La Vanguardia

Una revolución con brotes verdes

El Gobierno de transición sudanés abole varias leyes discrimina­torias para mujeres y minorías y prohíbe la ablación

- XAVIER ALDEKOA

Después de décadas de oscuridad, Sudán empieza a ver la luz. La revolución popular de Sudán, que en abril del año pasado puso fin a una de las peores dictaduras del mundo tras meses de manifestac­iones masivas en las calles y expulsó del poder a Omar al Bashir, se apuntó la semana pasada varias victorias sociales de enorme trascenden­cia.

El Gobierno de transición sudanés, formado por una insólita entente de seis líderes civiles y cinco militares de antiguo gobierno hasta la celebració­n de elecciones en el 2022 , anunció la abolición de leyes discrimina­torias contra las mujeres y minorías del país o la prohibició­n expresa, con penas de cárcel de hasta 3 años, de la mutilación genital femenina, una agresión que han sufrido el 87% de las mujeres sudanesas.

Entre las reformas anunciadas destaca el fin del requerimie­nto del permiso de un familiar hombre para que una mujer viaje sola con sus hijos, levanta la prohibició­n de beber o vender alcohol para los no musulmanes (un 3% de la población) y descrimina­liza la apostasía. Las bebidas alcohólica­s estaban vetadas en Sudán desde 1983, cuando el antiguo presidente Jafaar Nimeei introdujo la ley islámica y lanzó simbólicam­ente decenas de botellas de whisky al río Nilo. Posteriorm­ente, el dictador Al Bashir recrudeció la ley y estableció la renuncia al Islam como delito castigado con la pena de muerte. Hace cuatro años, una mujer sudanesa de 26 años, Meriam Ibrahim, fue condenada a muerte por abandonar la fe, aunque fue liberada tras una campaña internacio­nal liderada por varias organizaci­ones internacio­nales de derechos humanos.

No hay duda de que las medidas son herencia del movimiento revolucion­ario. Al anunciar las reformas, el ministro de Justicia, Nasredeen Abdulbari, mencionó directamen­te la ola de manifestac­iones y apuntó que los cambios son “un gran paso hacia el establecim­iento de uno de los fundamento­s de los consignas victoriosa­s de la revolución de diciembre: la libertad”.

Desde el corazón de las protestas también se entiende así. La activista Ihsan Fagiri, directora de la Iniciativa Contra la Opresión a las Mujeres, recibió con júbilo los recientes vientos de libertad en su país, que se suman a la anulación a finales de año pasado de un código de conducta que incluía la prohibició­n de vestir pantalones a las mujeres, descubrir su cabello en público o reunirse con hombres que no fueran sus maridos o familiares. “¿Cuántas mujeres fueron abusadas por estas leyes injustas y humillante­s? –escribió Fagiri en su página de Facebook–. Muchas perdieron incluso sus almas, llenas de dolor y tristeza. La alegría ha vencido. Gracias mártires. Gracias gloriosa revolución. Libertad, paz y justicia”. En Sudán era habitual castigar con latigazos o cárcel a quienes incumplier­an las reglas relacionad­as con cuestiones considerad­as de moralidad y religión.

El think tank con sede en Jartum, capital de Sudán, Centroafri­cano para los Estudios de Justicia y Paz y la organizaci­ón antitortur­a Redress dieron la bienvenida a unas medidas que suponen un “paso adelante para eliminar la violencia estructura­l contra las mujeres y minorías”, pero pidió que las reformas progresist­as no terminen aquí. Además de exigir el fin de la impunidad para los perpetrado­res de la represión y las torturas en las últimas décadas, ambos organismos recordaron que el código penal sudanés aún establece como un crimen el adulterio (incluidas las víctimas de una violación) y permite los castigos corporales. “Las reformas anunciadas allanan el camino para que Sudán comience a cumplir sus obligacion­es internacio­nales de derechos humanos. Alentamos al nuevo Gobierno a que continúe haciendo reformas a las leyes y políticas nacionales hasta que la tortura sistemátic­a sea erradicada del país, y la justicia y las reparacion­es se realicen plenamente para las víctimas”, subrayó el portavoz de Redress, Charlie Loudon.

Las reformas sociales anunciadas estos días no son simple maquillaje. En los últimos meses, también se han producido decisiones políticas de calado como el despido de varios ministros y el jefe de policía que aplastó las protestas, el desmantela­miento del partido de Bashir o la decisión de llevar a la justicia a los responsabl­es del antiguo órgano represor o incluso entregar a La Haya al dictador para que sea juzgado por crímenes de guerra, genocidio y contra la humanidad. Bashir, que arruinó a su pueblo y convirtió a Sudán en un estado policial y represivo, debería responder así por las masacres perpetrada­s durante la guerra de Darfur en el 2003 por los infames Janjaweed, milicias apoyadas por su gobierno, que asesinaron y violaron a cientos de miles de personas y provocaron más de 2,5 millones de desplazado­s.

Pese al aplauso generaliza­do desde Occidente, el tsunami de cambio en Sudán no gusta a todos y no está exento de riesgos. En marzo, el primer ministro y líder del Gobierno de transición, Abdalla Hamdok, un economista que trabajó en la ONU, sobrevivió a un intento de asesinato y en los últimos meses sobrevuela en Sudán el rumor de que los sectores más conservado­res y hombres fuertes del antiguo régimen podrían estar preparando un golpe de Estado.

La mutilación genital femenina, sufrida por el 87% de sudanesas, estará penado con tres años de cárcel

Las mujeres ya no necesitará­n el permiso de un familiar varón para viajar solas con sus hijos

Se descrimina­lizará la apostasía y la venta de alcohol para los no musulmanes (un 3% de los sudaneses)

 ?? ZOHRA BENSEMRA / REUTERS ?? No hay futuro sin trabajo. Mussa Adam Bakr (derecha) con dos trabajador­es recolectan­do en la plantación de la isla de Tuti, cerca de Jartum; que la economía vaya bien será esencial para las reformas
ZOHRA BENSEMRA / REUTERS No hay futuro sin trabajo. Mussa Adam Bakr (derecha) con dos trabajador­es recolectan­do en la plantación de la isla de Tuti, cerca de Jartum; que la economía vaya bien será esencial para las reformas

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