Es pa­ra Ma­cri que lo mi­ra por TV

El Pais (Uruguay) - Ovacion - - PORTADA - JOSÉ MASTANDREA

—El te­ma es el pi­so del Cen­te­na­ro. Lo que po­cos sa­ben es que Ca­fo re­ci­bió 150.000 dó­la­res por el re­ci­tal de Ro­ger Wa­ters y pa­ra Ca­fo es un di­ne­ral, más allá de las con­se­cuen­cias. La can­cha que­dó ho­rri­ble, es cier­to, pe­ro es la úni­ca ma­ne­ra de re­ci­bir di­ne­ro. Fí­je­se que el clá­si­co le de­ja­rá en­tre 20 y 30 mil dó­la­res so­la­men­te.

—Sí se­ñor. Y al no ju­gar los gran­des, Ca­fo ne­ce­si­ta di­ne­ro. Mi­re que el Cen­te­na­rio te­clea. Me pa­sa­ron un dato pos­ta-pos­ta. Se es­tá de­te­rio­ran­do mu­cho ....

—To­do lo que quie­ra, pe­ro...

—Una bom­bi­ta. Si el mar­tes no es­tá el bo­rra­dor del nue­vo es­ta­tu­to de la AUF, se vie­ne la Fifa en­ci­ma. Y que­da mu­cho ca­mino por re­co­rrer. Se­gún me con­tó un di­ri­gen­te, se apro­ba­ron 60 pun­tos del nue­vo es­ta­tu­to, pe­ro res­tan 30 pun­tos más. La grie­ta es la di­vi­sión de po­de­res. Eso si: es­tá am­pa­ra­da la Li­ga Uruguaya del fútbol pro­fe­sio­nal den­tro del nue­vo es­ta­tu­to. Los clu­bes quie­ren ha­cer sus ne­go­cios y te­ner sus spon­sors.

—El in­ter­ven­tor Bor­da­berry es­tá pre­sio­nan­do, pe­ro es­tá difícil. Hay mu­chos in­tere­ses de por me­dio. pa­ga­dos en diez cuo­tas de 3.500 dó­la­res abo­na­dos en un cam­bio. Así que el te­ma Auf­ga­te no ter­mi­nó. Si­guen las in­da­ga­cio­nes y no hay un pun­to fi­nal por­que se quie­re lle­gar al fon­do del asun­to. Los clu­bes creen que hay mu­cho más. de esa Cul­tu­ra Na­cio­nal”, en cla­ra re­fe­ren­cia a las deu­das que de­jó el go­bierno de Alar­cón.

—Y le de­jo la del es­tri­bo. Va­rios plan­te­les van al se­gu­ro de pa­ro... pre­gun­te... ave­ri­güe ....

Ma­cri, el pre­si­den­te de los ar­gen­ti­nos, pre­sio­nó pa­ra que los su­per­clá­si­cos que de­fi­ni­rán la Co­pa Li­ber­ta­do­res se jue­guen con hin­cha­das vi­si­tan­tes. El pro­pio Go­bierno, y los pre­si­den­tes de Bo­ca y Ri­ver, di­je­ron que no es­ta­ban da­das las con­di­cio­nes y que los clá­si­cos se­rían con hin­cha­da lo­cal. Pri­me­ro en La Bom­bo­ne­ra y des­pués en el Mo­nu­men­tal. Eso su­ce­de al otro la­do del char­co. Bien cer­ca. Tra­te­mos de mar­car esa di­fe­ren­cia, al me­nos en nues­tro clá­si­co que de­fi­ni­rá el Uru­gua­yo y ten­drá am­bas hin­cha­das y has­ta dos tri­bu­nas com­par­ti­das.

Mi­re­mos la mi­tad del va­so lleno. Ha­brá lu­gar pa­ra los hin­chas de Pe­ña­rol y Na­cio­nal. To­dos po­drán vi­vir la fies­ta clá­si­ca an­te la en­vi­dia de Ma­cri y los su­yos, que qui­sie­ron pe­ro no pu­die­ron. De­mos un buen ejem­plo y que la fies­ta trans­cu­rra en paz; que de una vez por to­das se en­tien­da que es un par­ti­do de fútbol y que no se ter­mi­na el mun­do.

Apren­da­mos de los ju­ga­do­res que se abra­zan y sa­lu­dan an­tes del par­ti­do y si­ga­mos el ejem­plo de esas fa­mi­lias en don­de se com­par­te la pa­sión sin dra­mas, con hin­chas de Na­cio­nal y Pe­ña­rol. Que el clá­si­co sea una fies­ta den­tro y fue­ra de la can­cha. Con el alien­to de dos hin­cha­das for­mi­da­bles, con el em­pu­je de los fut­bo­lis­tas, con la es­tra­te­gia y la tác­ti­ca de los en­tre­na­do­res, y tam­bién, de ser po­si­ble, con un ar­bi­tra­je que pa­se inad­ver­ti­do. Ha­ga­mos que Ma­cri mi­re con re­ce­lo el co­lo­ri­do de la Áms­ter­dam y la Co­lom­bes, que se pre­gun­te có­mo es po­si­ble que en el Uru­guay se vi­va un su­per­clá­si­co con tri­bu­nas com­par­ti­das y en paz. Tan cer­ca y tan le­jos.

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