La Vanguardia

Björk: “Hay que dar alma a la tecnología”

- ESTEBAN LINÉS Barcelona

Björk ha estado muy atareada en los últimos tiempos. Desde que editara en 2015 su álbum

Vulnicura, la artista no ha parado de girar, fue objeto de una retrospect­iva en el MoMA y comenzó a producir vídeos musicales en alta tecnología, arrancando con el referencia­l

Stonemilke­r, un clip del primer tema del citado disco rodado en realidad virtual. A este le siguieron otros filmados con la misma técnica de 360º, que acabaron dando pie a la exposición Björk

Digital. La muestra aterriza aquí este miércoles, permanecie­ndo en el CCCB hasta el 24 de septiembre, constituye­ndo el pistoletaz­o de arranque del festival Sónar. La música se desplazará a Barcelona donde el miércoles, además, ofrecerá una charla en el Sónar +D y después una sesión de dj. Börk Guðmundsdó­ttir (Reikiavik, 1965) explica desde Nueva York algunas de las claves de sus diferentes propuestas.

Su presencia en el Sónar se materializ­ará con una exposición, una charla y una sesión de dj. En otras ciudades ha incluido un concierto. ¿Cuál es su objetivo? He estado girando con la música desde que tengo 16 años. Y desde los últimos tres álbumes he cambiado mi manera de trabajar, buscando otros acentos. Ahora procuro quedarme más tiempo en los sitios donde voy a actuar. Por ejemplo, cuando llevé mi anterior proyecto Biophilia a Buenos Aires en el 2012 permanecim­os allí un mes entero. Hicimos un taller educativo para niños, el Biophilia Residency y ofrecimos diez conciertos. Esto lo hago en primer lugar para mí, como algo creativo pero también como algo lúdico y también para compartir e interactua­r. Con Vulnicura lo que hacemos son conciertos de orquesta solo de cuerdas, y en otras ocasiones sesiones de dj. Pero no se trata de sesiones al uso; yo me considero más una explorador­a musical que la típica mezcladora. Suelo preparar durante una semana el set, el contenido, estas sesiones, que es como un collage, como un viaje.

¿Con qué resultado?

El estreno de la exposición Björk

Digital fue en Sydney con la gente yendo de sala a sala, donde veían mis vídeos en realidad virtual, en- vueltos por sonido de nivel 5.1, es decir, absolutame­nte inmersivo. Creo que fue una combinació­n muy conseguida de imagen y sonido. En cuanto a las sesiones de dj el objetivo no soy yo actuando o cantando, sino que va más a fondo, muestra mi pasión por la música.Pero vamos combinando: ahora vengo de Los Ángeles, donde acabo de exponer y donde además hice concierto orquestal, pero no hice sesión de dj.

En el caso de Barcelona, su sesión musical durará cuatro horas. Allí caben muchos sonidos. De todo. De lo que se trata es que la gente venga tranquilam­ente con la idea de que va a viajar, relajados. Tengo una gran colección de sonidos, mi ingeniero dice que es una de las más grandes que existen de iTunes. Músicas raras del mundo, y habrá algo de música bailable al final, pero en general se tratará de venir, sentarse, escuchar y dejarse llevar.

¿Cuándo nace su interés por la realidad virtual?

Quizás con Stonemilke­r, el primer tema de mi último álbum, Vulnicura, un video filmado en una playa remota de Islandia y dirigido

“Mis sesiones de dj son un collage de músicas, un viaje, con poco espacio para el baile” El miércoles se abre la exposición ‘Björk Digital’, y ella ofrecerá una charla y un ‘dj set’ “Para alguien que hace música, esta experienci­a inmersiva es excitante, casi pornográfi­ca” “Hacer música es como la amistad: si no noto en seguida el ‘feeling’, seguro que me aburre”

por Andy Huang, con el que he realizado gran parte de los videos en realidad virtual que se pueden ver en la exposición. Me consta que aquel fue uno de los primeros vídeos rodados en 360 grados. Eso precipitó de alguna manera la retrospect­iva que me hizo el MoMA en marzo del 2015, aunque allí no pudimos incluir material en realidad virtual. Y hace un año recibimos una oferta de Australia, y allí ya pudimos montar

Björk Digital porque teníamos cuatro videos inmersivos de Vulnicura que permitían dedicar otras tantas salas, había otra dedicada a Biophilia, otra donde se podían ver la mayoría de mis videoclips... Y a la gente no solo les gustó esos vídeos en 360º, sino que se enamoró, salía muy emocionada, cogiéndose las manos, llorando.

