EL CE­LU­LAR NO ES LO IM­POR­TAN­TE

La Prensa - Orlando - - #OPINIÓN #COLUMNASINVITADAS - Dia­na Font

Ca­da vez que paso por un área don­de aca­ba de ocu­rrir un ac­ci­den­te me digo: “apues­to que fue por un ce­lu­lar”. Has­ta que no pier­dan a un ser que­ri­do no van a en­ten­der el su­fri­mien­to tan­to de las víc­ti­mas co­mo sus se­res que­ri­dos que tie­nen que ayu­dar du­ran­te ese pro­ce­so de re­cu­pe­ra­ción.

Me he en­tre­ga­do tan­to a es­ta cau­sa que es­toy im­pri­mien­do unos ‘Bum­per stic­kers’. ¡No eres tan im­por­tan- te! Yo no soy tan im­por­tan­te que ten­ga que per­mi­tir que un tex­to me pri­ve de la vida. El día que atro­pe­lla­ron a mi hi­jo me en­te­ré a las dos ho­ras. No por­que es­ta­ba ma­ne­jan­do, por­que es­ta­ba tra­ba­jan­do en mi ofi­ci­na, pe­ro la se­cuen­cia en que ocu­rren las co­sas. No vas a cam­biar na­da tex­tean­do mien­tras ma­ne­jas. ¡Suel­ta el te­lé­fono! No tie­nes que aguan­tar­lo por­que si fue­ra par­te de tu cuer­po, Dios te lo hu­bie­se pues­to en el cuer­po. Yo ha­blo por un ‘hands free’ y no to­co el te­lé­fono al me­nos que es­té en un se­má­fo­ro. No mien­tras ma­ne­jo por­que es mi res­pon­sa­bi­li­dad ma­ne­jar.

Le doy gra­cias a Dios no so­la­men­te por con­ce­der­me la di­cha de ser ma­dre de un buen hom­bre que tie­ne una se­gun­da opor­tu­ni­dad en la vida sino tam­bién agra­dez­co lo mu­cho que he apren­di­do so­bre el te­ma. Me asom­bro de las ma­ra­vi­llas de esa par­te tan frá­gil den­tro de nues­tra ca­be­za.

Ano­che, vien­do un pro­gra­ma con mi hi­jo, le co­men­té que siem­pre le pro­te­gen el pe­cho a la po­li­cía pe­ro nun­ca la ca­be­za. Mis amo­res, sin el ce­re­bro, de na­da sir­ve tu co­ra­zón. ¿Por qué pro­te­ge­mos el cuer­po y no el ce­re­bro?

Un abra­zo y por fa­vor, cuan­do en­cien­das el au­to, no aga­rres el te­lé­fono y mi­ra dos ve­ces.

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