Mundo Deportivo (At. Madrid)

SIN RIVAL

Wayde Van Niekerk ya tiene la mitad del doblete que pretende, un oro en 400 que nadie discutió (43”98) El sudafrican­o se quedó sin enemigo por la baja de Makwala y se reservó algo al final pensando en el 200

- Joan Justribó

Wayde Van Niekerk conoció a primera hora de la tarde que en los tacos de salida de su calle contigua en la final de los 400 metros no habría nadie. Y ese ‘nadie’ era quien más podía complicar la victoria del hombre que el atletismo espera que se convierta en su faro, o uno de ellos, tras la retirada de Usain Bolt. El botswanés Isaac Makwala, uno de los intoxicado­s por un virus que ha afectado a algunos de los atletas del Mundial de Londres, se bajaba de la final por indicación médica, 48 horas de cuarentena tras pasar vómitos que ya le impidieron salir en las series de 200. Makwala quería salir sí o sí, pero el protocolo es el protocolo.

Así que Van Niekerk corrió aún más sin rival, privando de cierto brillo a su incontesta­ble victoria en ese 400 que no le acaba de gustar, porque le lleva a un límite físico que le hace preferir distancias menores. Sufre, pero es muy bueno, el mejor del mundo en la vuelta a la pista, y en Londres lo volvió a demostrar ganando sin castigarse en exceso: 43”98, a casi un segundo del maravillos­o récord del mundo que firmó hace un año en la final olímpica de Río (43”03). No tocaba rebajar la barrera de los 43 segundos, sino pensar en el doblete y ‘frenar’, justo lo que hizo en sus últimas zancadas de la final. Era como echar un vistazo al depósito de gasolina y comprobar cuánto combustibl­e le queda para las dos carreras que vienen, semifinale­s y final de los 200 metros.

Van Niekerk corrió pensando en el doblete 200-400 que lleva inscrito un único nombre aún en la historia del atletismo, el del hoy comentaris­ta Michael Johnson, un mito al que se parece bien poco técnicamen­te. Johnson lo logró hace más de dos décadas, en el Mundial de Goteborg 95 y después en los Juegos de Atlanta, y mira a Van Niekerk por el rabillo del ojo: ya le quitó el sudafrican­o su récord de 400, después el no oficial de 300 metros. Ahora, se prepara para compartir con él un doblete atípico, un más difícil todavía porque se tiene al 400 por la prueba más dura físicament­e para un atleta, el mayor castigo para el temible ácido láctico que azota los músculos.

Si Van Niekerk hizo su récord del mundo en Río desde la calle más exterior, sin referencia­s de nadie, esta vez le faltó poder echar un vistazo a la derecha y ver al ausente Makwala. Se sintió cómodo en la primera plaza desde el pincipio, también en la contrarrec­ta y sobre todo al salir de la última curva, sin más trabajo que prevenir una ‘clavada’ final y echarle un vistazo al bahameño Steven Gardiner, que acabó siendo segundo, aunque demasiado lejos de la estrella (44”41). Abdalelah Haroun, que corre por Qatar pero nació en Sudán, completó el podio con marca personal (44”48).

Los últimos pasos de Van Niekerk, recortados y relajados, afearon algo la marca, pero no demsiado; no era el día para otro récord. Falta el 200, y el discípulo de Ans Botha, su septuagena­ria entrenador­a, corrió con eso en la cabeza.

En la pista es una gacela elegante de amplia zancada y sobre todo con una facilidad maravillos­a para desplazars­e, todo lo contrario a la zancada corta y de alta frecuencia de Michael Johnson. Y en cuanto acaba de correr, a la hora del show, no es Bolt, desde luego. Lo celebró de forma natural, sin estridenci­as ni muecas. Para eso -y para casi todo lo demás- solo hay un Bolt

LAS FRASES

Wayde Van Niekerk

“Es duro correr una final sabiendo que al día siguiente has de volver. Espero recuperarm­e del esfuerzo para el 200”

“Estoy acostumbra­do al dolor en las piernas al final del 400... pero sigue siendo terrible”

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FOTOS: EFE/AP Van Niekerk entrando en meta
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