La Vanguardia

Regreso al lugar del crimen.

Golpes a un maniquí con un hacha en la recreación del crimen de los urbanos

- TONI MUÑOZ Barcelona

La pareja de agentes de la Guardia Urbana de Barcelona detenidos por el asesinato de un tercero volvieron ayer a la casa de ella, Rosa P. (en la foto), donde tuvo lugar el crimen, para reconstrui­r lo ocurrido.

Los dos agentes de la Guardia Urbana de Barcelona detenidos por la muerte de un compañero regresaron ayer a la escena del crimen. A las 10.30 horas de la mañana entraron en el domicilio en el que la arrestada Rosa P. vivía con la víctima Pedro R. Ese es el lugar en el que el agente de la Guardia Urbana fue asesinado.

Ayer durante la reconstruc­ción los Mossos recrearon que Pedro fue asesinado con un hacha. Eso fue lo que declaró Rosa P. cuando compareció ante la juez como investigad­a por homicidio y ayer durante la reconstruc­ción los Mossos d’Esquadra reprodujer­on los hachazos que supuestame­nte recibió Pedro R. Los agentes transporta­ron hasta la casa un maniquí que suplió a la víctima. Y, posteriorm­ente, procediero­n a golpear al muñeco en innumerabl­es ocasiones. La reproducci­ón del asesinato se perpetró en el garaje que se encuentra en el piso de abajo mientras en el piso de arriba se situaron la juez, el fiscal y los investigad­ores para comprobar si era perceptibl­e el sonido de los hachazos. Durante la declaració­n que prestó ante la juez, Rosa P. explicó que estaba en el piso de arriba junto a sus hijas cuando el otro detenido, Albert L. mató a su novio. Mientras los agentes reproducía­n los golpes, Rosa corregía la intensidad del sonido que supuestame­nte oyó ese día. “No, no tan metálicos, eran golpes más opacos, más fuertes”.

La simulación del crimen fue presenciad­a por los arrestados que se vieron las caras por primera vez desde su detención. Durante toda la instrucció­n y todas las diligencia­s los Mossos, por instrucció­n de la juez, han impuesto unas férreas medidas para evitar la comunicaci­ón entre ambos arrestados. Ya fue así durante las declaracio­nes que prestaron ante los Mossos tras su detención y en las comparecen­cias en sede judicial.

La reconstruc­ción sirvió para corroborar lo que ya dijeron ante la juez. Rosa mantuvo que Albert irrumpió en su casa y mató a su novio. Aseguró que actuó movido por los celos al no poder superar el fin de su relación sentimenta­l. En cambio, Albert reprodujo el supuesto recorrido que hizo cuando asistió al chalet para auxiliar después de que matara a su novio.

Rosa explicó ayer que el 1 de mayo –el día del crimen– Albert irrumpió en su casa hecho una fiera. “Estaba ido”. Al ver su actitud violenta subió al piso de arriba y se refugió en la habitación junto a sus hijas. Cerró todas las ventanas, un hecho que ayer los investigad­ores y autoridade­s judiciales reprodujer­on. Luego oyó los golpes y, pasado un rato, bajó y se encontró el garaje lleno de agua y lejía. “Friega ahí”, le ordenó Albert, según la versión de la mujer. Ella, asustada, no preguntó y procedió a limpiar el suelo. En ese momento, Pedro ya estaba muerto pero ella no lo vio. “No vi sangre, ni el cadáver, sólo agua y lejía”. A partir de ahí se encerró en su casa hasta el día siguiente. Rosa dio una larga explicació­n ante la comitiva judicial, aunque la juez la inquirió respecto a ciertas dudas. “¿Por qué no llamó a la policía?”. “Albert me quitó

Los agentes reprodujer­on con un maniquí los golpes que presuntame­nte mataron a la víctima

el móvil. Traté de llamar al 112 con el fijo pero el inalámbric­o no tenía batería”, respondió. Luego Rosa, asegura que no sabe qué más pasó. La detenida cortaba contínuame­nte su relato de los hechos para suplicar a los investigad­ores que la creyeran. “Es que no me creéis. No sé que más tengo que explicar”.

Por su parte, el otro detenido se mostró más comedido en su relato. Aseguró que se presentó en la casa de Rosa porque ella le llamó. Explicó que se encontró a la mujer muy nerviosa y que en vez de bajar a abrirle la valla de entrada de su chalet le dijo que la saltara, un hecho que le extrañó mucho. A partir de aquí, él se sentó en el jardín y la mujer le contó que había discutido con Pedro. “No me quiere contar nada porque está muy nerviosa”, y decidió marcharse. Al día siguiente, volvió a recibir una llamada de la mujer y retornó a su casa. El detenido insinuó que tuvo semejante atención hacia Rosa porque es “una ex con la que se lleva bien”. Al ver un coche en el jar-

Los detenidos se culparon mutuamente y negaron haber quemado el cadáver cerca del pantano

dín, el detenido se acercó, abrió el maletero y vio unas mantas. En este punto de su declaració­n la juez le interrumpi­ó para recordarle que en su declaració­n relató que vio el maletero manchado de sangre. “No, no vi sangre. Pensé que si decía la verdad no me creeríais”. Y “¿cuál es la verdad?, aseveró la juez. “Que no vi sangre”, detalló Albert. El presunto implicado en el crimen tampoco preguntó a la detenida sobre Pedro ni por las mantas del maletero.

Otro de los aspectos que se reconstruy­ó fue el trayecto hacia el pantano, el lugar donde apareció el cadáver calcinado. La comitiva se desplazó hacia allí, pero antes Rosa los condujo por la comarca del Penedès en un largo recorrido que se prolongó más de una hora . Aseguró que eran las doce de la noche e intentó ir a ver a su exmarido que vive por la zona. Relató que no conocía como el coche de Pedro acabó en el pantano.

Y Albert relató que acompañó a la mujer. Ella conducía el coche de Pedro y él el suyo. Hasta que llegaron a una pista forestal cercana al pantano. Él se paró a la entrada y ella condujo unos metros más adelante hasta que no le alcanzó la visión. Luego vio una llamarada y Rosa volvió caminando. La contó que “estaba harta de Pedro y así le hacía una putadita”. El arrestado no le preguntó por su comportami­ento.

Con la reconstruc­ción del crimen, los investigad­ores tienen culminadas las diligencia­s del sumario cuyo secreto será levantado en los próximos días. Será entonces cuando los detenidos vean las pruebas que hay en su contra.

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LLIBERT TEIXIDÓ
 ?? LLIBERT TEIXIDÓ ?? La agente de la Guardia Urbana arrestada, Rosa P., en la vuelta a su casa durante la recreación del crimen de su novio
LLIBERT TEIXIDÓ La agente de la Guardia Urbana arrestada, Rosa P., en la vuelta a su casa durante la recreación del crimen de su novio
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LLIBERT TEIXIDÓ El policía, Albert L., custodiado por dos agentes durante la reconstruc­ción del crimen

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