Vanguardia - Domingo360 : 2020-07-12

HOMENAJE : 20 : 20

HOMENAJE

20 HOMENAJE HOMENAJE A KARLA LETICIA DE LA FUENTE DE GARZA 21 DE ABRIL 1972 - 31 DE MARZO 2020 “ palabras. Llamamos, abrazamos y dijimos a todos que los queremos y los amamos, ahora ella lo seguirá haciendo a través mío y de mis hijos. Karla no se merecía esto, pero fue ella, mi Santa, la persona que Dios escogió. Ojalá su dolor y muerte ayude a todos a valorar, no las cosas más importante­s, sino lo único importante. Escribió alguien: “Se nos olvida que la vida es un ratito, que las personas no son eternas y las oportunida­des se acaban”. “Digan, hagan y quieran todo lo que puedan hoy, porque tal vez mañana ya no puedan”. Visitamos a quienes pudimos y permitimos que visitaran a Karla quienes así lo desearan a pesar de su estado, eso le daba ánimos y aliento para hacer llevaderos sus días. Cuando estaba un poco mejor y aún con la enfermedad, orquestó viajes en familia, porque si algo le gustaba hacer a ella era viajar y lo hicimos cuanto pudimos, no hacía falta mucha programaci­ón, a la menor oportunida­d o invitación nos íbamos; nos quedamos con muchos recuerdos y alegrías. Solo al final, cuando los cuidados de su cuerpo fueron más demandante­s, tuvimos que parar y vivir un día a la vez, y sólo entonces dijo, “ya tengo que quedarme quieta y aceptar mi realidad”, y también “sé que voy a morir en cama, pero no quiero vivir en ella”. Hoy dedico este homenaje a Karla como un reconocimi­ento a lo que ella fue en vida, a la persona maravillos­a que Dios me dio para formar esta hermosa familia con Daniel, Juan Carlos y Diego. Queremos que Karla sea un referente importante para comprender y disfrutar la vida, y ahora también para aceptar la muerte cuando ésta llegue, hoy, mañana o pasado, nunca sabremos. Su enfermedad y su partida se asemejaron a un período otoñal, cuando el susurro del viento va despojando lentamente las hojas de los árboles hasta quedarse sin ellas por completo. El mal fue arrancando lentamente, despacio y sin pausa, la fuerza de todo su cuerpo y éste se fue entregando a la muerte, marchitánd­ose con prisa pero al mismo tiempo con bondad, porque ese doloroso proceso nunca pudo quitarle su sonrisa; luchó mil batallas por dentro con mil sonrisas por fuera. Las hojas otoñales fueron cayendo y formaron una alfombra que preparó su camino, el invierno pasó rápido y ahora ella vive en eterna primavera. Se habla de las etapas del duelo y en el caso de Karla el nuestro comenzó en abril del 2018, hace apenas dos años, con el diagnóstic­o de su enfermedad, estando mis hijos y yo con ella, cimentados firmes y sólidos como familia. Vinieron entonces HOY ES UN DÍA MARAVILLOS­O” gritaba yo, tradición matutina al despertar a mis hijos……. “Y HAY QUE VIVIRLO CON ALEGRÍA”, replicaban ellos al unísono, y HOY no es la excepción. Hoy es un día Maravillos­o. Dios pasó por nuestra casa, abrazó a Karla y la tomó para sí. Terminó su misión en la tierra; nada fácil; compleja y sufrida, sin desestimar ninguna otra. Le dio una vida plena y la coronó con la agonía de una enfermedad humanament­e inaceptabl­e e incomprens­ible. Dios no le dio el milagro; tampoco, por más que hicimos, dimos con la cura, porque no la hay. No he tenido más dolor y sufrimient­o en mi vida que acompañarl­a sus últimos momentos, vigilando su día y transitand­o la obscuridad de sus noches, viendo el perfil de su cara, gestos de paz y mirada profunda; de repente inquietud y desesperac­ión, como queriendo liberarse de esa esclavitud. 23 meses de su diagnóstic­o, noches enteras sin dormir y casi sin necesidad de alarmas para atenderla, pendiente de su corazón y su aliento, captando el menor momento de lucidez para arrodillar­me ante ella y decirle que todo estaba bien, que todos estábamos con ella; que tenía tanto o más miedo que ella pero que Dios estaba ahí con nosotros y nos acompañaba en todo momento. Admiración total a Karla. Su seguridad, su firmeza, su integridad, su independen­cia, su mirada decidida siempre en hacer y construir algo más. Tuvo dedicación entera a los hijos además de sus proyectos y metas de trabajo y supo rodearse de amistades correctas”. el shock, la negación, el miedo, el enojo, la negociació­n con Dios, la depresión, la resignació­n, la aceptación, el buscar el sentido de lo que estaba pasando. Vivimos toda su enfermedad como un duelo, eso nos permitió hacer lo que pocos pueden o quieren: tuvimos tiempo de hablar y perdonarno­s, ella tuvo tiempo de poner su corazón y su alma al día. Hicimos las paces con los vivos y a ellos les dimos amistad y cariño. Hablamos con quien teníamos que hablar y pedimos perdón, nos lo dieran de regreso o no, eso no importa, porque el verdadero perdón está en los hechos y acciones y no en las lágrimas y 360. / Saltillo, Coahuila / domingo 12 de julio de 2020