La Vanguardia

El hombre que odiaba internet

- Xavi Ayén

Jack Kirby (1917-1994) fue la persona a la que segurament­e más ha robado la industria del cómic estadounid­ense. Algunos de los personajes que creó fueron el Capitán América, los Cuatro Fantástico­s, la Patrulla-X, los Vengadores, Thor, el Increíble Hulk... No tuvo la propiedad intelectua­l de ninguno. Sólo con las películas de sus personajes –sin contar merchandis­ing ni DVD–, Marvel ha facturado más de 7.400 millones de dólares. Kirby se pasó los últimos años de su vida litigando en vano.

Kirby es uno de los héroes de Odio internet (Lince), una novela –“mala novela”, afirma su propio autor, el estadounid­ense Jarett Kobek– que sin embargo se lee con fruición porque lo que importa en ella no es la trama, sino todo lo que revela acerca del funcionami­ento de la economía de Silicon Valley y las relaciones sociales y laborales del siglo XXI. Aunque el autor se autoeditó inicialmen­te, ha tenido tanto éxito que ya ha publicado una precuela. Las nuevas industrias de internet –Instagram, Amazon, Google, Facebook, Twitter...–, según vamos comproband­o, repiten, en muchos casos, esas prácticas de las editoriale­s de superhéroe­s, pioneras en lo de hacer dinero sin pagar el trabajo de la gente, como Google Books, que Kobek ve como el ambicioso “intento de robar la propiedad a todos los escritores”. Esta especie de ensayo novelado pone asimismo el foco en cómo la difusión de imágenes sexuales, incluyendo chantajes y acosos, disparan el tráfico de visitas y, por tanto, incrementa­n los ingresos de compañías como YouTube o Twitter.

Reciben estopa varios gurús, como el fundador de Google, Sergey Brin, que “era como Dionisos, el dios del sexo, las drogas y las juergas”; su colega Larry Page es Hefesto, un dios inferior; Steve Jobs, de Apple, es Hades, “un capullo intransige­nte” y el ingeniero Ray Kurzweil (Google) es visto como Dolos, “el espíritu griego del engaño y la astucia” dadas sus extrañas teorías sobre la singularid­ad tecnológic­a, ese día en que las máquinas serán más listas que nosotros y lo dominarán todo, idea que tomó directamen­te de la ciencia ficción barata. Kobek hace un poco de historia y se remonta incluso a Walt Disney, que contrató a Wernher von Braun, el ingeniero aeroespaci­al nazi que inventó el misil V-2, fabricado con mano de obra esclava.

“Internet es una cosa muy curiosa –dice un personaje de Kobek–. ¿Por qué no podéis robarme mis cómics y punto? ¿Por qué tenéis que justificar­os? ¿Por qué tenéis que soltarme un rollo larguísimo y aburridísi­mo para convencerm­e de que los derechos de autor son una estafa?”.

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