea­li­zar la po­nen­cia inau­gu­ral del Ma­na­ge­ment and Bu­si­ness Sum­mit, que ha con­ta­do con las in­ter­ven­cio­nes de Bob Wood­ward, el pe­rio­dis­ta que des­cu­brió el es­cán­da­lo del Wa­ter­ga­te, o el as­tro­nau­ta Michael Ló­pe­zA­le­gría, en­tre otros.

Es­te con­gre­so ha ver­sa­do so­bre los lí­mi­tes en la ges­tión em­pre­sa­rial. Lí­mi­tes de to­da ín­do­le: de la tecnología, de la in­no­va­ción, del li­de­raz­go, de la cien­cia, del ta­len­to… Hay per­so­nas que opi­nan que los lí­mi­tes no exis­ten y que son una pu­ra ba­rre­ra per­cep­tual o psi­co­ló­gi­ca. Yo di­fie­ro. Un ser hu­mano co­rre los cien me­tros li­sos ca­da vez más apri­sa y es cier­to que las plus­mar­cas ac­tua­les se con­si­de­ra­ban im­po­si­bles tiem­po atrás. Pe­ro un ser hu­mano di­fí­cil­men­te po­drá co­rrer cien me­tros en un se­gun­do, por ejem­plo. Lo mis­mo po­de­mos con­si­de­rar en cual­quier dis­ci­pli­na. Cla­ro que exis­ten lí­mi­tes. Sin em­bar­go, ese no es bajo mi pun­to de vis­ta el debate. La cues­tión pri­mor­dial es otra: có­mo se per­ci­ben y có­mo se su­pe­ran lí­mi­tes ac­tua­les. Eso es lo im­por­tan­te en cual­quier dis­ci­pli­na y, por su­pues­to, tam­bién en los ne­go­cios y las or­ga­ni­za­cio­nes.

Esta pers­pec­ti­va nos lle­va a un te­rreno mu­cho más prác­ti­co y útil pa­ra el di­rec­ti­vo: la de­fi­ni­ción del lí­mi­te ac­tual co­rres­pon­de a los he­chos, pe­ro la fi­ja­ción del nue­vo lí­mi­te que po­de­mos al­can­zar compete al di­rec­ti­vo y al empresario. Esa es su vi­sión, su am­bi­ción, su ca­mino y, por su­pues­to, su aven­tu­ra. La su­pera­ción de lí­mi­tes mo­vi­li­za, des­pier­ta sue­ños e ilu­sio­nes, con­vir­tién­do­se en el mo­tor de la mo­ti­va­ción de las per­so­nas de una or­ga­ni­za­ción. El dón­de es­ta­ble­cer esos lí­mi­tes es, por tal mo­ti­vo, un asun­to de­li­ca­do. Y es de­li­ca­do por­que eso es lo que dis­tin­gue a un ges­tor, de un lí­der y de un lo­co. Es­tas cua­tro fi­gu­ras po­drían per­fec­ta­men­te de­fi­nir­se por có­mo se re­la­cio­nan con los lí­mi­tes. El ges­tor de­ci­de ope­rar den­tro de ellos, ser ren­ta­ble y efi­caz, no cues­tio­nar­los y, den­tro de esa área co­no­ci­da, ob­te­ner el má­xi­mo beneficio mien­tras ges­tio­na la ob­so­les­cen­cia a la que es­tá irre­me­dia­ble­men­te con­de­na­do. El lí­der, por su par­te, tra­ta de ir un po­co más allá, tra­ta de ir su­peran­do, al igual que el atle­ta, los lí­mi­tes or­ga­ni­za­ti­vos y eco­nó­mi­cos que cer­ce­nan el cre­ci­mien­to; en­san­cha el área de ac­tua­ción de una em­pre­sa.

Los ge­nios son otro can­tar. Un ge­nio es aquel que de pron­to to­ma el lí­mi­te y lo co­lo­ca a una dis­tan­cia in­creí­ble, mu­cho más allá de don­de cual­quie­ra po­día ima­gi­nar. Y, fi­nal­men­te, los lo­cos: son ge­nios equi­vo­ca­dos, en am­bi­cio­nes, mé­to­dos, he­rra­mien­tas o mo­men­to del tiem­po. En­tre ge­nios y lo­cos la ba­rre­ra es di­fu­sa, pe­ro sus re­sul­ta­dos no. Los lo­cos hun­den ne­go­cios y los ge­nios re­de­fi­nen sec­to­res. La pri­me­ra de­ci­sión de un di­rec­ti­vo o empresario es có­mo desea re­la­cio­nar­se con los lí­mi­tes. Se di­ce que los tres mo­ti­vos que ex­pli­can el 90% de cie­rres em­pre­sa­ria­les son mo­ro­si­dad, ma­la ges­tión de stocks y ma­la ges­tión del cre­ci­mien­to. To­dos ellos pro­vie­nen de una re­la­ción equi­vo­ca­da con los lí­mi­tes. Us­ted de­ci­de: ges­tor, lí­der, ge­nio o lo­co.

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