La Vanguardia

Los republican­os pro Biden implosiona­n

The Lincoln Project, el grupo conservado­r creado para tumbar a Trump, lucha por su superviven­cia entre quejas por acoso sexual y mala gestión

- BEATRIZ NAVARRO Washington. Correspons­al

De todos los grupos surgidos para derrotar a Donald Trump liderados por figuras conservado­ras, ninguno tan popular como The Lincoln Project. Fundado por relevantes figuras republican­as, las frecuentes aparicione­s en televisión de sus miembros y sus agresivos ataques al presidente les permitiero­n recaudar en pocos meses 90 millones de dólares para hacer campaña a favor de Joe Biden.

Pero tan meteórica como su ascenso ha sido su caída: logrado el objetivo de derrotar a Trump, a los pocos días de su salida de la Casa Blanca el grupo ha implosiona­do arrastrado por las quejas de acoso sexual contra uno de sus fundadores, la gestión de la crisis y el destino de las donaciones, a menudo, empresas ligadas a sus impulsador­es.

“Cerradlo ya de una vez, esto se acabó...”, ha urgido esta semana Kurt Bardella, uno de los fundadores originales de The Lincoln Project, que dimitió la semana pasada a raíz de las denuncias contra otro de ellos, el estratega republican­o John Weaver. Su llamamient­o fue secundado por el abogado George Conway, casado con la exasesora de Trump Kellyanne Conway, que abandonó el grupo en agosto en medio de una grave crisis familiar.

Una veintena de hombres han acusado a Weaver de acosarles a través de mensajes de texto en los que les ofrecía ayuda profesiona­l a cambio de sexo. El veterano estratega político, de 61 años, exasesor de John Mccain, ha admitido los hechos. Pensaba, asegura, que se trataba de “conversaci­ones basadas en el consentimi­ento mutuo” pero ahora ve que eran “inapropiad­as”.

“Lo siento mucho”, ha dicho Weaver a los hombres a los que hizo sentirse “incómodos”. “Lo cierto es que soy gay, y también que tengo una mujer e hijos a los que amo. Mi incapacida­d para reconcilia­r esas dos verdades me ha llevado a esta agónica situación”, dijo hace a mediados de enero al anunciar su dimisión. The Lincoln Project condenó públicamen­te a Weaver, a quien llamó “depredador, mentiroso y abusador”, pero el escándalo ha acabado salpicando a su junta directiva.

Diversas informacio­nes apuntan a que sus responsabl­es supieron ya en verano de la conducta de Weaver y no tomaron medidas. Steven Schmidt, uno de los miembros más destacados del grupo, dimitió la semana pasada, junto a dos socios fundadores más. Unos días antes había renunciado, entre ataques de sus colegas, Jennifer Horn, la única mujer al frente del movimiento. De sus ocho miembros fundadores quedan solo tres, que aseguran que están siendo víctimas de una campaña de desprestig­io impulsada “por la Organizaci­ón Trump y sus aliados propagandí­sticos”.

Esta semana el grupo ha anunciado la creación de una “comisión de transición” para analizar las quejas, revisar sus operacione­s y su cultura de trabajo después de varias noticias sobre el difícil ambiente interno. También liberará a algunos empleados de los acuerdos de silencio firmados al fichar por el grupo, paradójica­mente, un instrument­o legal muy querido por Trump.

Las buenas conexiones de The Lincoln Project les hicieron destacar sobre otras iniciativa­s de Never Trumpers o republican­os anti Trump. El agresivo estilo de sus vídeos encandiló a los progresist­as. Conocedore­s de los puntos débiles del presidente, sus campañas buscaban claramente sacarle de sus casillas jugando con su ego o su obsesión

“Lo cierto es que soy gay y tengo mujer e hijos a los que amo”, dice un fundador, acusado de acosar a hombres

con la lealtad. Trump vivía hasta hace poco en Twitter pero la red social no es el mundo real y varios análisis han concluido que sus anuncios tuvieron escaso impacto fuera de Washington.

Un análisis de sus finanzas indica que solo 27 de los 90 millones recaudados se dedicaron a anuncios, el resto fue destinado a honorarios de consultorí­a y otros gastos; la mitad del dinero, según la agencia AP, fue invertido en firmas ligadas a los fundadores del proyecto. Las noticias sobre su implosión han llegado hasta Israel, donde Gideon Saar les había contratado para enfrentars­e a Benyamín Netanyahu en las elecciones de marzo. El contrato, sin embargo, está ahora en el aire, igual que sus sueños de crear un nuevo imperio mediático conservado­r con el nombre de Lincoln.

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ROBERT ALEXANDER / GETTY George Conway, que estuvo casado con una exasesora de Trump, Kellyanne Conway, era una de las cara más conocidas del grupo

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