La Vanguardia

“En Olot nació un torero”

JOAQUIM SOY, ‘EL NARDO’ (1924-2021) Torero

- PACO MARCH

Entre rosas y azucenas/en Olot nació un torero/ son sus pases primorosos/ dados con garbo y salero/ El Nardo tiene por nombre/ torero de gran valor/ Su capa al desplegars­e/ parece un roja flor”.

Así reza la letra del pasodoble en honor de Joaquín Soy, El Nardo, una composició­n con letra de Joan Casulla y música de Francesc Casanovas que aún sigue sonando en muchas de las fiestas de la comarca de la Garrotxa y que formaba parte del repertorio habitual de La Salseta del Poble Sec. Y es que El Nardo (apodo que le venía de su juvenil dedicación a la jardinería y plantación de nardos) fallecido a los 96 años de edad fue, pese a su corto recorrido taurino, un personaje tan singular como querido y hasta que las fuerzas y la salud le acompañaro­n paseó su porte distinguid­o y torero por las calles de Olot.

De niño, a Joaquím Soy le llegaban los ecos de las tardes de toros en la Plaza de Olot (la más antigua de Catalunya, la segunda de España) hasta el domicilio familiar, casi colindante. En las Festes del Tura no faltaban los correbous y los festejos taurinos en la Plaza y ahí se alimentó su afición aunque, pese a participar en las capeas de los pueblos de la zona, no sería hasta cumplidos los treinta años de edad cuando, con el apoyo económico de algunos amigos, pudo matar una vaca en la plaza de su localidad natal. Desde ese día hasta su adiós en 1961, El Nardo apenas toreó una docena de festejos menores pero el del 23 de octubre de 1960 en su Olot, vestido de luces por primera vez, alternando con Vicente Díaz y José Ferrer y con reses de José Molero, fue la culminació­n de un sueño. El Nardo derrochó valor, tanto que, al entrar a matar, el novillo le corneó en la oreja y el público, entusiasma­do, le recompensó con las dos orejas, el rabo y la pata (excesos de la época, sí) de la res.

Admirado y muy popular en la zona, El Nardo dejó definitiva­mente los ruedos un año después, pero nunca se desvinculó del mundo taurino y su presencia era habitual en los distintos actos en que la tauromaqui­a estaba en el centro. Así, mostró su apoyo y elogios al torero de Montcada y Reixach Serafín Marín o a su paisano Abel Robles, que no desfallece en su lucha por ver abierta de nueva al toreo la Plaza de Olot y hacer en ella el paseíllo.

En el 2011 El Nardo entregó al Ayuntamien­to de Olot sus acciones –la 1 y la 2, a nombre suyo y de su esposa– de la Plaza de Toros e hizo donación de su colección de cartelería taurina de sus años en activo. Aún así, en su domicilio guardaba todo un muestrario de objetos y recortes de prensa que cuidaba con tanto esmero que comentaba: “Si algún día se quema esta casa, que no se queme lo que hay en esta habitación”.

La corta biografía taurina de El Nardo está recogida en el Cossío, ahí queda eso. Pero sin duda en el libro El Nardo, torero de Olot ,de la periodista gerundense Natalia Molero, prematuram­ente desapareci­da en 2015, se encuentran todas las claves y vivencias de quien , por derecho propio, es ya historia de la ciudad. Porque como él mismo dijo en el citado acto con el Consistori­o: “Jo me n’aniré però, amb aquestes donacions, a Olot contiuaran recordant-se de mi”.

Logró vestirse de luces en su Olot en 1960 y en una única tarde de gran valor forjó su popularida­d

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