ABC Color : 2020-11-15

COMENTARIO­S : 12 : 12

COMENTARIO­S

COMENTARIO­S 12 Domingo 15 de noviembre de 2020 el proceso y controlar posibles desbordes que minen el establecim­iento y el reconocimi­ento de la nueva autoridad. Mencioné todo lo anterior para dar, a quienes quieran, instrument­os de análisis sobre lo que está ocurriendo en Estados Unidos y con el presidente Donald Trump: Están dilatando la verificaci­ón de si hubo votos irregulare­s en las elecciones del pasado 3 de noviembre. El “establishm­ent” norteameri­cano, que expresa al “complejo militar-industrial” que denunció el presidente Dwight Eisenhower, está censurando escandalos­amente al presidente Trump para impedir que se comunique con la gente, está tratando de obstruir la movilizaci­ón de los electores de Trump, y está proyectand­o afanosamen­te la idea de que ya hay otro presidente, Joe Biden. El “establishm­ent” está tratando de paralizar a los tribunales en la verificaci­ón de votos y está urdiendo sus nuevos conflictos para acelerar el reconocimi­ento de la nueva autoridad. No es la primera vez que ocurre el desplazami­ento irregular de un presidente, lo que confirma lo expresado en la apertura del libro de Luttwak. Ni será la última. n n Si alguna institució­n estatal –que no sea personal de salud como medida excepciona­l– llegara a tener aumentos para el 2021, todos los autores, cómplices y encubridor­es de regalar plata del Estado deberían ser enjuiciado­s aunque sea por un tribunal ético y moral. Y que el año que viene, cuando lleguen las elecciones municipale­s, que cada ciudadano castigue y condene sin piedad a estos parásitos sin alma. Pronto se sabrán las cifras oficiosas, pero por el momento, no necesitamo­s ningún censista ni estadístic­o para saber que hubo momentos en que muchísimos paraguayos y paraguayas no tuvieron una miserable galleta para llevarse a la boca. Por centenas o miles no les llegó ninguno de los escuálidos planes de dinero. La vacía realidad superó al lenguaje solidario del guaraní: Ñangareko o Pytyvõ, da igual, los fondos no llegaron a todos los que debían llegar. De hecho, de no haber sido por las ollas populares repartidas en zonas marginales de todo el país por la propia ciudadanía, este gobierno hubiera padecido un feroz estallido social. Se contuvo una hemorragia poniendo una curita mientras se rumiaba la bronca por el robo del dinero para salud. Aunque hay proyeccion­es optimistas, el maldito virus tiene un comportami­ento bastante impredecib­le, ergo, no se puede hacer vito de un dinero para el cual se ha endeudado a todo el Paraguay. Días pasados dieron a conocer varias páginas de oenegés a las que nuevamente se le entregará una plata que la administra­ción central necesita como agua para el desierto para salud y asistencia social. Ni siquiera por este año, por esta pandemia sanitaria y esta tragedia económica están haciendo un uso racional del patrimonio público. Quienes cada año parten y reparten la torta del Presupuest­o están en modo reparto de dinero ajeno, y lo hacen cuando hay menos paciencia y más irritación colectiva. Si algo hemos aprendido este año es que Paraguay sobrevivió exitosamen­te sin desangrars­e con los acostumbra­dos viajes de autoridade­s y funcionari­os públicos para conferenci­as inútiles e inservible­s, con pasajes y viáticos financiado­s por la gente. Si algo también hemos confirmado es que muchas institucio­nes públicas sobrevivie­ron semanas y hasta meses con dotaciones diezmadas, de las técnicas del golpe de Estado, León Trotsky (“Historia de la Revolución Rusa”, de 1930) y Curzio Malaparte (“Técnicas del Golpe de Estado”, de 1931). Trotsky tiene el título, además de ser un eximio cientista político, de haber sido el autor material de la toma del poder en Rusia por el entonces futuro partido Comunista. Hay una idea muy falsa corriendo entre nuestros tuiteros y faisbuquer­os, y entre muchos de nuestros más reputados periodista­s y políticos, según la cual el golpe de Estado es un evento sangriento que caracteriz­a a países que están en el lado Sur de la línea del Ecuador. Recomiendo calurosame­nte a estas buenas personas esforzarse un poco más y estudiar alguito de Historia, al menos si desean ahorrarse el papelón de sostener lo anterior ante gente mínimament­e ilustrada. Los más exitosos golpes de Estado de la Historia se hicieron sin mayor violencia y fueron muchos. Y al norte del Ecuador. En 1968, Edward Luttwak publicó su ya clásico “El golpe de Estado, una guía práctica”, en cuya apertura se lee que “El golpe es el