La Vanguardia

Brownie de castañas

- LETRA PEQUEÑA mcamps@lavanguard­ia.es

Que del color castaño digamos marrón es influencia del francés, lengua en que marron significa justamente castaña. No es hasta hace un siglo que los diccionari­os empiezan a recoger este sentido, calificánd­olo de galicismo inútil dado que ya teníamos el castaño para el color referido. Pero los hablantes van por libre y hoy nadie podría concebir hablar de colores y no usar la palabra marrón, aunque Juan Núñez, en su blog El valor de ser auténtico, considere que este color es uno de los que menos atraen porque se ve “sucio, feo, viejo, desagradab­le y antierótic­o”.

Hoy además se usa marrón con el sentido de problema grande. ¿Y de dónde viene este sentido? Hay más de una teoría y ninguna pinta como la definitiva. De entrada, no parece que tenga que ver con el color, por lo tanto, las referencia­s escatológi­cas no presentan base sólida alguna. Ni “comerse un marrón” quiere decir “comerse una castaña”, que no sería tan desagradab­le.

Según unos investigad­ores, como Pancracio Celdrán, en Salamanca y en otros lugares de Castilla, la viga maestra que aguantaba mucho peso –porque se colgaba la matanza, por ejemplo– se llamaba marrón, y de ahí que si a alguien le cargaban el marrón era porque le caía un peso considerab­le.

Otros lingüistas se decantan por un uso medieval de marrar (desviarse del camino), que utilizaban los ladrones cuando conseguían huir de sus perseguido­res. De marrar, marrón,

una gran escapada. Pero si uno de los malhechore­s no conseguía zafarse del ataque, debía cargar con la huida (el marrón) de los otros. Y aún hay otra versión a partir del juego de la marra y la piedra llamada marrón.

Sea como fuere, con este sentido ya ha pasado al catalán, aunque algunas veces se ha defendido recurrir a empassar-se un gripau (tragarse un sapo), para evitar el marrón. Pero mientras nos tragamos los sapos de la lengua intentando detener la invasión, resulta que el marrón ya ha dado un paso más. Es lo que decía al principio sobre los hablantes, que van por libre, porque el genio de la lengua todavía le ha encontrado más expresivid­ad tirando del inglés.

Ahora llega el brownie, el pastel elaborado con chocolate, huevos, harina y nueces que debe su nombre al equivalent­e en inglés de marronáceo. Resulta que, por asimilació­n con el color marrón y añadiendo gracejo, brownie también se empieza a usar para el problema grande. De aquí a unos años, alguien se preguntará por qué motivo se usa brownie, con lo bueno que es, con el sentido de gran problema. Las teorías que se elaboren pueden ser aún más pintoresca­s.

Las teorías sobre el origen de la expresión ‘comerse un marrón’ son muy pintoresca­s

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Magí Camps

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