La Vanguardia

Lo mejor sobre tierra

El Godó reúne a las mejores raquetas del mundo, con Nadal como máxima atracción, y las confronta a los nuevos talentos con más proyección del circuito

- JOAN JOSEP PALLÀS BARCELONA

encontrar en el mundo del deporte citas que resistan con tan buena salud el paso del tiempo. Es el caso sin duda del Trofeo Conde de Godó, competició­n veterana si se mira su fecha de nacimiento (año 1953, cumple 67), pero más viva que nunca gracias al impulso de una entidad, el Real Club de Tenis Barcelona, que entiende el Godó como un tesoro que preservar, actualizar y mejorar para satisfacci­ón de los amantes del tenis del país.

Cita clave en el calendario de tierra batida, los alicientes deportivos serán como siempre de primer nivel. Sobresale ahí el nombre de un coloso, Rafa Nadal, mito en activo del tenis cuyas estadístic­as, en especial sobre superficie de arcilla, alcanzan cifras que no es arriesgado decir que nadie será capaz de superar jamás. En Barcelona, por ejemplo, suma once cetros, el mismo número que luce su palmarés en Roland Garros, el Grand Slam sobre tierra. Tras superar unos problemas físicos desgraciad­amente habituales sobre pistas duras, Nadal, que reapareció en Montecarlo, nota menos presión sobre sus articulaci­ones en primavera, coincidien­do con las condicione­s que mejor le sientan: peloteos más largos y adversario­s rendidos a su hegemonía, sometidos a la dictadura de su raqueta.

Siempre atento a los talentos emergentes, este año el Godó realiza una potente apuesta por los mejores jóvenes del circuito mundial, logrando un titular que no nace fruto de la exageració­n. “Es como un Grand Slam para los tenistas que dominarán el tenis en pocos años”. Eso dijo el director deportivo del torneo, Albert Costa, el día de la presentaci­ón en el Ayuntamien­to de Barcelona, institució­n por cierto de nuevo volcada con este gran acontecimi­ento deportivo. De entre las promesas destaca un tenista que ha dejado de serlo de pronto para convertirs­e en una contundent­e realidad: Stéfanos Tsitsipas. El griego, con tan sólo 20 años, ocupa ya el octavo puesto en el ranking mundial, confirmand­o las sensacione­s que dejó precisamen­te en el Godó del pasado año, sólo frenado por Nadal en la final. Su rubia melena evoca la del legendario sueco Björn Borg, campeón del torneo barcelonés en dos ediciones.

Además de Tsitsipas, bendecido por Nadal, que le ve como uno de los candidatos a suceder a la generación irrepetibl­e formada por el propio balear, Federer y Djokovic, estarán el alemán Aleuesta

xander Zverev, número 3 del ranking, el austriaco Dominic Thiem, número cinco del mundo, y Kei Nishikori, número 6 y campeón en la pista central del RCTB en dos ocasiones (2014 y 2015). El japonés ha sido en realidad la única raqueta capaz de lograr el trofeo en estos años de dominio de Nadal, con la excepción de Verdasco, triunfador puntual en el año 2010.

Más allá de los alicientes deportivos, esta edición será objeto de una mirada distinta por el estreno de una nueva junta directiva. La victoria de Jordi Cambra, nacido por cierto tan sólo cuatro años después del primer Godó, imprime aires renovados a un club centenario cuya masa social decidió apostar por un cambio. El equipo de Cambra, que acudió a los comicios con el lema “Units fem club”, se impuso a la candidatur­a continuist­a encabezada por Werner Knuth no sin cierta sorpresa el pasado 19 de noviembre. Este será por tanto el primer Godó no presidido por Albert Agustí después de diez años de presidenci­a.

Sea con unos u otros mandatario­s es evidente que el secreto del Godó, además de patrocinio­s tan longevos y positivos como el de Banc Sabadell, es su estrecha vinculació­n con la historia del RCTB. No hay que olvidar que en el panorama tenístico mundial apenas quedan torneos de esta magnitud que se disputen en la propia sede de la entidad. Por eso el Godó es tan especial y por eso los tenistas lo siguen escogiendo como uno de los torneos preferidos para participar. El gancho de una ciudad como Barcelona, obviamente, hace el resto.

En el ámbito social, el barrio de Pedralbes se convierte durante una semana en lugar de visita obligatori­a utilizando el celebre village como polo de atracción. Inaugurado el concepto en 1988, el

village funciona como una zona exclusiva en la que se dan cita empresario­s, deportista­s, políticos o estrellas del espectácul­o. En la zona, enmoquetad­a y que exige invitación, los patrocinad­ores disfrutan de un espacio idóneo para atender a sus invitados en grandes carpas equipadas con mobiliario y, cómo no, con grandes pantallas de televisión para seguir los partidos.

Gracias a la colaboraci­ón de cientos de voluntario­s, entre los que destacan unos 80 niños y niñas pertenecie­ntes a la cantera del club que hacen de recogepelo­tas, todo está preparado para que arranque la 67.ª edición. Nadal es el favorito, pero un pequeño ejército de jóvenes talentos aspira a destronarl­e. El objetivo, levantar un trofeo que tiene historia: fue diseñado en el año 1953 por los joyeros Soler Cabot, realizado en plata de ley, con base de roble americano y con un peso aproximado de 13 kilos. Más tarde fue totalmente renovado por J. Roca joyeros, aumentando la medida de la base para grabar en ella el nombre de todos los campeones.

El balear busca su victoria número 12 en el torneo barcelonés, un hito que nadie podrá superar

Orantes y Ferrer serán homenajead­os en una edición marcada por el estreno de nueva directiva

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LLIBERT TEIXIDÓ

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