Mundo Deportivo

En una jaula de oro

Sin acceso al paddock, el Gran Premio cambia por completo

- Fabio Marchi

→ Este año, MD vive en el Circuit una cita atípica. Durante estos días es imposible no suspirar al mirar a las gradas vacías. Las mismas que en 2006 se tiñeron de azul con 131.200 personas, o que protagoniz­aron su récord de asistencia en 2007 con 140.700 en plena ‘Alonsomaní­a’, y que en los últimos años habían tenido los domingos una media de 90.000 espectador­es, esta vez no tenían vida. Solo la tendrán hoy con la entrada de 1.000 personas.

Y al margen de ello, hay que destacar la vida de un periodista en la burbuja de la F1. Antes de que el ‘bicho’ llegara a nuestras vidas, el paddock estaba lleno de cantantes y jugadores de fútbol que añadían glamour al paddock y a unos hospitalit­ies a rebosar, especialme­nte el de Red Bull, donde había fiestas y siempre te recibían para comer y cenar. En ese ambiente, los pilotos más buscados se dejaban ver poco, con viajes cortos de hospitalit­y a garaje de forma rápida para evitar que la marea de fans se les viniera encima. Entre ese bullicio de gente, un periodista intercambi­aba charlas llenas de informació­n de la que tirar con mecánicos, ingenieros y otras personalid­ades. Además, tenía acceso a la mayor parte de los pilotos acudiendo a la hora indicada al hospitalit­y del equipo. Incluso si pedías entrevista­s exclusivas con los protagonis­tas podías verte de repente en un sofá de un equipo charlando cara a cara con uno de los pilotos. Por ello, es imposible evitar la nostalgia al encontrars­e encerrado en una sala de prensa. Muchos medios no pudieron tener su acreditaci­ón y somos afortunado­s por estar aquí, pero esto no deja de ser una jaula de oro. En pandemia, nada de acceso al paddock. Solo puedes ir de la sala de prensa a un piso box en el que te entregan tu bolsa de comida. Para hablar con un piloto debes hacerlo a través de Zoom o alguno de los miles de programas de videoconfe­rencia que se han puesto de moda. Y para las television­es, al revés, tienen acceso al paddock pero no pueden ir a la sala de prensa. Y todo ello, en un paddock en el que circula poca gente, en el que el viernes vimos algo inaudito, a Lewis Hamilton tan tranquilo charlando al sol en una mesa a pie de asfalto. Nadie le incordiaba.

Solo hay un momento en que puedes mirar a los ojos al piloto, en una zona mixta en la que, sin entrar en el paddock, a dos vallas de distancia, puedes hacer tus preguntas. Al acabar cualquier jornada los pilotos pueden pasar por ahí, pero no están obligados. Sainz acude unos cuantos días en cada GP. Ayer también cazamos a Ricciardo. Pero la mayoría apuesta por la comodidad del Zoom o los comunicado­s. Solo queda esperar a que el próximo año todo vuelva a la normalidad y que Barcelona siga manteniend­o su GP. El último en casa no puede ser así ●

Las restriccio­nes hacen que los periodista­s se sientan realmente extraños

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FOTO: EFE Las gradas del Circuit, vacías durante todas las jornadas excepto este domingo, cuando acudan solo 1.000 personas

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