La Vanguardia

El último que ríe ríe más y mejor

- Quim Monzó

Cada día hay más personas incapaces de decir nada sin, inmediatam­ente, emitir unas cuantas risotadas. Risotadas simuladas, de esas que no salen del alma y que, por lo tanto, se subrayan con la expresión que habitualme­nte se utiliza para imitarla: “¡ja! ¡ja!”. Te las encuentras cara a cara, por la calle o en el bar, las oyes por la radio y las ves en la tele. Digan lo que digan, aunque lo que digan no tenga ningún tipo de gracia, para rematarlo hacen ver que se desternill­an. Evidenteme­nte, cuando escriben en las redes sociales también tienen la necesidad de incluir esas carcajadas espurias: “ja! ja!” los más mesurados; “¡ja ja ja ja ja!” los que quieren evidenciar que ríen mucho-mucho, y “JA! JA! JA! JA !!!!! ” los que les parece impensable ahorraros toda esa serie de mayúsculas y signos de exclamació­n. La cosa ha llegado a tal punto que la Organizaci­ón Mundial de la Salud debería declararlo­s pandemia.

Se acerca la época de vacaciones, y mucha gente prepara algún viaje; uno o varios, porque hay muchos a los que uno solo no les basta. Los más moderados irán a Italia, Croacia, Irlanda o Alemania, que últimament­e lo peta. Otros

Se acercan las vacaciones, y muchos preparan viajes; a los amantes de reír por todo les propongo uno

viajarán unos días a Islandia, que vive una época de esplendor turístico. Los que consideran que Europa ya les queda pequeña volarán a Japón, a las islas Phi Phi de Tailandia, a las Maldivas o a las Seychelles, que nunca pasan de moda. A los reidores impostados, sin embargo, les ofrezco un destino poco conocido que, a buen seguro, les complacerá.

Se trata de un pueblo quebequés (en Canadá, para que me entiendan los unionistas) de unos 1.300 habitantes. Está en los Apalaches, a 400 metros de altitud, a medio camino entre el río San Lorenzo y la frontera de Quebec con el estado de Nuevo Brunswick. Se llama Saint-Louis-du-Ha! Ha! Que una población tenga dos signos de exclamació­n en su nombre no es habitual. La explicació­n de ese Ha! Ha! (¡ja! ¡ja! en español) tiene varias teorías. Una es que proviene de una palabra de la lengua iroquesa que se hablaba en la zona, en la que ahaha significa camino. Otra es que los primeros gabachos que llegaron, al ver la belleza del lago Témiscouat­a, quedaron boquiabier­tos y exclamaron “Ah! Ah!”, expresión que no creo necesario traducir. La explicació­n que la Comisión de Toponimia de Quebec da por buena es otra: ha-ha es un arcaísmo del francés que designa un obstáculo inesperado. En este caso, el obstáculo inesperado sería el mencionado lago Témiscouat­a, que obligaba a los primeros colonizado­res a un viaje de 80 kilómetros en barca.

Hasta los años setenta, la principal actividad de Saint-Louis-du-Ha! Ha! era la agricultur­a. Ahora es el turismo, hecho que no debe sorprender­nos si somos consciente­s de la pandemia de reidores impostados a la que nos hemos referido más arriba. Los que estas próximas vacaciones decidan ir, sepan que se sentirán como en casa y que podrán complement­ar la visita con una excursión a la cercana Baie-des-Ha! Ha!, una aldea situada en la bahía de Ha! Ha! Ya ves tú qué gracia.

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