El sal­to al va­cío de Eu­ge­nio Der­bez

La Raza Chicago - - FRONT PAGE - Ra­fael Co­res

Con “Ins­truc­tions Not In­clu­ded” Eu­ge­nio Der­bez to­mó por asal­to el mer­ca­do es­ta­dou­ni­den­se. Ani­ma­do por ese éxi­to, el ac­tor me­xi­cano dio el sal­to a Holly­wood y co­men­zó a tra­ba­jar en un pro­yec­to que hoy ve la luz: “How to be a La­tin Lo­ver”.

En es­ta co­me­dia Der­bez com­par­te pan­ta­lla con Sal­ma Ha­yek y con los ac­to­res es­ta­dou­ni­den­ses Rob Lo­we, Kris­ten Bell y Michel Ce­ra. Creo que se die­ron cuen­ta de que es una fór­mu­la que fun­cio­na, por­que así es la vi­da. A mí co­mo la­tino en es­te país me mo­les­ta­ba mu­cho ver pe­lí­cu­las en don­de apa­re­cía gen­te de otros paí­ses, y van a Mé­xi­co por ejem­plo, y to­do el mun­do ha­bla in­glés. Y se van a Ru­sia y to­do el mun­do ha­bla in­glés.¿Por qué las pe­lí­cu­las en Holly­wood no pue­den ser más na­tu­ra­les? Los la­ti­nos que es­tán aquí hablan in­glés en su tra­ba­jo, hablan in­glés to­do el día, pe­ro cuan­do es­tán en su ca­sa ellos so­los hablan es­pa­ñol. En­ton­ces yo le di­je al director: yo de­ja­ría las es­ce­nas que son só­lo en­tre Sal­ma y yo en es­pa­ñol, y lo de­más lo ha­bla­mos en in­glés.

El director es­ta­ba de acuer­do, pe­ro fue di­fí­cil por­que al es­tu­dio no le gus­ta sub­ti­tu­lar las pe­lí­cu­las. Di­cen que los ame­ri­ca­nos se es­pan­tan cuan­do hay sub­tí­tulos por­que no les gus­ta leer­los. Pe­ro en es­te ca­so se sien­te muy or­gá­ni­co, muy nor­mal. Y yo sien­to que así es­toy in­clu­yen­do a mi S~EOLFR TXH HV HO TXH ÀQDO­men­te

me ha traí­do has­ta acá.

Nun­ca ha­bía­mos tra­ba­ja­do jun­tos. Y yo no sa­bía có­mo era Sal­ma. Lle­gué a te­ner un po­qui­to de mie­do de que ella fue­ra a ser un po­qui­to “es­pe­cial”, y de re­pen­te me en­con­tré con una Sal­ma to­tal­men­te dis­pues­ta, to­tal­men­te ama­ble, con una quí­mi­ca que nun­ca ha­bía­mos des­cu­bier­to que te­nía­mos. Nos en­ten­di­mos des­de el pri­mer se­gun­do. No tu­vi­mos tiem­po de en­sa­yar por­que ella ve­nía de otra pe­lí­cu­la, pe­ro la pri­me­ra es­ce­na que ro­da­mos es la úl­ti­ma de la pe­lí­cu­la y se no­ta que hay un ca­ri­ño ge­nuino. La quí­mi­ca fue in­me­dia­ta, ma­ra­vi­llo­sa y de he­cho es­ta­mos pen­san­do en tra­ba­jar más se­gui­do jun­tos.

¿Qué ti­po de pe­lí­cu­la les gus­ta­ría ha­cer?

Que­re­mos ha­cer co­sas que ten­gan que ver con nues­tra cul­tu­ra, que re­pre­sen­ten lo que so­mos, por­que nos gus­ta po­ner el nom­bre de los la­ti­nos en al­to. So­bre to­do aho­ri­ta cree­mos que es mo­me­nWR GH GLJQLÀFDU XQ SRFR D ORV la­ti­nos en Es­ta­dos Uni­dos.

Fue un sal­to al va­cío lle­gar a un país don­de he te­ni­do que em­pe­zar de ce­ro. Pe­ro con mu­cha fe, so­bre to­do des­pués de “Ins­truc­tions Not In­clu­ded”, que fue el mo­tor que me hi­zo ir­me. Di­je: “Si no lo ha­go aho­ri­ta, no lo voy a ha­cer nun­ca”. Exac­to, pe­ro creo que cum­ple un po­co con las dos cul­tu­ras. Ha­ce reír a los la­ti­nos y creo que pue­de ha­cer reír a los ame­ri­ca­nos. Pe­ro sí me da un po­qui­to de ner­vio... La idea ori­gi­nal es el pós­ter que va a sa­lir en Mé­xi­co, don­de sal­go yo co­mo el fun­da­dor de Play­boy – en ba­ta–, pe­ro ro­dea­do por pu­ras an­cia­ni­tas. Pe­ro lue­go en el es­tu­dio vie­ron la fo­to mía en tra­je de ba­ño y me di­je­ron que pa­ra el mer­ca­do de EEUU fun­cio­na­ba me­jor. Yo de­cía “¡Dios mío, qué ver­güen­za!”. Me ima­gi­na­ba yo en los bill­boards, en los pós­ters, en los ci­nes… y mi fa­mi­lia vién­do­me ahí en una tan­ga ama­ri­lla con la pan­za que tu­ve que cons­truir pa­ra la pe­lí­cu­la. Pe­ro creo que que­dó chis­to­so el pós­ter, que es lo que im­por­ta.

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