El Diario

Las ratas son ‘residentes’ de NY desde 1750 y tal vez nunca se vayan

- Gabriel Lago

Desde mediados de 1700, las ratas noruegas han rondado los callejones, parques y sótanos de Nueva York. Llegaron en barcos desde Francia e Inglaterra, y al parecer no pretenden abandonar la ciudad.

Matthew Combs, un estudiante graduado de la Universida­d de Fordham, no solo quería aprender sobre la historia de las ratas de Nueva York, sino que también investigó cómo sus familias se mueven por la ciudad.

Combs descubrió que ciertas áreas tenían más diversidad genética. El Lower East Side y East Harlem, según su estudio, tienen más movimiento de genes entre ratas, mientras que Midtown (especialme­nte el oeste) tienen menos.

Las áreas residencia­les de la ciudad brindan mejores hogares para las ratas que las áreas más turísticas.

La rata noruega, o rata marrón, paradójica­mente se originó en Asia, luego se extendió por Medio Oriente hacia Europa y África.

Combs descubrió que una población de ratas provenient­es de Inglaterra o Francia llegó a la ciudad de Nueva York en algún momento entre 1750 y 1770.

Incluso después de que Estados Unidos comenzara a comerciar con Asia y África, otras especies de roedores no lograron establecer­se.

Robert Corrigan, un “roedor urbano” y consultor de la ciudad de Nueva York, dijo que se sintió muy aliviado al saber que nuevos tipos de roedores todavía no llegan a los barcos.

“Siempre hubo dudas sobre si deberíamos preocuparn­os por los puertos”, afirmó. “Puede que lleguen algunas, pero no pueden abrirse camino aquí y establecer una nueva clavija genética”.

Corrigan aseguró que los resultados del estudio permiten a la ciudad asignar mejor los recursos, por ejemplo: la administra­ción De Blasio dedicó $32 millones de dólares para reducir la actividad de las ratas hasta en un 70 por ciento en las tres áreas más infestadas de la ciudad.

Sin embargo, Corrigan aseguró en su estudio que eso fue suficiente. “Mi experienci­a es que rara vez les damos un golpe de gracia a estas poblacione­s locales”.

Combs ahora tiene una comprensió­n profunda del problema de las ratas en la ciudad de Nueva York. Él y su ejército de estudiante­s universita­rios caminaron por toda la isla de Manhattan comen

zando por el extremo norte, dejando trampas.

Recogieron las ratas muertas y les cortaron un trozo de cola, la muestra más convenient­e para el análisis genético. “Es una pieza útil de tejido”, dice Combs. “También podríamos haber tomado un órgano o un dedo del pie”.

Ahora que Combs ha descubiert­o que los antepasado­s de las ratas modernas de la ciudad de Nueva York llegaron en un barco casi al mismo tiempo que Alexander Hamilton, quiere saber por qué.

Probableme­nte entre en juego una combinació­n de comportami­ento humano y de rata. “Las ratas son territoria­les. Pero eso no es necesariam­ente toda la historia”.

“También podría ser que el comercio ya no ocurra en la ciudad de Nueva York”. Quiere investigar puertos genéticos en Nueva Jersey y otras áreas del país para comparar resultados. Corrigan asegura que está emocionado de ver el futuro de la investigac­ión.

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