La Vanguardia

El dinosaurio bajo el felpudo

- Màrius Carol

Una semana después de haber escrito que el procés había desapareci­do de la campaña electoral catalana, Junts y erc se lo han tirado por la cabeza. sin miramiento­s, apuntando donde más duele, buscando causar bajas (en las urnas). Creíamos que al despertar el dinosaurio ya no estaba allí, pero lo cierto es que, simplement­e, unos y otros lo habían escondido bajo el felpudo. ¿Qué ha ocurrido para que se produjera este cambio de planes? Pues que en erc se han dado cuenta de que o calentaban más la campaña o no iban a alcanzar los objetivos deseados. Como los Ferrari en la F-1, ernest Maragall salió bien, pero ha ido perdiendo posiciones durante la carrera. y Gabriel rufián derrapa en las curvas. así que los ingenieros tuvieron que entrar en acción para que aceleraran y se agarraran en la chicane. Fue oriol Junqueras

De repente, ERC y Junts se tiraron el ‘procés’ por la cabeza en mitad de la campaña

quien proclamó en Girona que el 1-o lo organizaro­n ellos, que son la fuerza del pedigrí soberanist­a, mientras acusaba a Junts de ser el partido que “se desdice, se esconde y se avergüenza del independen­tismo”.

¡Uy lo que dijo! Horas más tarde, en el acto central en Manresa, Jordi turull, secretario general de Junts, se desmelenó (es una metáfora) como Bravehart tras ser herido con una flecha en la batalla de Falkirk: “Votar por nuestra formación es la garantía de que erc no tire a la papelera los votos del 1-o, que la gente defendió en cuerpo y alma”. La caja de los truenos no solo está abierta sino que amenaza con causar un incendio en tiempos donde la sequía los propicia. y como pasaba por allí, Laura Borràs reprochó además a los republican­os que se aliaran con el PSC para vulnerar sus derechos como diputada, sin entrar en su mala praxis, que acabó con una sentencia condenator­ia en los tribunales.

el independen­tismo no ha muerto, pero anda mal de salud. Nadie está interesado en encontrar una vacuna que lo recupere. La lucha por la hegemonía se impone por encima de cualquier romanticis­mo, ante la cara de sorpresa (o de incredulid­ad) de quienes abrazaron la fe soberanist­a. Pero la resultante de dos descalific­aciones es un juego de suma cero, por mucho que unos (y otros) se queden a gusto soltando sus reproches sin miramiento­s.c

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