Whisky de al­ta trai­ción

In­gla­te­rra desafía a Es­co­cia e in­tro­du­ce un mo­do di­fe­ren­te de ha­cer whisky

La Vanguardia - - INTERNACIONAL - RA­FAEL RA­MOS

En Es­co­cia vi­ven mu­chos in­gle­ses, y tam­bién a bas­tan­tes es­co­ce­ses les gus­ta In­gla­te­rra. Unos son in­de­pen­den­tis­tas y otros unio­nis­tas, lo cual ani­ma las so­bre­me­sas. Unos pre­fie­ren que ga­ne la se­lec­ción in­gle­sa de fút­bol y otros desean apa­sio­na­da­men­te que pier­da, y no pa­sa na­da. La ma­yo­ría no tie­ne nin­gún pro­ble­ma con la rei­na Isa­bel y los Wind­sor, otros aún sien­ten ren­cor por lo que Isa­bel I le hi­zo a Ma­ría Es­tuar­do, pe­ro nin­gún pro­ble­ma.

Los es­co­ce­ses son to­le­ran­tes, pe­ro no per­mi­ten que se tras­pa­se una ba­rre­ra, y es la del whisky. Ya les due­le que imi­ta­do­res de Aus­tra­lia, Ja­pón y Tai­wán les arre­ba­ten los pri­me­ros premios en con­cur­sos in­ter­na­cio­na­les (lo atri­bu­yen a la ig­no­ran­cia o la co­rrup­ción de los jue­ces), pe­ro el no va más es que In­gla­te­rra quie­ra com­pe­tir en un te­rreno que con­si­de­ran ex­clu­si­va­men­te su­yo. Que Gales ten­ga su pro­pia mal­ta, va­le, es un país cel­ta her­mano. En cuan­to a Ir­lan­da, se tra­ta de un pro­duc­to dis­tin­to (uti­li­zan ce­ba­da pe­ro no tur­ba, por lo que no es ahu­ma­do), ela­bo­ra­do tam­bién de for­ma dis­tin­ta (tri­ple des­ti­la­ción) y has­ta se es­cri­be di­fe­ren­te

(whis­key). ¿Pe­ro los arro­gan­tes in­gle­ses?

En pleno de­ba­te so­bre el Bre­xit y la po­si­bi­li­dad de con­vo­car otro re­fe­rén­dum de in­de­pen­den­cia, esa es la gran ame­na­za con la que se en­fren­tan, y por par­ti­da do­ble. Jus­to al otro la­do de la fron­te­ra, en el con­da­do de Nort­hum­ber­land, el aven­tu­re­ro chef in­glés Va­len­ti­ne War­ner ha mon­ta­do una des­ti­le­ría eco­ló­gi­ca que ga­ran­ti­za usar só­lo pro­duc­tos de los cam­pos y gran­jas de los al­re­de­do­res y con­su­mir la mí­ni­ma ener­gía po­si­ble. Pe­ro si ese whisky se­ría sub­ver­si­vo, el del Dis­tri­to de los La­gos se­ría trai­dor, por­que su crea­dor (Paul Cu­rrie) es un es­co­cés due­ño de la des­ti­le­ría de la Is­la de Arran, que se ha pa­sa­do al enemi­go con una in­ver­sión de 12 mi­llo­nes de eu­ros.

En In­gla­te­rra hu­bo des­ti­le­rías en Lon­dres, Li­ver­pool y Bris­tol has­ta 1903, cuan­do ce­rró la úl­ti­ma. En el 2003 sa­lió la pri­me­ra mal­ta úni­ca de Cor­nua­lles (otra tie­rra cel­ta her­ma­na, y ade­más con un mo­vi­mien­to in­de­pen­den­tis­ta, lo cual ha­ce la abe­rra­ción to­le­ra­ble) en más de tres­cien­tos años, y en el 2013 co­men­zó la ela­bo­ra­ción de un whisky lon­di­nen­se de mi­cro­des­ti­le­ría que aún no ha sa­li­do al mer­ca­do, y es vis­to so­bre to­do co­mo una cu­rio­si­dad. Pe­ro lo de Nort­hum­ber­land y el Dis­tri­to de los La­gos es una de­cla­ra­ción de gue­rra en to­da re­gla.

La jus­ti­fi­ca­ción de am­bos em­pre­sa­rios es la mis­ma: las re­gu­la­cio­nes de la in­dus­tria es­co­ce­sa del whisky son de­ma­sia­do es­tric­tas y no de­jan mar­gen a la in­no­va­ción. El

agua de la vi­da no es tal si no per­ma­ne­ce un mí­ni­mo de tres años ma­du­ran­do en un ba­rril, que ade­más ha de ser de ma­de­ra de ro­ble (pe­ro en el que an­tes pue­de ha­ber ha­bi­do por ejem­plo opor­to, pa­ra dar­le un aro­ma di­fe­ren­te).

Pa­ra Cu­rrie y War­ner no es su­fi­cien­te. Des­de su pun­to de vis­ta, si se va Gran Bre­ta­ña de la UE es pa­ra no es­tar so­me­ti­da a los dic­tá­me­nes de Bru­se­las, lo cual ha­ce ab­sur­do te­ner que asu­mir los de la Aso­cia­ción del Whisky Es­co­cés (SWA). Am­bos quie­ren la li­ber­tad de ha­cer una be­bi­da más jo­ven, en­ve­je­ci­da só­lo un año o dos, y cam­biar los ba­rri­les tra­di­cio­na­les de ro­ble por otros de abe­dul, aca­cia, man­zano y cas­ta­ño. En to­do el Reino Uni­do han pro­li­fe­ra­do las mi­cro­des­ti­le­rías de gi­ne­bra, vod­ka y cer­ve­za, con una pro­duc­ción muy li­mi­ta­da y que ven­den su ex­clu­si­vi­dad. ¿Pue­de ex­tra­po­lar­se el fe­nó­meno al whisky? La Des­ti­le­ría de los La­gos pla­nea pro­du­cir su pri­me­ra mal­ta el año que vie­ne, y es­tar ven­dien­do no mu­cho más tar­de un mi­llón de bo­te­llas anua­les.

En Es­co­cia se ve co­mo una su­pi­na ton­te­ría. “Si las ba­rri­cas son de ro­ble , es por­que se ha de­mos­tra­do a lo lar­go de los si­glos que son las me­jo­res, con no­ta­ble di­fe­ren­cia, y un whisky ha de ma­du­rar tres años pa­ra ser un whisky, por­que en ca­so con­tra­rio es una be­bi­da di­fe­ren­te, y el con­su­mi­dor ha de sa­ber lo que es­tá com­pran­do”, afir­ma Ro­se­mary Ga­llag­her, de la SWA.

Whis­kies hay en mu­chos si­tios, pe­ro la pa­la­bra es ca­si si­nó­ni­mo de Es­co­cia, y los es­co­ce­ses se con­si­de­ran cus­to­dios de un ar­te que ha pa­sa­do de ge­ne­ra­ción en ge­ne­ra­ción. Aho­ra se en­fren­tan por par­ti­da do­ble a la sub­ver­sión y a la trai­ción. Y el enemi­go es In­gla­te­rra, co­mo siem­pre.

Los in­gle­ses se opo­nen a que el whisky ma­du­re tres años y las ba­rri­cas sean de ro­ble

DA­VID CHESKIN / AP

Be­bi­da na­cio­nal. Una tra­ba­ja­do­ra ins­pec­cio­na las bo­te­llas ex­pues­tas en la ma­yor co­lec­ción de whisky es­co­cés del mun­do, en Edim­bur­go

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