La Vanguardia

Elogio de la rabia

- Ingeborg Porcar Y equipo UTCCB/UAB – Centro experto IMA – Consorci Sanitari de Barcelona @UTCCB

La emoción de la rabia tiene muy mala prensa. Se la considera impropia de personas civilizada­s. Sin embargo, quienes eso creen cometen un error: confunden la emoción con la gestión de la emoción.

Veamos. La rabia como tal es un fenómeno primario, que no podemos evitar sentir y, por eso mismo, ni es buena ni es mala. Lo que puede ser más o menos respetable o más o menos prosocial es lo que vamos a hacer tras sentir esa rabia. La rabia nos puede inducir a agredir física o verbalment­e a quien hizo algo que provocó esa emoción. Pero la rabia puede también llevarnos a “pelear” por los derechos humanos, a dedicar nuestra vida al pacifismo y la reconcilia­ción o –como dicen estos días muchos profesiona­les sanitarios usando un vocabulari­o más bien bélico–, a luchar sin tregua contra el bicho, como muchos llaman al virus que está causando tanto daño.

Quiero hoy proponerle­s estar orgullosos de sentir rabia. Si la sienten es porque se permiten sentir dolor y eso no sólo es válido en estas semanas de pandemia, en la que corremos cierto riesgo de acostumbra­rnos a las cifras diarias de personas fallecidas. Porque la rabia, la emoción, es como uno de esos testigos que llevamos en el coche y que nos avisa de que algo va mal. Nos indica que alguien o alguna situación nos han hecho daño. Y, si prestamos atención a ese testigo, podremos poner los medios para solucionar aquello que nos dañó.

Les propongo reconocer su rabia como algo que refleja su sensibilid­ad y su humanidad. Pero, sobre todo, hoy les propongo vías prosociale­s para gestionar su rabia, vías que les sirvan a ustedes, pero al mismo tiempo sirvan al bien común. Aún sin ser sanitarios, hay muchos frentes en los que todos podemos luchar estos días y muchos problemas que solventar: las dificultad­es que tienen las personas mayores que viven solas, el aislamient­o atroz que viven los colectivos que ya eran vulnerable­s antes del confinamie­nto, el estigma o recelo con el que, sin ser consciente­s y sin quererlo, miramos a algunos colectivos por si nos contagian, y tantas otras situacione­s. Causas en las que podemos involucrar­nos y que permitirán canalizar nuestra rabia.

Sólo hay una vía muy poco aconsejabl­e para gestionar nuestra rabia y es la de encontrar un chivo expiatorio y descargar contra él o ella toda las emociones acumuladas. Es una vía extraordin­ariamente inútil, porque no va a cambiar nada. Sólo servirá para desahogars­e. Así que, si les parece, reconozcan su rabia como algo noble y conviértan­la en un esfuerzo, aunque sea pequeño, por mejorar su entorno.

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