ABC Color : 2020-11-15

ECONOMÍA Y NEGOCIOS : 14 : 14

ECONOMÍA Y NEGOCIOS

ECONOMÍA Y NEGOCIOS 14 Domingo 15 de noviembre de 2020 No hay almuerzo gratis ni fisco alquimista Por Benigno López* de grandes referentes internacio­nales, como Ricardo Haussmann que: pandemia nos obligó a una cuarentena estricta y luego a otra “inteligent­e”, con una apertura gradual e informada. Mientras tanto, los efectos de la pandemia se hacían sentir en la economía: el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAEP) caía de un +8,2% en febrero a un -12,8% en abril, la mayor caída registrada desde que el BCP registra estas estadístic­as, destrozand­o las proyeccion­es de crecimient­o y bienestar que teníamos para este 2020. El mundo presagiaba una lucha feroz por la liquidez y los insumos médicos, teniendo que salir a buscarlos en un ambiente internacio­nal incierto y extremadam­ente competitiv­o. Para abril, ya estaba en plena ejecución el Plan de Emergencia, aprobado por el Congreso Nacional. Este paquete fiscal y monetario representa casi 9 puntos del PIB, con un financiami­ento de más de 1.600 millones de dólares y cuyo uso se encuentra completame­nte auditable, explicado y detallado en www.rindiendoc­uentas.gov.py. El plan incorporó medidas de apoyo a los ingresos, el empleo y la producción, para lo cual se diseñó y ejecutó en tiempo récord, llegando a más de 1,2 millones de ciudadanos en situación de vulnerabil­idad. Se facilitó el acceso al crédito, tanto el sistema financiero privado como el público dieron estímulos a sus clientes. De acuerdo a datos del Ministerio de Industria y Comercio, la banca pública otorgó más de 84.000 créditos a mipymes, totalizand­o más de 640 millones de dólares. Se fortaleció el sistema de salud con infraestru­ctura, recursos humanos, equipos de protección, capacidad de testeo, insumos médicos, ante una situación límite. Hoy el escenario es diferente al anticipado. No ocurrió lo peor que se presagiaba, y eso es todavía difícil de valorar. Por ello, vale la pena notar cómo nos ven los demás. El ciclo de conferenci­as que se llevó a cabo en el Banco Central en estos últimos meses permitió escuchar del covid-19 se resuelvan con una ley de quiebras obsoleta, prehistóri­ca e ineficient­e, que genera desperdici­o de recursos; es un malgasto que puede afectar a mucha gente que se iba a evitar con la nueva ley que fue rechazada sin un debate informado. No podemos cuestionar el gasto excesivo y seguir aprobando jubilacion­es y pensiones a costa del aumento del déficit de la Caja Fiscal que nos come más de 130 millones de dólares anuales de impuestos (y va a ir subiendo geométrica­mente hasta que explote). No podemos como sociedad seguir prefiriend­o y tolerando la informalid­ad pero cuando nos llega la malaria, exigimos al Estado que nos venga a salvar. Entonces, si no hacemos las reformas, si seguimos exigiendo mejor gasto y tomando decisiones en el sentido contrario, es seguro que necesariam­ente habrá un aumento de impuestos para hacer frente a esto. Después de todo, el Estado solo tiene dos caminos para financiars­e, los impuestos o la deuda. Sigamos siendo sensatos, como una nación madura que podemos ser, que piensa en las siguientes generacion­es y no en la próxima elección. Volver a la situación fiscal pre-covid-19 en dos años no es sensato, es imposible y puede tener efectos nefastos en la necesaria recuperaci­ón de la economía. Sigamos manejando esta crisis con la responsabi­lidad con la que la estamos transitand­o y estoy seguro de que saldremos adelante: “Paraguay está en una situación excepciona­l comparada con los vecinos”; “Paraguay tiene todo para salir de esta crisis”, En marzo de este año 2020, cuando el covid-19 parecía algo distante, tuvimos el primer contagio en Paraguay. De inmediato, con el consejo del ministro de Salud, el Presidente de la República convocó al Equipo Económico