La Vanguardia

El Papa alerta del peligro de corrupción en la Iglesia

Francisco visita Medellín, un semillero de vocaciones

- EUSEBIO VAL Medellín Enviado especial

“La renovación no nos debe dar miedo; supone sacrificio y valentía”

En sus viajes, Bergoglio incluye más actos cada día que Benedicto XVI

Medellín sufre aún el estigma de Pablo Escobar y de su sanguinari­o cartel de la droga. Pero la capital industrial de Colombia es también un semillero de vocaciones religiosas, uno de los más fértiles del mundo católico, y por eso la escogió Francisco para la reflexión más eclesial de su viaje al país sudamerica­no. El Papa hizo un nuevo llamamient­o para que los hombres de Dios sirvan a sus comunidade­s, en lugar de servirse, y se mantengan en alerta ante el riesgo de la corrupción.

Jorge Mario Bergoglio suele ser siempre casi más severo con los clérigos que con los laicos. Siente alergia a la autocompla­cencia, al corporativ­ismo de quienes visten hábitos. Ayer volvió a suceder. Durante su homilía en el aeropuerto Olaya Herrera, en el centro de la capital de Antioquia, afirmó que es bueno que la Iglesia sea “zarandeada por el Espíritu Santo para que deje sus comodidade­s y sus apegos”. “La renovación no nos debe dar miedo, la renovación supone sacrificio y valentía, no para considerar­se mejores o más pulcros, sino para responder mejor al llamado del Señor”, dijo el Pontífice.

Francisco exhortó a la Iglesia colombiana “a empeñarse con mayor audacia en la formación de discípulos misioneros”. “sin miopías heredadas”, a arriesgars­e, a actuar y a compromete­rse”. El Papa se salió del texto que tenía escrito y, de modo espontáneo, avisó, con cierta solemnidad: “Hermanos, la Iglesia no es una aduana”. “No podemos ser cristianos que alcen continuame­nte el estandarte de prohibido el paso, ni considerar que esta parcela es mía, adueñándom­e de algo que no es absolutame­nte mío –prosiguió–. La Iglesia no es nuestra, es de Dios”.

Horas más tarde, en el centro de congresos La Macarena –antigua plaza de toros–, Francisco mantuvo un encuentro con sacerdotes, seminarist­as, religiosos, monjas y sus familiares. En total acudieron unas 12.000 personas. Allí remachó sus argumentos de autoexigen­cia para quienes hayan elegido la vida religiosa. El Papa constató que quienes deciden ser sacerdotes, religiosos o monjas no lo hacen necesariam­ente por proceder de ambientes propicios, sino que muchas veces es lo contrario. La llamada de la fe se produce, a menudo, en entornos frágiles, problemáti­cos. “¡Que no falten vocaciones en ninguna comunidad, en ninguna familia de Medellín!”, exclamó.

Francisco alertó a los clérigos para que estén especialme­nte atentos a no caer en “el engaño, la doblez, las opciones mezquinas”. El Papa animó a permanecer vigilantes en la formación de los futuros sacerdotes. Y de nuevo previno ante la tentación de la corrupción. “Las vocaciones de especial consagraci­ón mueren cuando se quieren nutrir de honores, cuando están impulsadas por la búsqueda de una tranquilid­ad personal y de promoción social, cuando la motivación es subir de categoría, apegarse a intereses materiales, que llega incluso a la torpeza del afán de lucro”, razonó Bergoglio. “Como he dicho ya en otras ocasiones, el diablo entra por el bolsillo –agregó–. Esto no es privativo de los comienzos, todos nosotros tenemos que estar atentos porque la corrupción en los hombres y mujeres que están en la Iglesia empieza así, poco a poco, luego, nos lo dice Jesús mismo, se enraíza en el corazón y acaba desalojand­o a Dios de la propia vida”.

Durante su estancia en Medellín –antes de subir al avión para regresar a Bogotá a pasar la noche–, el Papa visitó el Hogar San José, un centro de acogida para niños víctimas de la violencia y el abandono. Esta institució­n fue fundada por los jesuitas en España, después de la guerra civil, para ayudar a los huérfanos que había dejado el conflicto.

A sus 80 años, Francisco mantiene una agenda agotadora en sus viajes, con muy poco espacio para el descanso. Le basta una breve siesta después de comer. El Papa argentino incluye más actos al día de lo que hacía su predecesor, Benedicto XVI. Eso supone un gran desafío logístico para el equipo que lo acompaña. Bergoglio no desaprovec­ha ningún momento para encontrar a gente, ya sea en la sacristía, después de las misas, o cada noche, delante de la nunciatura apostólica en Bogotá, a la que acuden siempre diversos grupos y el Papa, antes de retirarse a cenar y a descansar, les dedica unas sentidas palabras y les da la bendición.

 ?? FERNANDO BIZERRA JR. / EFE ?? Un voluntario de la organizaci­ón se arrodilla durante la misa del papa en el aeropuerto de Medellín
FERNANDO BIZERRA JR. / EFE Un voluntario de la organizaci­ón se arrodilla durante la misa del papa en el aeropuerto de Medellín
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