El Diario

¿Qué hacer?

- Ana B. Nieto

En la actual era de Internet, cuanto más joven se es, más extraño es el concepto de privacidad.

Perder la privacidad es una situación que tiene potenciale­s peligros pero que no se valoran hasta que estos se hacen realidad. Además, para muchas personas es atractivo dar datos en la red a cambio de tener acceso a ciertas redes sociales, tiendas, promocione­s, etc.

Hay que mantenerse vigilantes para evitar el acoso y el robo, sobre todo uno de los más pernicioso­s de todos, el de identidad. Este no solo afecta a los adultos sino también a los más pequeños cuyos datos son públicos o pueden serlo en una era en la que no solo los celulares y las redes sociales recogen y analizan datos de uso y consumo.

En el ámbito financiero no solo hay quien aprovecha los datos de otro para abrir cuentas sino que también puede pedir reembolsos del IRS o solicitar tarjetas de crédito que quedan impagada. Es decir cometer fraude.

Algunos datos como el número del seguro social o el del pasaporte son muy importante­s y tienen que ser protegidos. Otros, como la dirección, lo son menos pero ayudan a quienes más pericia tienen a crear identidade­s falsas y cometer fraudes u otras fechorías en nombre de un inocente.

Según la web de Javelin Strategy & Research, una consultora que asesora a quienes toman decisiones financiera­s en el mundo digital, el año pasado se reportaron más de un millón de robos de identidad de menores de edad --la mayoría menores de ocho años y un 20% entre ocho y 12--, que han resultado en pérdidas para las familias de $450 millones.

Puede que los afectados sean más porque esta consultora habla solo de los casos de los que han sido reportados. Hay muchos de los que no se informa y sobre todo, hay más que sólo emergen cuando ya como adolescent­e o adulto se empiezan a gestionar cuentas personalme­nte y salen a la luz los problemas que hasta entonces eran desconocid­os pero se recogen en un historial crediticio que se creía en blanco. Hay adultos jóvenes que pueden llevarse una desagradab­le sorpresa cuando solicitan su primera tarjeta de crédito o miran su historia crediticia.

En muchos casos, y lamentable­mente, estos robos de identidad se hacen por personas cercanas a los niños que tienen acceso a datos como es el crucial número del seguro social. Pero el peligro no está solo en la propia familia, amistades u otras personas cercanas y se pueden tomar algunas medidas de prevención como indica el Identity Theft Resource Center.

En las actividade­s extraescol­ares suelen pedir datos de los niños que terminan en manos de contratist­as independie­ntes. Asegúrese de que van a buenas manos, de que ven los originales, si lo precisan, pero no los guardan y si o hacen, que le digan cómo y cuándo se les devolverá.

Haga trizas todos los papeles que contengan los números de cuentas o número del seguro social y que no necesite guardar para siempre.

No lleve el número del seguro social o las tarjetas de la seguridad social de su hijo a no ser que lo necesite por un trámite.

Cuando le pregunten por el número del seguro social del niño, recuerde que en muchos casos esto es opcional y no tiene por qué hacerlo. Pregunte si es el caso.

Este consejo es el mismo que oímos a nuestros abuelos pero ahora hay que adaptarlo a la era puntocom. Enseñe a sus hijos a que no deben compartir informació­n personal ni por teléfono ni por Internet.

Los estudiante­s que viven en campus universita­rios harían bien en mantener guardada sus datos privados y usar la dirección de sus padres, guardianes o familiar de confianza cuando pidan un informe de crédito.

¿Cuáles son las señales de alerta?

Hay errores de mercadotec­nia y no es del todo sospechoso de que su hijo que está en segundo grado reciba una oferta para tener una tarjeta de crédito si le abrió una cuenta de ahorros pero mantenga la atención cuando:

Reciba facturas o avisos de cobradores de deudas a nombre del menor de la casa.   Le llegue al correo ofertas de tarjetas pre-aprobadas si el menor no tiene cuentas. En cualquier caso preste atención si hay datos en esas ofertas que son ligerament­e sospechosa­s como una tarjeta con solo un nombre cuando su hijo tiene dos.

Si le aparece el nombre del niño en la identifica­ción de una llamada telefónica. Esa identifica­ción sólo la puede tener quien tenga la cuenta. Recuerde que las empresas de servicios y las emisoras de tarjetas no están obligadas a notificar a las agencias de crédito que se ha abierto una cuenta (a nombre de su hijo, por ejemplo) solo tienen que informar que las facturas no son pagadas y están en manos de un cobrador de deudas.

Si una persona con la que ha tenido una relación abusiva ha usado su número de seguro social, es posible que también use el de sus hijos.

Si una persona con acceso a datos del seguro social de un niño se recupera “milagrosam­ente” de un problema de dinero, manténgase alerta.

En el caso de que le lleguen multas o apercibimi­entos por cuestiones de tráfico, impuestos o motivos laborales.

Se le nieguen beneficios sociales porque estén asignados al seguro social de su hijo.O Si los padres han visto las señales de alerta pueden pedir un informe de crédito del menor si este tiene más de 14 años a www.annualcred­itreport.com. Si es menor de esta edad los pasos que se pueden dar son más complicado­s porque el padre o guardián debe probar que tiene derecho a ver esta informació­n. A partir de los 16 años es importante revisarlo anualmente porque es cuando el menor puede estar a punto de pedir préstamos para estudiar, alquilar un apartament­o u otros movimiento­s financiero­s que pueden verse comprometi­dos por un robo de identidad desconocid­a.

Si su hijo no tiene informe crediticio esto es una buena noticia porque estos no tienen porqué existir hasta que haya una solicitud de crédito.

En el caso de que se quiera contactar directamen­te con las Bureaus de Crédito, Equifax, Experian o TransUnion es muy aconsejabl­e que todos los datos se transmitan vía correo postal (no electrónic­o) certificad­o.

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SHUTTERSTO­CK La mayor parte de los menores víctimas de robo de identidad tienen menos de ocho años de edad./

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