Cui­da tus pies

El Diario de El Paso - - Opinión -

¿Los pies pue­den au­men­tar de ta­ma­ño? ¿Có­mo se ali­via el pie de atle­ta? Na­die es ex­per­to en pies, y tú, co­mo cual­quier otro ser hu­mano, cuen­ta con un par, así que ob­via­men­te ten­drás du­das al res­pec­to, y aquí es­ta­mos pa­ra re­sol­ver­las.

¿Pue­do ob­te­ner pie de atle­ta en la re­ga­de­ra del gym? De he­cho pue­des ob­te­ner pie de atle­ta des­de el pi­so de los loc­kers. Aún así, las ve­rru­gas plan­ta­res son tu peor ries­go. El vi­rus, el cual vie­ne del VPH (ese que cau­sa cán­cer cer­vi­cal), pue­de vi­vir en la su­per­fi­cie hú­me­da del pi­so. Siem­pre usa za­pa­tos pa­ra ba­ño al usar las re­ga­de­ras, y lím­pia­las con ja­bón y agua des­pués de usar­las y dé­ja­las se­car en ca­sa.

Lue­go sien­to un cos­qui­lleo en mis pies o no los sien­to, ¿es nor­mal? Esos sín­to­mas son co­mu­nes en per­so­nas dia­bé­ti­cas, pe­ro tam­bién pue­den ser se­ñal de otros pro­ble­mi­tas me­jo­res. Si no­tas la fal­ta de sen­si­bi­li­dad al qui­tar­te los za­pa­tos, pue­de ser que és­tos es­tén muy ajus­ta­dos, lo cual po­dría com­pri­mir los ner­vios. Otro cul­pa­ble po­dría ser tu die­ta. Las aler­gias al glú­ten o ali­men­tos in­fla­ma­to­rios co­mo car­bohi­dra­tos re­fi­na­dos y azú­ca­res, pue­den in­fla­mar los ner­vios y cau­sar cos­qui­lleo en los pies. Es­to tam­bién pue­de su­ce­der por de­fi­cien­cia de Vitamina C.

¡Mis pies es­tán cre­cien­do! Sip, eso es nor­mal. Los ten­do­nes y los li­ga­men­tos que so­por­tan el pie em­pie­zan a aflo­jar­se a par­tir de los 30, y el ar­co em­pie­za a caer­se. Esos pe­que­ños cam­bios ha­cen que el pie se vuel­va más lar­go y an­cho, aun­que la ex­pan­sión es su­til, y tus za­pa­tos no ne­ce­si­ta­rán rem­pla­zo. Por otra par­te, el em­ba­ra­zo tam­bién ha­ce que los pies se in­fla­men y suban de me­dia ta­lla de­bi­do a una hor­mo­na lla­ma­da re­la­xi­na, la cual ha­ce que los li­ga­men­tos del cuer­po se alar­guen.

¿Por qué hue­len mal? Ese mal olor es el re­sul­ta­do de la com­bi­na­ción de su­dor y mu­gre, es de­cir, las bac­te­rias que se acu­mu­lan en tus pies. Pa­ra re­me­diar­lo, lo me­jor se­ría apli­car un tal­co an­ti­olor des­pués de ba­ñar­te, pa­ra ab­sor­ber el ex­ce­so de hu­me­dad. Y si tie­nes tiem­po, pre­pa­ra un té ne­gro y una vez que en­fríe, re­mo­ja tus pies en el lí­qui­do por 10 mi­nu­tos pa­ra dis­mi­nuir el ta­ma­ño de las glán­du­las ce­bá­ceas.

Ape­nas ten­go 30, y ya no so­por­to los ta­co­nes… ¿por qué? Des­afor­tu­na­da­men­te ese pe­que­ño colchón en nues­tras plan­tas se va a adel­ga­zan­do con el tiem­po, ha­cien­do que los ta­co­nes po­co a po­co se vuel­van me­nos so­por­ta­bles. Pe­ro si los usas con re­gu­la­ri­dad, en al­gu­nos ca­sos, el cuer­po pue­de adap­tar­se y re­em­pla­zar ese colchón en la plan­ta, por ca­yos tan du­ros, que po­drán so­por­tar el pe­so.

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