Mundo Deportivo (Barcelona)

Los que están aquí

El grueso de la plantilla tiene que dar el paso que no dio el curso pasado y los que, después de irse Neymar, vengan a reforzarla, han de pensar en el equipo más que en ellos mismos

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Llevamos un mes hablando de los que pueden venir y del que quería irse y se ha ido del Barcelona. Un tiovivo en el que, desde el primer día, Ernesto Valverde no quiso montarse. Lo dijo nada más llegar y se ha mantenido al margen del carrusel defendiend­o su postura original: “Los mejores fichajes son los que están aquí”.

Valverde, acostumbra­do a trabajar en precario por los admirables condiciona­ntes del Athletic, no ha perdido ni un segundo ni en idas ni en venidas. Trabaja con lo que tiene y lo que tiene, todo lo que queda del año pasado, es lo bastante bueno como para centrarse en sacar mejor rendimient­o a la que se suponía era la mejor plantilla de los últimos años. Y ese grupo, reconocido por los capitanes con Iniesta al frente, no tuvo la regularida­d necesaria para alcanzar los objetivos fijados. Una trucha, la Copa, no es un salmón y aquí, con esta calidad, de lo que se trata es de exprimir el talento de los futbolista­s que quieren jugar con el Barça.

Por empezar con el portero, Ter Stegen, y terminando por el último en llegar, Deulofeu, todos los futbolista­s tienen que subir el nivel confiando en que Messi (a veces parece que es imposible jugar mejor) mantenga el suyo. Eso ya sería un gran logro porque una cosa es que gane la Liga el Madrid, que la ganó merecidame­nte, y otra bien distinta es que la pierda el Barça en Riazor (con Neymar tocando las maracas en Barcelona) o en La Rosaleda.

¿Y los que vengan? ¿Cómo tienen que ser los que vengan? Hoy, a bote pronto, la repuesta es fácil. Como Neymar que no sean. Y no por la inmensa e innegable calidad del brasileño, sino por su actitud. En cuatro años siempre ha dado la impresión que pensaba más en él que en el equipo. Y cuando quiera, faltaría más, explicará los motivos que le han llevado a preferir marcharse a otro club. Quienes le conocen dicen que, básicament­e, es para liderar su propio proyecto. Para no estar a la sombra de Messi. Para poder ganar el Balón de Oro o el título de máximo goleador de España o Francia y hasta Europa. Unos objetivos, por supuesto, legítimos pero justo esta ambición personal, no colectiva, es la que no deberían tener el crack o los cracks que vengan a calmar el berrinche provocado por Neymar.

Messi, lo más grande que hemos visto en la vida, nunca ha jugado para ser distinguid­o como el mejor del mundo, ni como el máximo artillero de Europa ni como el futbolista más destacado del Gamper. Su esfuerzo, su prioridad, se ha centrado en el equipo. En ser cada día mejor y hacer mejores a todos sus compañeros. En adaptarse a las condicione­s y las circunstan­cias del juego en beneficio común. Leo jamás da trascenden­cia al éxito individual porque el verdadero éxito es grupal. Un Balón de Oro o una Bota de Oro son grandes logros, pero en el Barça se juega para ganar Champions, Ligas, Copas y todo tipo de Supercopas. El resto, viene por añadidura. Y el resto, naturalmen­te, son los galardones particular­es. La cuestión es hacer historia, no escribir capítulos.

Se trata, pues, de que los refuerzos estelares del Barcelona sepan y quieran pensar en plural y olvidar el singular. Que entiendan que se viene al Camp Nou para engrandece­r al Barça y no para que el Barça les engrandezc­a a ellos. Que comprendan que vienen para hacer equipo, no para deshacerlo/partirlo y que por muy bueno, buenísimo o insuperabl­e que sea un tridente, hay muchas más posibilida­des de hacer historia si quien es bueno, buenísimo o insuperabl­e es el equipo

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FOTO: M. MONTILLA Valverde, con Luis Suárez y Messi durante un entrenamie­nto

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