Además es una exposición en constante mutación, ¿no?

Sí, sí. Luego seguimos en Tokio Londres, Islandia, Montreal, Houston, Los Ángeles, y hemos ido añadiendo nuevos vídeos en ese formato de artistas locales. Acabas teniendo una sensación muy gratifican­te porque aunque no había nada planificad­o, tienes la sensación de que es como una planta que va creciendo.

¿La realidad virtual está cambiando el mundo?

La realidad virtual ha de ser solo un instrument­o. Pienso que necesitamo­s poner humanidad en la tecnología, dotarla de alma. La idea es emplear la tecnología para estar más cerca de la gente, para ser más creativos. Específica­mente, el vídeo en realidad virtual es una continuaci­ón del convencion­al. Tiene varias cosas muy buenas como el formato de película de youTube, admite película de increíble calidad y en general es una plataforma buenísima porque combina todo eso. Para alguien como yo que hace música esta experienci­a inmersiva

es muy excitante, muy wagneriano: mezclar sonido 360º con una escenograf­ía teatral.

¿Y su opinión valorativa?

Yo no digo que sea mejor o peor que otros soportes . No sé, es otra cosa. ¿Es mejor el teatro que una película, es mejor una película en el cine que Netflix? ¿ un concierto es mejor que el teatro? Todo es opinable porque son cosas distintas. Pero lo que sí creo es que para alguien como yo, para lo que quiero hacer, estos vídeos de realidad virtual me han dado la oportunida­d de meter juntas muchas más cosas como nunca antes. Lo remarcable es que cada vez que llega un nuevo formato éste te saca de tu zona de confort, porque pone nuestra emotividad y nuestra alma dentro de la tecnología. Es un formato que puede ser muy privado e íntimo, casi pornográfi­co.

Cuando se habla de usted siempre se la ve como una pionera que abre nuevos caminos artísticos. Lo acepto como un cumplido, pero creo que no tenemos otra opción. Estuve en una banda siendo una adolescent­e y pensé que iba a estar allí durante cien años. Lo que me pasó a mi y no a otras personas de mi edad es que permanecí en esa banda mucho tiempo, posiblemen­te más del que hubiese querido, por la idea que tenía yo de la lealtad. Así ha sido durante toda mi vida, y de hecho de los que trabajan ahora en mi círculo más cercano, muchos lo hacen desde que tengo 16 años. Soy una persona muy leal, y he tenido la

inmensa suerte de tener un equipo de trabajo, una familia y unos amigos que también lo son. Segurament­e por tener la seguridad de Islandia, de tener una compañía de discos desde los 16 que nunca me ha presionado y de mi gente, he tenido una estabilida­d que me ha permitido aventurarm­e e investigar en otros sitios. Me siento con fuerza para ser más valiente y audaz en terrenos desconocid­os.

¿No hay fórmula mágica en su música?

Hacer música para mí es como la amistad. Por ejemplo, tengo un amigo muy, muy cercano, con el que te entiendes muy bien, y durante años funciona la amistad, y de pronto uno se va a China o se casa, y al cabo de unos años lo vuelves a ver o encontrar y es como si no hubiese pasado el tiempo: todo sigue allí. Es el instinto, el feeling. Esa es mi relación con la música. Si no noto en seguida esa atracción instintiva, esa música seguro que me aburre.

Usted vive parte del año en Estados Unidos. ¿Cómo recibió el triunfo de Donald Trump? Estados Unidos ahora mismo es horrible. El clima ha cambiado. Cuando se supo la noticia de su victoria estuve llorando durante dos horas. Noto como este país se está hundiendo como el Titanic, en una fase autodestru­ctivo. Esperemos que la gente en Estados Unidos entre en acción y entienda que se trata de un tumor y que hay que extirparlo.

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SANTIAGO FELIPE / GETTY La artista islandesa posando durante su estancia a finales del pasado mes de diciembre en Houston, donde también recaló su exposición
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 ??  ?? Mil caras. Desde que emprendió su carrera en solitario en 1993, una de las caracterís­ticas de la artista islandesa fue su impacto escénico, marcado por una fuerte personalid­ad y una audacia en vestuarios, maquillaje o peinados que fue creciendo con el...
Mil caras. Desde que emprendió su carrera en solitario en 1993, una de las caracterís­ticas de la artista islandesa fue su impacto escénico, marcado por una fuerte personalid­ad y una audacia en vestuarios, maquillaje o peinados que fue creciendo con el...
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