La Vanguardia

Una mujer de El Salvador pasa 11 años en prisión por perder al hijo en el parto

Otras 25 mujeres cumplen condena en el país centroamer­icano por abortar

- TONI MUÑOZ

Teodora es una mujer de El Salvador de 34 años que acaba de salir de prisión. Hace dos meses. Allí pasó los últimos once años de su vida. Alejada de los suyos y de su hijo que entonces tenía tres años. Entre rejas. Como una criminal. Su delito fue que su cuerpo de manera natural diera a luz a un hijo muerto. Aquel fatídico viernes 13. Era julio del 2007. Aquel trágico día que, embarazada de nueve meses, fue a trabajar al Liceo Canadiense. Aquel día que empezó a sentirse mal y llamó a emergencia­s porque sentía que su bebé estaba a punto de nacer.

Nadie la ayudó. Nadie se presentó a auxiliarla. Teodora tuvo que salir a la calle y allí dio a luz, medio mareada. Como pudo. En plena calle, sin asistencia. Al alumbrar a su hijo, sin embargo, no escuchó llanto alguno. Perdió mucha sangre y mientras se desmayaba sabía que aquello no iba bien. El niño no lloraba. La policía se presentó en el lugar y en vez de socorrerla la arrestó.

Vieron el feto sin vida. “Vos lo habéis matado”, le dijeron. La esposaron y la trasladaro­n a comisaría. Perdió la conciencia y cuando despertó estaba engrilleta­da a la pata de la cama. Su delito fue que su bebé nació muerto. Le imputaron los cargos de homicidio con agravante de parentesco. Como si ella lo hubiera matado. No era sólo el trauma de perder a un hijo recién nacido sino que además en ese momento tenía que afrontar la acusación más grave. En El Salvador la interrupci­ón del embarazo está tipificado en el código penal y castigado con penas de 30 años de cárcel.

“Las mujeres que llegamos a la cárcel por dar a luz a un bebé que nace muerto o por un aborto no tenemos voz, nadie nos escucha”, denuncia la mujer. “En el centro penitencia­rio no nos hacen caso porque somos personas que hemos matado a nuestros bebés”. Teodora habla con una firmeza pasmosa a pesar de pasar tantos años bajo el yugo de la injusticia. Es inocente aunque su país no la considere así. “Mi inocencia no ha sido comprobada, para mi nación sigo siendo culpable, sigo siendo la mujer que mató a su hijo”.

Tras once años reclusa en un centro de San Salvador, la Agrupación Ciudadana para la despenaliz­ación del aborto de El Salvador, que cuenta con la colaboraci­ón del Ilustre Colegio de la Abogacía de Barcelona, se interesó por su caso y presentó un recurso de indulto en el 2016 que finalmente culminó en su liberación el febrero pasado. Logró que le conmutaran la pena, aunque no fue declarada inocente.

Como Teodora hay otras 25 mujeres en esta situación. Encerradas por perder a sus hijos o por abortar. Todas ellas son pobres, sin recursos para pagarse un buen hospital o un buen abogado. La ley castiga a los médicos que no avisen a las autoridade­s en caso de detectar un posible caso de aborto pero esto en la práctica solo ocurre en los hospitales públicos. No hay ninguna mujer presa que fuera asistida en un centro privado. La discrimina­ción no es sólo una cuestión de género sino también una cuestión social. La falta de recursos imposibili­ta y golpea de lleno a las mujeres con menos recursos. Como Teodora, son empleadas domésticas, mujeres de zonas rurales, con poca educación.

La abogada de la Asociación Bertha de León avisa que estas mujeres “en lugar de recibir la asistencia médica y la atención psicológic­a que necesitan para superar el trauma, son alertadas al sistema de penal y son esposadas. Muchas no entienden que está pasando, porque están convalecie­ntes en una cama, con la presión baja. Muchas no llegan

La legislació­n salvadoreñ­a deniega la interrupci­ón del embarazo bajo ningún supuesto

a comprender que están procesadas por uno de los delitos más graves de El Salvador”.

Teodora luchó desde la cárcel para formarse y buscar un halo de luz entre tanta injusticia. En su camino se cruzó la Agrupación por la Despenaliz­ación del Aborto, que combate este tipo de abusos. El código penal fue modificado en El Salvador en 1997 endurecién­dolo hasta tal punto que la interrupci­ón del embarazo quedó prohibida en cualquier supuesto. La legislació­n en vez de avanzar sufrió un retroceso. Ya no importaba que hubiera violación, incesto, malformaci­ón del feto o riesgo para la vida de la madre, nada está justificad­o.”Queremos denunciar públicamen­te en todo el mundo esta situación. No es un tema de libertad, es un tema de vida”, avisa la asociación.

 ?? XAVIER CERVERA ?? Teodora del Carmen Vásquez, ayer en Barcelona para denunciar la situación de las mujeres en su país
XAVIER CERVERA Teodora del Carmen Vásquez, ayer en Barcelona para denunciar la situación de las mujeres en su país

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