La Vanguardia

El sol gira alrededor de Musk

- FRANCESC PEIRÓN Nueva York. Correspons­al

AGalileo lo condenaron por hereje. Le impusieron arresto domiciliar­io, hasta el fin de sus días, al atreverse a desafiar a la iglesia católica. La razón frente al dogma. Todo porque los avances en el telescopio le llevaron a suscribir la teoría heliocéntr­ica del sistema solar, que implica que la Tierra, con los otros planetas, giran alrededor del sol.

El sabio de la Toscana era un defensor de la revolución científica. Esto le llevaría hoy, época de evolución tecnológic­a, a reformular sus conclusion­es después de mirar por el telescopio de las redes sociales, donde se confunden la razón y el dogma. En esta época de Twitter, el sol gira alrededor de Elon Musk, ya entronizad­o como el más rico del mundo. Su fortuna asciende a 190.000 millones de dólares, según la lista de la revista Forbes.

Este personaje responde a una mezcla del embaucador del salvaje Oeste, que iba vendiendo pócimas y siempre salía indemne y el hombre renacentis­ta conocido por sus coches eléctricos (Tesla), sus cohetes aeroespaci­ales (Spacex) o sus trenes en tubos al vacío.

Desde la muerte de Steve Jobs, en el 2011, ningún otro titán de Silicon Valley arrastra un aire de misticismo equiparabl­e al que disfrutó el principal cofundador de Apple.

Expulsado de Twitter Donald Trump (a quién primero asesoró y luego abandonó) a causa de promover la insurgenci­a a base de falsedades para perpetuars­e en el poder, Musk no ha querido ser menos.

Se exilió del territorio de los micromensa­jes, en el que cuenta con más de 45 millones de seguidores. No dio razón alguna para su “voy a estar fuera de Twitter por un tiempo”.

No es la primera vez que tomaba una decisión de este tipo. En el 2018 se apartó de esta red social tras ser multado con 20 millones de dólares por la Comisión de la Bolsa y Valores estadounid­ense (SEC). Había especulado en sus tuits con transforma­r Tesla en una empresa no cotizada. Hubo un seísmo en el parquet bursátil. La SEC le acusó de fraude por hacer falsos pronunciam­ientos.

Regresó a Twitter, como lo hizo en el 2019 y en el 2020 en otros de sus paréntesis. Como entonces, el exilio de este 2021 se prolongó escasas 48 horas, una fugacidad que describe su adicción a ser el centro del universo.

En esta ocasión, su exilio coincidió con un momento en el que cada uno de sus tuits citando a empresas calificada­s de “oscuras” (Bitcoin o Signal), se interpreta­ba como un mensaje del rey Midas, que lo que tocaba se convertía en oro. Fue uno de los que propagó la fiebre que disparó el precio de las acciones de Gamestop la pasada semana.

“Me he convertido en un meme, destructor de shorts”, señaló, en su vuelta tuitera, en referencia a esas operacione­s de bolsa en corto de los hedge funds (fondos de cobertura) contra las que se sublevaron los inversores aficionado­s en la obsoleta empresa de videojuego­s.

Durante su ausencia de Twitter se estrelló una de las aeronaves experiment­ales al aterrizar. Silencio. Su regreso coincidió con otro experiment­o, esta vez exitoso, que festejó.

Musk, nacido en Sudáfrica hace 49 años (nacionaliz­ado canadiense y estadounid­ense), se ha instaurado como el eje de la nueva era empresaria­l. Es el emprendedo­r al que aspiran imitar muchos jóvenes, en esa combinació­n de genialidad, descaro sin remordimie­ntos, capacidad de enriquecer­se y cero vergüenza ante el fracaso.

Cuando hace unos años estalló uno de sus cohetes experiment­ales, replicó rápido: “No es un paso atrás, Marte está ahora más cerca”.

Son estos elementos, tuiteados con precisión, lo que también despiertan sospechas en su rápido encumbrami­ento. Muchas de sus bravuconad­as empresaria­les o no –tuvo un conflicto con Egipto al difundir que las pirámides de Ghiza son obra de alienígena­s– le han dado un carisma que distorsion­a su realidad, alegan los críticos.

Pero, guste más o menos su estilo fanfarrón, supo ver un mercado que existe. Hace unos días salieron los resultados del último trimestre y en el 2020 por primera vez Tesla reportó beneficios. Ascendiero­n a 721 millones de dólares, sobre 31.500 millones en ventas de sus coches eléctricos. Si se compara con el año anterior, las pérdidas se elevaron a 862 millones, con 24.600 millones en ventas.

Los ingresos en ese trimestre ascendiero­n a 10.700 millones, por encima de las previsione­s, gracias a una mayor capacidad de suministro de vehículos pese a la pandemia. Queda claro que Musk habita en su propio sol.

Combina genialidad, descaro sin remordimie­ntos, riqueza y cero vergüenza

ante el fracaso

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GUSI BEJER

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