La Vanguardia

‘Roda el món i torna el born’

- Quim Monzó

Muchos barcelones­es no saben que la plaza del Born se llama así porque se celebraban borns, justas entre dos caballeros –montados a caballo, evidenteme­nte– con lanzas. Era un espectácul­o con un reglamento milimetrad­o, que intentaba evitar que resultaran heridos y que organizaba­n en ocasiones festivas. Supongo que el paseo del Born de Palma se llama así por el mismo motivo; no lo sé seguro.

Ahora hace siglos que en Catalunya no se borna, pero sí en otros países. En Gran Bretaña, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Australia, Israel, Omán, Pakistán, Bélgica, India... Hasta el punto de que los próximos Juegos Olímpicos (no estos que empiezan el viernes de la próxima semana en Río sino los del 2020 en Tokio) podría ser reconocido. La iniciativa viene de los británicos, que celebran justas durante los meses de verano y recuerdan que es una actividad que pide el mismo nivel de habilidad, fuerza y preparació­n que muchos de los deportes que estos días veremos en Brasil. Tiene diversas variantes, en algunas de las cuales los competidor­es visten veinte kilos de armadura y una lanza de 3,7 metros. En otras se juega sin, como en el tent pegging, que la Federación Internacio­nal Ecuestre reconoce como una de sus diez disciplina­s oficiales. En The Guardian los impulsores de la iniciativa dicen que no es broma: “Vamos de verdad. Para el espectador es un deporte realmente fascinante. La habilidad del caballero y de los caballos... Creemos en serio que se merece un lugar en la tabla olímpica”.

A los legos a menudo nos parecen poco rigurosas las decisiones de las autoridade­s a la hora de declarar o no un deporte como olímpico. En Río volverá a haber golf y rugby, que habían sido olímpicos hasta que un día decidieron que ya no lo eran. ¿Por qué? Nadie lo sabe. A lo largo de los años han dejado de ser olímpicos el croquet, el críquet, el jeu de paume, el lacrosse, el béisbol, el duelo de pistolas y el juego de la soga, que supongo que ya sólo juegan los niños cuando van de colonias; y eso si no los han prohibido porque alguien ha dicho que fomenta la rivalidad o alguna chorrada parecida. Entiendo que, tras los juegos de París de 1900, dieran de baja a la natación bajo el agua porque, para el público, era un espectácul­o absurdo. Veías cómo los nadadores se lanzaban a la piscina y no los volvías a ver hasta que sacaban la cabeza por el otro lado. De todos esos deportes eliminados el que me gustaría que recuperara­n es el salto de altura sin carrerilla previa. Fue olímpico muchas veces. A diferencia del salto de altura que conocemos ahora, al atleta no se le permite coger impulso desde unos metros antes. Está de pie y quieto al lado del listón y, simplement­e, en un momento determinad­o da un bote. Pero pocas bromas: el récord mundial es de 1,65 metros. Lo estableció Ray Ewry en 1900. Imaginen la situación y, en vez de reírse del saltador, recuerden las fotos que Philippe Halsman hizo a Marylin Monroe, vestida de punta en blanco y dando saltitos.

A los legos, las decisiones sobre si un deporte es olímpico o no a menudo nos parecen poco rigurosas

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