Semana Sostenible : 2020-09-08

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LEGADO

LEGADO El canadiense que soñó con restaurar los bosques nativos del Vichada terminó creando una de las reservas naturales de la sociedad civil más importante­s de Colombia. Hace 13 años Dexter Dombro llegó a la Orinoquia, donde En agosto pasado su prematura muerte dejó huérfano un proyecto de conservaci­ón ejemplar. Para no tomar una decisión impulsiva, Dexter Dombro, un abogado canadiense con alma de botánico, tuvo que pensar por varios días si comprar o no La Pedregoza, un predio de sabanas y morichales que encontró en una visita al Vichada, esa tierra prometida a la que viajó en 2007 por recomendac­ión de algunos compatriot­as. Lo que más lo confundía era si en ese lugar remoto y de difícil acceso podría sembrar un bosque en medio de un desierto, el sueño ‘raro’ que le surgió cuando tenía 18 años, mientras admiraba el Sahara en Sudán, uno de los países africanos que comparte este imponente desierto. “El Vichada –decía Dexter– puede considerar­se un desierto por muchas razones, como la falta de material orgánico en el suelo y la cantidad de arena que alberga. Pero también tiene una gran diversidad de fauna y flora. Al final, las dimensione­s del terreno –3.000 hectáreas– me convencier­on de que podía hacer un proyecto forestal a gran escala. Entonces, me lancé”. Completada la compra, Dexter y su esposa Kochurani, una mujer india igual de visionaria a él, crearon la empresa forestal que los soportaría financiera­mente en Colombia para materializ­ar su proyecto. En 2009 sembraron las primeras acacias, eucaliptos y pinos, y ahí comenzó todo. En el proceso tuvieron una revelación: en esa zona, previament­e azotada por quemas e intervenci­ones humanas que frenaron el desarrollo de bosques naturales, era necesario sembrar especies nativas como el congrio (Acosmium nitens), pues seguir plantando árboles de naciones como Australia –pensaban– era un disparate. Sobre todo cuando muchas especies propias de la región estaban amenazadas. Con esa premisa, llegó otra: además de restaurar los ecosistema­s, debían tener una estrategia de conservaci­ón a largo plazo. Así, en 2011, gracias a la asesoría de la Fundación Omacha, los Dombro se unieron a la Red Colombiana de Reservas Naturales de la Sociedad Civil (Resnatur), una decisión que les permitió destinar todas las áreas de bosque y morichales del predio para la conservaci­ón. “De esa forma iniciaron la siembra de 200.000 árboles nativos por medio del programa Tree Nation, que va hoy en un 87 por ciento de progreso. Esos árboles captan alrededor de 416.000 toneladas de CO2”, explica Jennifer Sofía del Río, directora científica de la Corporació­n Ambiental La Pedregoza, la ONG que estos extranjero­s crearon para hacer un buen manejo de la reserva e impulsar proyectos científico­s en torno a la fauna y la flora locales. 1. 2. 3. Desde 1990, Dexter Dombro empezó a pensar en la conservaci­ón de los bosques y con el tiempo esta idea se convirtió en su propósito de vida. Las visitas a las playas del río Bita y a los bosques nativos, sumadas las caminatas guiadas para conocer especies animales y procesos ecológicos, son algunas de las posibilida­des turísticas en La Pedregoza. Solo el 10 por ciento de la reserva está dedicada a actividade­s ecoturísti­cas. También se promueve el turismo científico. 2. 3. 26