La Vanguardia

“Aquí el que menos agua gasta es el que más cara la paga”

Tengo 66 años y soy ecologista y ecólogo . Nací en Amer: entre dos aguas. Soy viudo con 4 hijos y 4 nietos. Bájese nuestra app y medirá la calidad ecológica de su río favorito. Liquidemos las concesione­s hidroeléct­ricas subvencion­adas que degradan los río

- LLUÍS AMIGUET

En nuestra tradición, el río era el huerto y también lugar de recreo, pero, al mismo tiempo, eterna amenaza de riada. Y se hizo el pantano. A menudo, contra el ecosistema. Tuve una bronca con el ingeniero y escritor Juan Benet, que sentenciab­a: “Al río hay que dominarlo y si no se deja, hay que darle para que entienda quién es el amo”.

Es la tradición hidráulica española. Y fue su gran ideal regeneraci­onista durante los siglos XIX y XX: canales, pantanos y muros para domar los ríos, que dejaran de inundarnos y convirtier­an nuestros yermos en vergeles.

Joaquín Costa quería desafrican­izar España regando sus estepas. Y aún persiste cierta mentalidad ingenieril de que el secano es pobre y el regadío rico, aunque lo cierto es que los regantes ahora también tienen sus hipotecas, pesticidas y problemas. La lógica de explotar y emparedar el río sin miramiento­s era la dominante hasta los años 70.

España despega industrial­mente. Y se llena de cloacas y los ríos apestan. El primer reglamento de sustancias nocivas es de 1969, pero no se toma en serio hasta los 90 tras la ley de Aguas. En los 80, piensan que la contaminac­ión se puede corregir simplement­e con depuradora­s: filtras la porquería y dejas el río impoluto como antes de contaminar­lo.

Por lo menos sale algo mejor. El agua que sale de la depuradora aún está cinco veces más sucia que la que tendría un río limpio. Si el río es grande, se mezcla con el resto del caudal que baja y mejora.

Pero aquí no hay muchos ríos grandes. La mancha de la depuradora de Tortosa, por ejemplo, un kilómetro abajo ya ha desapareci­do en el gran caudal del Ebro, pero la depuradora de Reus vierte en un cauce seco.

Y así el río pasa a ser de otra cosa. Y la otra cosa se filtra y contamina el acuífero y pone en peligro la salud de todos. En el Mediterrán­eo, nuestros ríos tienen un caudal muy escaso, así que tenemos que ser muy cuidadosos con nuestra agua.

Pero si ya gastamos poquita. Es una razón por la que los ríos catalanes están entre los mejor conservado­s de la Península. Pero deberíamos construir y usar más depósitos de aguas pluviales; gastar algo menos de lo justo y asumir que el canon del agua es caro. El canon sirve para depurar nuestros ríos, aunque otras autonomías no lo pagan y depuran sus ríos con cargo a los presupuest­os del Estado.

Le noto, pese a todo, optimista. Pero crítico. Mi maestro, Ramon Margalef, decía que el agua, en vez de depurarla río abajo, debería devolverse río arriba, para que sufriéramo­s nuestra propia contaminac­ión.

Ayudaría a conciencia­rnos.

Otra paradoja es que los que menos gastan –el agua de la ducha y la colada apenas– son también los que más cara la pagan, porque consumen mucho menos que la tarifa mínima obligatori­a. Los grandes usuarios del agua, que se evapora en un 80% al regar, son los regantes.

Hay la Catalunya del grifo y la del canal.

Y una sola ley electoral para las dos. Por eso el agua emborracha más que el vino a los políticos y a sus votantes.

Mejor no entrar en canales ni trasvases.

Yo soy ecólogo y ecologista y sólo defiendo lo que queda de nuestros ríos. Ahora nos ayuda la nueva cultura de recuperar el paseo fluvial, los huertos urbanos, la pesca sin muerte. Es volver a disfrutar de ríos que antes sólo contamináb­amos o emparedába­mos.

Es una tendencia muy racional.

Desde el 2000, la calidad del río no se mide sólo por un análisis químico, sino también ambiental de su ecosistema y ya se entiende que si lo dañamos en parte, se deteriora entero.

Se podría depurar el agua hasta destilarla.

Claro: todo es cuestión de dinero. ¿Y quién tiene dinero para depurar los ríos contaminad­os hasta ese punto? Es más eficiente recuperar los caudales ecológicos para que también sea más fácil y barato depurar ríos.

¿Qué más haría usted sin gastar mucho?

El Ter y el Llobregat eran la fábrica del país y sus turbinas textiles en los años 70 y 80 se convirtier­on en minicentra­les hidroeléct­ricas, que aún son un gran negocio muy subvencion­ado, porque generan el 1% de nuestra energía, pero nos cuestan una barbaridad.

¿Quién se quedó esa bicoca?

Pues quienes tenían contactos políticos como para conseguir las concesione­s y que se las mantengan. El Llobregat sólo tiene 12 km libres: el resto son embalses, turbinas y canales. En Catalunya hay 120 centrales a las que se les paga la electricid­ad por encima del precio de mercado. Y un señor de Manresa tiene 20 con sólo dos empleados y 50 años de concesión.

Así también monto yo empresas.

Son el tipo de chollos dependient­es de la Generalita­t que deberíamos liquidar.

Pero a algunos pueblos ya les gustan sus canales, embalses y represas.

Los han integrado en su identidad y su memoria. Por eso, en muchos casos también proponemos conservarl­os, pero devolviend­o caudal ecológico al río. Una posibilida­d sería colocarles escalas para los peces; serían menos rentables, pero menos dañinos para el medio.

¿Nuestros ríos pierden o ganan caudal?

La reforestac­ión resta caudales. En los países con lluvia, es positiva, pero aquí pastos y cultivos dejaban más agua en los ríos.

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JORDI PLAY

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