EN INFUSIÓN

Los sa­lo­nes con más en­can­to y los ‘tips’ de ex­per­to te acer­can al mis­te­rio­so mun­do de una plan­ta mi­le­na­ria.

ELLE Gourmet - - Sumario - POR AMA­YA LACARRA

Nos aden­tra­mos en el mun­do del té.

Des­pués del agua, el té es la be­bi­da más con­su­mi­da del mun­do. En nues­tro país, su com­pra se ha dis­pa­ra­do en la úl­ti­ma dé­ca­da, ca­da vez hay más tien­das es­pe­cia­li­za­das y el in­te­rés po­pu­lar es­tá en ple­na ebu­lli­ción. Sin em­bar­go, de­trás del ape­te­ci­ble tea ti­me, del olor a jaz­mín y del es­pí­ri­tu zen que en­car­na, exis­te un mun­do com­ple­jo y con mu­chas la­gu­nas to­da­vía por cu­brir

(un co­me­ti­do para el que han na­ci­do or­ga­nis­mos co­mo la Aso­cia­ción Es­pa­ño­la de Té e In­fu­sio­nes y la Es­cue­la Es­pa­ño­la del Té). China es el pun­to geo­grá­fi­co del que par­te to­da es­ta his­to­ria, aun­que no se sa­be con exac­ti­tud cuán­do ni có­mo em­pe­zó a con­su­mir­se el té tal y co­mo hoy lo co­no­ce­mos; al res­pec­to, só­lo exis­ten le­yen­das de em­pe­ra­do­res y cu­ran­de­ros. Lo que sí es­tá cla­ro es su po­der hip­no­ti­zan­te: en el pa­sa­do, es­ta plan­ta prehis­tó­ri­ca cau­só gue­rras (la del opio, por ejem­plo) y hoy es ca­paz de unir a Orien­te y Oc­ci­den­te en un mis­mo ri­tual, en el que sen­tar­se jun­to a una ta­za ca­lien­te se eri­ge co­mo el me­jor en­cuen­tro so­cial. Eso sí, da igual que lo ha­gas en un sa­lón in­glés, o en la mon­ta­ña ti­be­ta­na. Por­que, aun­que exis­ten in­fi­ni­tas va­rie­da­des, to­das pro­vie­nen de una mis­ma plan­ta, la Camellia sinensis, y se pue­den cla­si­fi­car en seis úni­cos ti­pos (blan­co, ver­de, ama­ri­llo, oo­long, negro y ro­jo). La diferencia la mar­ca el pro­ce­so al que se so­me­ten las ho­jas re­co­lec­ta­das (el en­ro­lla­do y se­ca­do, el gra­do de oxi­da­ción...).

El des­em­bar­co en Es­pa­ña de es­ta be­bi­da, allá por el XVI, se lo de­be­mos a los ho­lan­de­ses; ellos fue­ron los pri­me­ros en in­tro­du­cir el té en sus bar­cos, lle­nos de mer­can­cía exó­ti­ca. Más tar­de, el in­te­rés de la reale­za in­gle­sa lo ele­vó a la ca­te­go­ría de pro­duc­to gour­met. En cuan­to a sus be­ne­fi­cios, tam­bién exis­ten mi­tos: ni adel­ga­za ni es an­ti­oxi­dan­te. Sin em­bar­go, sa­be­mos es que es una be­bi­da saludable, fuen­te na­tu­ral de flúor, que fa­vo­re­ce el buen hu­mor y la con­cen­tra­ción y que, gra­cias a la sim­bio­sis de la teí­na y la L-tea­ni­na, con­si­gue el me­jor de los efec­tos: des­per­tar tu men­te y so­se­gar tu cuer­po. ¿Pre­pa­ra­da para le­vi­tar?

SUS IN­FI­NI­TAS VA­RIE­DA­DES SE CLA­SI­FI­CAN EN SEIS GRAN­DES GRU­POS Y TO­DAS PRO­VIE­NEN DE UNA SO­LA PLAN­TA, LA ’CAMELLIA SINENSIS’

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