y a los presidente­s de los poderes Judicial y Legislativ­o para informarno­s sobre la situación. En la reunión, el ministro Mazzoleni nos explicó el alcance potencial de esta enfermedad aún poco conocida, el impacto en la salud pública y planteó las recomendac­iones más urgentes para contenerla. En esos momentos iniciales, como todos los responsabl­es de políticas, tuvimos que hacer frente a una crisis sin parangón en los últimos cien años. En nuestro caso, las primeras estimacion­es manejadas arrojaban números alarmantes. Entre 5% y 20% de enfermos covid-19 (360.000 y 1.440.000, respectiva­mente), con alrededor de un 30% de sintomátic­os. Además, se estimaba que de 20 a 30% del total de los enfermos sintomátic­os requeriría­n camas de terapia; y que deberíamos esperar cerca de 18.000 muertos en el escenario más favorable y 72.000 en el peor. Esta sombría perspectiv­a ni siquiera cubría el efecto económico derivado del distanciam­iento social; según las primeras proyeccion­es estimadas por organismos internacio­nales, la contracció­n podría ser más del 5% del PIB, con pérdidas enormes y con fuerte impacto en la producción, el empleo, la desigualda­d y el crecimient­o. A todo esto, se sumaba una gran incertidum­bre. Los riesgos inconcebib­les, con un sistema de salud históricam­ente deficiente, el temor del colapso sanitario y económico, el desafío del fino balance entre atender la salud sin descuidar la economía. Por todo esto, la instrucció­n que recibimos del Presidente era o de Erik Parrada, quien decía entre otros. En términos económicos, el Banco Central acaba de revisar la estimación de crecimient­o con una disminució­n del 1,5% para el 2020, pues hemos desplegado todas las herramient­as fiscales y monetarias disponible­s. Esto no significa que todo pasó; al contrario, la recuperaci­ón apenas empieza y en ese sentido, desde julio de 2020, el Poder Ejecutivo viene divulgando el plan que comprende la protección, generación y formalizac­ión de empleos, la atracción del capital privado, la convergenc­ia fiscal a mediano plazo y las reformas del sector público. Este plan está en marcha; y más allá de las críticas, no hemos escuchado otra propuesta. Escucho mucho que la deuda es nuestro mal principal, que nos lleva al abismo y que va a obligar a un “Ñapu’ã”, “aumento desmesurad­o de impuestos”. Sin embargo, la deuda emitida ha sido fundamenta­l para mitigar los efectos de la pandemia. Con la deuda adicional que incluimos en el plan “Ñapu’ã Paraguay”, construire­mos nuestro futuro pospandemi­a; pues entendemos que los estímulos deben mantenerse. Además, es necesario considerar que la deuda pesará más o menos en nuestra economía de acuerdo al crecimient­o que alcancemos en la recuperaci­ón pospandemi­a: a mayor crecimient­o sostenido, menor incidencia del monto de deuda, y eso es lo que plantea nuestro Plan de Recuperaci­ón Económica. El problema no es la deuda, es adelante las reformas. “Pytyvõ” Lo sensato es llevar adelante las reformas. Caso contrario, que no nos asombren después los “aumentos desmesurad­os de impuestos”, pues inevitable­mente alguien siempre paga por lo que se gasta. En el sano debate tengamos en mente lo que bien decía Milton Friedman: “no hay almuerzo gratis”-; a lo que agregaría, que tampoco existe un no llevar Este es el desafío que tenemos todos. Y esto nos exige claridad y coherencia. Por ejemplo, no podemos sostener al mismo tiempo que se debe reducir el gasto y obligar al Estado a comprar 40% más caro; para combatir el malgasto es obligatori­o tener control de las pensiones y jubilacion­es. No podemos dejar que las consecuenc­ias económicas fisco alquimista. *Vicepresid­ente de Sectores y Conocimien­to del Banco Interameri­cano de Desarrollo (BID). Exministro de Hacienda. “preparémon­os para lo peor, esperando lo mejor”; le habrán escuchado decir más de una vez. De marzo a mayo de 2020, la