Hay vi­da des­pués del Madrid

El mal del Ba­rça no se so­lu­cio­na con un chu­ta­zo de re­sul­ta­dis­mo. El mar­ca­dor ali­via pe­ro no cu­ra. Lo que reha­bi­li­ta de­fi­ni­ti­va­men­te es me­jo­rar el jue­go

Mundo Deportivo (At. Madrid) - - PROGRAMACIÓN -

Di­ce Luis En­ri­que que del Clá­si­co ya ha­bla­re­mos. Que aún no to­ca. Pe­ro va a ser im­po­si­ble evi­tar­lo. La Co­pa an­te el Hér­cu­les, es ver­dad, lle­ga pri­me­ro pe­ro el bar­ce­lo­nis­mo tie­ne la men­te fi­ja­da en el sá­ba­do. Y más aún. En ma­yor o me­nor me­di­da hay ob­se­sión por el mar­ca­dor. Un mal in­di­ca­dor por­que im­pli­ca de­pen­den­cia del re­sul­ta­do. A 6 pun­tos de lí­der, por más que es­te­mos en no­viem­bre, la dis­tan­cia ago­bia.

El en­tre­na­dor del Ba­rça, sin em­bar­go, di­jo ayer que no es­tá preo­cu­pa­do, que se si­gue vien­do fa­vo­ri­to pa­ra to­dos los tí­tu­los y, lo que es más im­por­tan­te, Luis En­ri­que re­co­no­ció abier­ta­men­te que ob­ser­va des­de ha­ce tiem­po cier­ta pre­ci­pi­ta­ción en el jue­go de ata­que. El ‘Fast Food’ del que ha­blá­ba­mos ayer y que, en reali­dad, de­be­ría­mos de­no­mi­nar ‘Fast Foot’. Un fút­bol de pri­sas, sin pau­sa, que no le con­vie­ne na­da al Ba­rça por más que sus ac­tua­les fut­bo­lis­tas pa­rez­can más de co­rrer que de to­car.

Con to­do, y aun­que la ob­se­sión po­si­ti­va de­be­ría ser el jue­go no el mar­ca­dor, es ob­vio que el par­ti­do se ana­li­za­rá des­de el re­sul­ta­do y dis­tan­cia que aca­be re­fle­jan­do. Ha si­do así to­da la vi­da y si­gue sien­do así por­que, en ge­ne­ral, no he­mos apren­di­do na­da de la his­to­ria re­cien­te. La pro­xi­mi­dad anu­la la pers­pec­ti­va y cues­ta tra­ba­jo ver, y más aún ad­mi­tir, que pa­se lo que pa­se en el Clá­si­co se­gui­rá ha­bien­do vi­da des­pués del Madrid.

Sea cual sea el re­sul­ta­do, la cues­tión de fon­do no es ga­nar sino có­mo ga­nar. La vic­to­ria, sin más, es pun­tual. In­clu­so pue­de ser un he­cho ais­la­do. Tum­bar al lí­der só­lo da pa­ra que los más in­quie­tos pa­sen unas na­vi­da­des tran­qui­las. El te­ma es có­mo se jue­ga pa­ra ob­te­ner el me­jor re­sul­ta­do po­si­ble, pe­ro el me­jor re­sul­ta­do po­si­ble a fi­nal de tem­po­ra­da. Y esa elec­ción exi­ge prio­ri­zar las sen­sa­cio­nes al úl­ti­mo re­sul­ta­do.

Hu­bo años, mu­chos pe­ro no muy le­ja­nos, en que el éxi­to de la tem­po­ra­da se ba­sa­ba en ga­nar al Madrid. El fút­bol, la ca­li­dad del fút­bol del Ba­rça, aca­bó de­mos­tran­do que no. Que no bas­ta con ga­nar al Madrid. Que, por su­pues­tí­si­mo, es me­jor ga­nar­le pe­ro de lo que se tra­ta es de aca­bar sien­do cam­peón. Y pa­ra ser­lo, la so­lu­ción no es un ali­via­dor chu­ta­zo de re­sul­ta­dis­mo en ve­na, sino una me­jo­ra in­cues­tio­na­ble en el jue­go. Es ver­dad que los mar­ca­do­res ayu­dan pe­ro lo que cu­ra el mal del Ba­rça es ju­gar al fút­bol me­jor que el con­tra­rio

FO­TO: PEP MO­RA­TA

Y des­pués de el Clá­si­co aún que­da­rá más de una vuel­ta en­te­ra por ju­gar­se

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.