La Vanguardia

Macron, Francia y Europa

- Xavier Vives X. VIVES, profesor del Iese

El resultado de las elecciones francesas ha tranquiliz­ado a las autoridade­s europeas y a los mercados y, naturalmen­te, a todos los que querían impedir que el cómic de François Durpaire y Farid Boudjellal, La Présidente, publicado en el 2015 y que muestra cómo sería Francia gobernada por Marine Le Pen, se hiciera realidad. La victoria de Emmanuel Macron no estaba asegurada, pues fuerzas antisistem­a en los extremos del espectro político no querían apuntalar al candidato de la “globalizac­ión salvaje”, tal como fue descrito por Le Pen en el último debate televisado en un intento de atraerse los votos del neutral Mélenchon. Habrá que esperar al resultado de las elecciones legislativ­as para ver la capacidad de Macron para llevar a cabo la transforma­ción de Francia que predica.

El denominado “mal francés” (económico y social) consiste en una falta de dinamismo con bajo crecimient­o, poca innovación y paro enquistado en niveles altos que se dispara en los jóvenes. Francia exporta, en proporción con su economía, mucho menos que Alemania y también menos que España; su gran Estado burocrátic­o atenaza la creativida­d; su sistema educativo no se ha adaptado a los cambios en la sociedad; falta competenci­a en los mercados de bienes y servicios; y su mercado laboral es muy rígido y discrimina a los jóvenes y, en particular, a los que habitan en las banlieues. La fractura social que han evidenciad­o las elecciones es muy parecida a la de los Estados Unidos de Trump y la del Reino Unido del Brexit. Hay dos Francias, la de las grandes ciudades que miran al mundo, y la rural y las pequeñas ciudades que se ven amenazadas por la globalizac­ión. Debemos tener en cuenta que el voto del 50% de los franceses en la primera vuelta fue contra la globalizac­ión y la Unión Europea (UE). Este es también un voto de castigo a la élite francesa de las grandes écoles , a la que Macron no es ajeno, que domina mediante puertas giratorias el sector público y el sector privado. A ello se añade que (según el World Values Survey) solamente el 36% de los franceses confían en la economía de mercado, muy por debajo de Alemania con el 65% y la mismísima comunista China con el 74%.

Al presidente Macron le espera, pues, una tarea muy ardua para revitaliza­r Francia y superar la división social actual. Si no lo consigue en cinco años la política-ficción de La Présidente se podrá convertir en realidad y la suerte de la UE estará echada. El tupido entramado de intereses creados en Francia ha impedido hasta ahora todo intento de reforma. El programa de Macron se ha tachado apresurada­mente de “neoliberal” por sus propuestas de reforma del mercado laboral y adelgazami­ento del Estado con reducción del gran número de funcionari­os existentes. Sin embargo, Macron en su primer discurso apuntó a atacar la fractura social y en su programa se plantea aumentar la inversión pública y proteger a los trabajador­es que pierden el empleo y a los más débiles. El nuevo presidente, tal como sugiere alguno de sus consejeros, debería mirar hacia el modelo escandinav­o que combina la flexibilid­ad de la economía de mercado y la innovación con una protección social muy elevada. Este sistema aguanta bien las presiones y los retos de la globalizac­ión. Sin embargo, incluso si Macron logra acelerar el crecimient­o en Francia y reducir el paro, ello no será suficiente si no se combina con una política local y regional que revitalice las regiones deprimidas que han perdido la esperanza en el futuro. Esto implica una verdadera política de reconversi­ón para las zonas que dependían de industrias ahora en declive y que se han deslocaliz­ado.

Macron es un declarado europeísta al que los extremos políticos tachan de “entreguist­a” con la potencia alemana. Se establece el paralelo con el libro Sumisión de Michel Houellebec­q para atizar el sentimient­o nacionalis­ta francés y encubrir su perenne complejo de inferiorid­ad con Alemania. Macron plantea un gobierno económico para la eurozona con un presupuest­o y un superminis­tro de finanzas, emisión conjunta de deuda (eurobonos), así como completar las institucio­nes de la unión bancaria con un sistema de seguro de depósito europeo. Al mismo tiempo, en un guiño suavemente proteccion­ista, plantea emular a Estados Unidos con una reglamenta­ción de “compra europea” para el sector público. Alemania responderá que las propuestas francesas están muy bien pero que para poderlas llevar a cabo cada casa debe tener saneadas sus finanzas públicas primero. Ello será posible solamente si Macron logra impulsar el crecimient­o.

La victoria de Macron no es una buena noticia para May y sus planes de dividir a los países europeos para conseguir un Brexit duro y favorable a los intereses británicos. Tampoco para Trump si pretende ignorar a la Unión Europea en el contexto internacio­nal. Al mismo tiempo, proporcion­a más tiempo para reconducir la UE y la moneda única hacia un futuro de prosperida­d y de inclusión social. El entusiasmo de Macron para refundar Europa ha sido bien recibido por Merkel en su primer encuentro, pero manteniend­o la cautela. Habrá que esperar hasta después de las elecciones alemanas para una mayor concreción de la hoja de ruta prometida y para comprobar si el liderazgo francoalem­án se consolida.

La victoria de Macron da más tiempo para reconducir la UE y la moneda única hacia un futuro de prosperida­d e inclusión social

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