La Vanguardia

Un triunfo agónico y estéril

Nadal derrota a Tsitsipas pero se cae de las semifinale­s, donde jugará Zverev

- SERGIO HEREDIA

Y al final de la historia, tan solo quedaba la esperanza.

Siempre, la esperanza.

Por la tarde, Rafael Nadal (33) se dejaba media vida para remontarle el partido a Stefanos Tsitsipas. Había invertido casi tres horas, un esfuerzo mayúsculo, su segundo triunfo en el O2 Arena de Londres.

Y entonces tomaba el micrófono para decir:

–Ya no dependo de mí. No sé si les veré mañana. Dependo del encuentro de esta noche. Si es así, y Medvedev gana a Zverev, seguro que mañana viviremos otro gran día en mi semifinal ante Roger Federer –dice.

Nadal le estaba hablando al público londinense. Eran las cinco de la tarde en Gran Bretaña. Tres horas más tarde, Daniil Medvedev se enfrentaba a Sasha Zverev. Si se imponía el ruso, Nadal seguiría adelante. Se las vería hoy con Roger Federer, ya en las semifinale­s de la Copa de Maestros, el torneo de las ocho raquetas.

El público cruzaba los dedos. ¿Hay algo más excitante en el mundo del tenis? ¿Algo más atractivo que un Federer-nadal? Pero si no ganaba Medvedev... Adiós.

El resultado fue el adiós. Medvedev nunca fue rival para Zverev, que seguirá defendiend­o su título del 2018. Ganó en apenas 1h18m: 6-4 y 7-6 (4).

(...)

En realidad, las opciones de Nadal eran escasas. A Medvedev, ayer ya le daba igual todo. Hiciera lo que hiciera, estaba eliminado de la Copa de Maestros. Zverev, en cambio, iba a salir con todo. Y así fueron las cosas: en el primer juego, Medvedev perdió el servicio.

A partir de ahí, ya estaba todo sentenciad­o. El partido se convirtió en un peloteo. Vendido del todo, Medvedev decidió pasar el rato: jugó como en un torneo de medio pelo. Voleó cuando le parecía. Probó cosas. Dejó hacer a Zverev, que hoy se asoma a compromiso­s superiores, ya en las semifinale­s: será el alemán, y no Nadal, quien juegue las semifinale­s. Lo hará ante Thiem.

El adiós de Nadal parece una paradoja. El balear se va pese a haber ganado dos partidos en Londres. Esos dos triunfos también son una paradoja: son producto del sacrificio, más allá de la excelencia.

Nadal nunca se ha sentido del todo a gusto en esta semana. El lunes se veía atrapado ante Zverev. El miércoles se declaraba afortunado en su remontada ante Medvedev. Y ayer se fajaba a fondo para arreglar su duelo ante Stefanos Tsitsipas (21). Había tenido que rehacerse de un set en contra y había necesitado 2h52m para tumbar al griego: 6-7 (4), 6-4 y 7-5.

Se mire como se mire, lo mejor de esta Copa de Maestros, torneo que Nadal nunca ha ganado, van a ser las consecuenc­ias: bendecido por la soberbia victoria de Federer ante Djokovic en la víspera, Nadal va a cerrar el 2019 como número uno del mundo. Es su quinto cierre del año en la cima. Lleva tantos como Connors, Federer y Djokovic. A todos ellos solo les supera Pete Sampras, con seis.

–No pensé que, tras tantas lesiones y tantos años, tendría otra vez este trofeo en mis manos –confesaba tras su duelo, aún por la tarde, con la copa ATP en las manos.

EN LA CIMA DEL MUNDO

El balear cierra el año como nº.1: ya lo ha hecho en cinco ocasiones, como Connors, Federer o Djokovic

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LINNEA RHEBORG / GETTY Stefanos Tsitsipas y Rafael Nadal se saludan en el O2 Arena de Londres, anoche

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