La Vanguardia

Wall Street culmina la racha alcista más larga de la historia de EE.UU.

Desde el 2009, las acciones llevan 3.452 días sin sufrir caídas destacable­s

- PIERGIORGI­O M. SANDRI Barcelona

Hoy es el gran día de los amantes de las estadístic­as. Tras la subida de ayer, la bolsa de EE.UU. ha alcanzado un periodo de nueve años, cinco meses y trece días sin sufrir correccion­es bursátiles de gran envergadur­a (más de un 20%). Nunca antes en la historia de EE.UU. los mercados habían sido alcistas durante tanto tiempo. Las acciones se han apreciado en este periodo un 325%, más que cuadruplic­ado en menos de una década, desde que el 6 de marzo del 2009, en el epicentro de la gran recesión, el índice S&P 500 se desplomaba hasta los 666 puntos.

Ayer superó los 2.872 puntos, su máximo histórico. “Hace nueve años era previsible imaginar una carrera alcista, pero reconozco que la subida desde el 2015 estaba fuera de cualquier expectativ­a”, admite el estadístic­o y economista Juan Ignacio Crespo.

Los analistas destacan varios factores que explican el rally. Las tecnológic­as han sido los grandes protagonis­tas de la carrera. Hace diez años los grandes valores de Wall Street estaban constituid­os por petroleras, empresas de distribuci­ón y de consumo (Exxon, WalMart o P&G). En la actualidad, Apple por sí sola es responsabl­e del 4% de esta subida. Microsoft también ha aportado lo suyo (2,3%), mientras que Netflix es la que más se ha revaloriza­do (más del 5.000%).

Los enormes beneficios de este sector (al que hay que añadir Google, Amazon o Facebook) representa­n la gran diferencia con la racha alcista anterior, conocida como la de las puntocom, cuando la mayor parte de las empresas no obtenía ganancias. Esto explica por qué la actual relación entre el precio de las acciones y los beneficios de las tecnológic­as es la mitad que la que se alcanzó en el 2000.

La otra gran palanca de la subida ha sido el recorte fiscal de Donald Trump, que ha rebajado los impuestos a las empresas del 35% al 21%. La operación ha permitido a las compañías incrementa­r su riqueza y lanzarse a una recompra de acciones, lo que no ha hecho otra cosa que aumentar aún más el precio de estas y regalar recursos financiero­s a los accionista­s.

A este elemento hay que añadir también el reciente auge de los fondos de gestión pasiva, fondos cotito zados que replican la evolución de los índices y cuyo éxito contribuye al fortalecim­iento de la bolsa, ya que invierten en el 40% de los valores más grandes de Wall Street.

Desde el punto de vista histórico, esta racha ha sido la más larga, pero no es la que ha proporcion­ado la mayor revaloriza­ción, ya que durante la que se vivió en el mandato de Bill Clinton el precio llegó a multiplica­rse por cinco. De hecho, la actual fase alcista llegó a tener algún movimiento lateral. En el 2011 se llegó a registrar una depreciaci­ón del 19%, y en 2016, del 14%. Pero es- hace que la actual subida sea paradójica­mente más sostenible. “No hubo ni compras ni ventas dictadas por el pánico. Hablamos de un mercado que estos años ha sido bastante estable y continuado”, apunta Jack Albin, de Cresset Wealth Advisors.

Pero tal vez el factor más decisivo ha sido la política acomodatic­ia llevada a cabo por la Reserva Federal (Fed), que para sacar el país de la gran recesión desplegó una batería de estímulos monetarios sin precedente­s, con tipos de interés negativos y compra de deuda. Una inyección de liquidez en el sistema que abarató de forma drástica el coste de la financiaci­ón de las compañías.

Ahora la Fed ha empezado una lenta subida del precio del dinero (pese al desacuerdo explícito del mismo Trump), pero, como dijo Sam Stovall, de CFRA, hasta que los tipos (1,75%-2%) estén sensibleme­nte más altos que la inflación (2,9%), no se prevé que los inversores comiencen a abandonar la bolsa.

La pregunta que se hacen todos es si la racha actual puede seguir. “No veo grandes obstáculos en el horizonte, salvo que ocurra una gran catástrofe”, pronostica Crespo. “Estamos ante una expansión nueva. Pero es cierto que ya en 1987 el proteccion­ismo fue el desencaden­ante del crac”. Como dijo Stovall, “los mercados alcistas no mueren de vejez, sino de miedo”.

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BRYAN R. SMITH / AFP La escultura del toro, símbolo del mercado alcista, en Wall Street
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LA VANGUARDIA

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