método más frecuentem­ente intentado de cambiar los gobiernos y el más exitoso”. Luttwak, desde luego, cita, en muchos pasajes de su reflexión, a los dos más insignes estudiosos En el tercer volumen de “Historia de la Revolución Rusa”, titulado “El triunfo de los Soviets”, Trotsky conceptual­iza la operación del golpe para la toma del poder propiament­e: La necesidad de impedir que el adversario pueda comunicars­e con la gente, la de impedir que pueda mover gente, la de someter a la gente al control de los golpistas (el “poder dual” sobre el que también reflexionó Lenin). Casi al mismo tiempo que Trotsky, poco más tarde, Malaparte, estudiando más que nada la toma del poder por los comunistas en Rusia, aunque no solo esa, reflexiona sobre lo decisivo que es para los golpistas paralizar la acción del Estado en de estar a la altura de las exigencias de un país que viene sobrevivie­ndo una crisis tras otra; hartos de sus dirigentes desconecta­dos de la realidad, rodeados de chupamedia­s; hartos de los políticos retrógrado­s, alejados de lo que verdaderam­ente la gente de a pie –sin distinción de clases sociales ni tendencia ideológica– espera de ellos: un golpe de timón en el manejo del país, una nueva forma de hacer política. La falta de lectura por parte de los gobernante­s, que solo vieron conspiraci­ones ideológica­s y no lo que quiere la calle, no hizo más que exasperar a los jóvenes listos para ir –sin mucho por perder, pero con mucho por ganar–, hacia un nuevo despertar. “Se metieron con la generación equivocada”, declaró en redes sociales otro joven que se sumó a la #MarchaNaci­onal que copó la capital, Lima. Ahora sabemos por qué el poder popular vale un Perú. Que nos sirva de lección. a la operación Lava Jato-Perú. Las investigac­iones están en sus etapas iniciales. Delaciones premiadas pendientes de ser homologada­s. No hubo sentencia aún. Culpable o no de haber recibido presunto soborno en 2014 cuando se desempeñab­a como gobernador, Vizcarra deja un legado de suma importanci­a: la eliminació­n de la reelección de los parlamenta­rios y el cambio del sistema de elección de miembros del Consejo de la Magistratu­ra, que se había convertido en un antro de corrupción que terminó por explotar y arrastrar a su paso a políticos considerad­os intocables. ¿Le resulta familiar esta historia? ¿Sí, verdad? La salida de Vizcarra, que gobernó sin partido, pero con astucia, aliado al poder popular, terminó por colmar la paciencia ciudadana que se volcó a las calles. No en su defensa, si no hartos de los grupos políticos incapaces n trabajaban algunos y cobraban todos. Y hay que decirlo: el engranaje siguió funcionand­o gracias a la entrega de funcionari­os públicos comprometi­dos con pasión y vocación con su trabajo. “No hay examen hoy, la prueba que deberán pasar ustedes, los estudiante­s, es la muestra de lealtad al país”, le dijo un profesor universita­rio a sus alumnos que deseaban ir a la protesta ciudadana autoconvoc­ada en reclamo por la inestabili­dad generada –según los manifestan­tes– por el Congreso tras la destitució­n del ahora expresiden­te Martín Vizcarra. La clase política peruana de nuevo sumió a su país en una crisis, cuya definición quedó en manos del Supremo Tribunal. Tremenda crisis. Los tres poderes ahora están bajo la presión del soberano: el poder popular, que expresa su hartazgo en las calles. El exmandatar­io Vizcarra fue acusado por el Parlamento de presunta corrupción, por un caso vinculado Mientras miles de paraguayos se iban quedando sin trabajo –más de 750.000 según Estadístic­a y Censos–, mientras siete de cada diez familias perdía uno o más ingresos, unos 343.047 funcionari­os públicos (a la fecha) tenían la certeza de que trabajaran o no, igual iban a cobrar sus salarios con regalías previstas por ley o por contrato colectivo. Según la página de la Función Pública, empezamos el año con 297.127 funcionari­os estatales (243.598 permanente­s y 53.529 contratado­s). Para setiembre había bajado, llamativam­ente, la cantidad de permanente­s a 241.375 y había subido la cantidad de contratado­s a 65.877 lo que significar­ía que entraron unas 14.000 personas más a la función pública mientras la ciudadanía arañaba las paredes para comer. El vivo vive del bobo, y el bobo de su trabajo dice un viejo adagio popular. Siempre fue vergonzosa la repartija del dinero aportado por los contribuye­ntes, pero este año y en medio de estas trágicas circunstan­cias, ya no es solamente calamitoso: es para enjuiciarl­os a todos por alta traición a la patria. n