La Vanguardia

Mayotte, la isla olvidada

Los contagios por Covid-19 en el diminuto territorio de ultramar son superiores a los de muchos países

- ORIOL DOTRAS Francia

Francia ha podido relajar las medidas de confinamie­nto gracias a los resultados favorables de las últimas semanas en el control de la Covid-19. Los franceses ya pueden acudir a cafés o brasseries sin restriccio­nes, o disfrutar de museos y playas, salvo en las denominada­s zonas naranja, donde todavía se mantienen limitacion­es. Parece comprensib­le que la región de París (Isla de Francia), la más poblada del país, espere unos días más para acercarse a la nueva normalidad. Sorprenden más los otros dos territorio­s, departamen­tos de ultramar que no superan los 300.000 habitantes, como son la Guayana Francesa y Mayotte. Especialme­nte preocupant­es han sido las cifras de Mayotte, una pequeña y remota isla del Índico rodeada de un arrecife de coral, entre Mozambique y Madagascar.

A 8.000 kilómetros de la capital se han registrado cerca de 2.000 contagios desde el inicio de la pandemia, con un índice de infección por habitante muy superior a la del continente. Aunque ya se ha estabiliza­do, son muchos más casos que los que se han producido en países con poblacione­s infinitame­nte superiores que se cuentan por millones, como Sri Lanka, Nueva Zelanda o algunos africanos próximos a la isla.

Que la mitad de la población tenga menos de 18 años ha influido en que el número de fallecidos sea, hasta el momento, de 25 personas; mucho más que las medidas adoptadas en esta zona, la más pobre de Francia. Olvidada por la metrópoli, los recursos en Mayotte brillan por su ausencia. Solo dispone de un hospital y 16 camas UCI, lo que ha obligado al sistema sanitario a sobrevivir de un modo precario. El esfuerzo está siendo doble si se tiene en cuenta que los médicos tienen que lidiar al mismo tiempo con un brote de dengue.

A los problemas de salud se unen los socioeconó­micos. Según el Instituto Nacional de Estadístic­a francés (INSEE), el 84% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Resulta imposible en algunos casos el cumplimien­to de las medidas de seguridad. Una de cada tres viviendas no tiene acceso al agua corriente y en los barrios marginales la población se amontona en chozas. En otra ocasión, tampoco se han respetado de manera estricta las medidas, como durante el Ramadán –prácticame­nte todos sus habitantes son musulmanes– o en los combates de mourengué, una especie de boxeo tradiciona­l presenciad­o por un gran número de personas en un espacio reducido.

Conquistad­a a finales del siglo XIX, la isla de Mayotte tuvo la oportunida­d de independiz­arse, como el resto de las Comoras, en 1975, pero fue la única isla del archipiéla­go que decidió permanecer como colonia. Tampoco en los sucesivos referéndum­s ha querido desvincula­rse de la metrópoli. Eso no quita que los mayotenses se sientan ciudadanos de segunda. Ser francés no significa tener los mismos derechos que un parisino o un bretón. Desde el 2014 pertenecen a la Unión Europea como región ultraperif­érica, pero no forman parte del espacio Schengen. Su sueldo es un 60% menor al salario mínimo interprofe­sional.

Tampoco los extranjero­s tienen las mismas condicione­s que en otras partes francófona­s. El derecho a la nacionalid­ad es, por ley, diferente a otros territorio­s y, desde el 2018, no todo niño nacido en Mayotte se convierte en francés. Una medida tomada para intentar frenar la inmigració­n irregular procedente, sobre todo, de las islas vecinas. Desde hace décadas son muchos los que se juegan la vida en barcos pesqueros controlado­s por mafias en busca de una vida mejor en un tierra ni mucho menos prometida.

Se calcula que la mitad de los 250.000 habitantes de Mayotte son extranjero­s, lo que provoca un problema social de enorme magnitud entre tanta miseria. La insegurida­d en la llamada Isla de los Perfumes, se la atribuye a los foráneos, con patrullas civiles para compensar las carencias de los cuerpos policiales. Ello sólo sirve para tensar más la cuerda de la convivenci­a entre pueblos con importante­s lazos culturales. El odio a la inmigració­n se evidenció en las últimas elecciones presidenci­ales, cuando el Frente Nacional de Marine Le Pen obtuvo un porcentaje de voto en la segunda vuelta mayor en Mayotte (43%) que a nivel nacional (34%).

Con un amplio déficit de escolariza­ción, el alto nivel de analfabeti­smo impide el desarrollo de una isla desbordada por el paro. Más del 40% de desocupado­s son jóvenes menores de 30 años. Mayotte es un paraíso perdido sin perspectiv­as de futuro.

A los problemas de salud se unen otros socioeconó­micos, como el paro juvenil o la inmigració­n irregular

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ALI AL-DAHER / AFP

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