Metal Hammer (Connecor) : 2020-07-01

EDITORIAL : 14 : 14

EDITORIAL

14 | metal hammer La multitud rugía. Como en cualquier concierto, pero más. Era la primera ocasión en cinco años en que la banda volvía a actuar en nuestro país y, a decir verdad, tampoco se habían prodigado mucho antes de eso. Apenas un show de estadio en Barcelona en 1991, algunos shows en pabellones en 1984 con cancelacio­nes de por medio y una primera visita en 1981 que pocos ya recordaban. La suma de nuevas generacion­es a la causa, la martillean­te promoción de su nuevo disco en España y el hype de la vuelta a la formación de su batería clásico eran los responsabl­es de que en 1996, AC/DC fuese capaces de llenar dos noches el Palau Sant Jordi de Barcelona y tres noches la plaza de toros de Las Ventas de Madrid. la historia del rock duro y volver a la carretera. ‘back in black’ TEXTO: sergi ramos Previament­e, un clamor de los fans obligó al promotor de la gira, Gay Mercader, a ir sumando fechas al tour español. El grupo rechazaba hacer grandes conciertos de estadio desde que tres fans fueron Salt Lake City ante la incapacida­d de la banda para poder evitarlo. Pero a la multitud que agotó las entradas de los cinco conciertos en España no pareció importarle demasiado el riesgo. Recordemos que estos eran los años pre-Ticketmast­er, donde agotar entradas implicaba ir a hacer cola a algún centro comercial o cadena de tiendas de discos durante horas y horas -nada de cómodas colas virtuales sentado en entere de en qué pierdes el tiempo. De pronto, al hilo del videoclip de “Hard As A Rock”, primer en un espectacul­ar estado de forma, una bola de demolicion­es se convirtió en la protagonis­ta de la noche. En medio del rugido se abría paso el chirriar de una grúa que coronaba el escenario. La grúa iba dejando caer la bola de demolición lentamente y, en la distancia, un muro de porexpan comenzaba a temer por su integridad. Tras dos minutos de creciente tensión, de balanceos y de “uys” del público, escenario -así, para empezar la noche sencillita y sin complicaci­ones. de vatios de potencia de sonido. En medio de la confusión, unas inmediatam­ente y de una de ellas sale Angus Young, con un power chord inmenso saliendo desde su guitarra. Coge su gorra, reverencia al público con ella en la mano, se gira hacia la batería de nuevo y tras dejar que Phil Rudd cuente cuatro con el charles de la batería, la banda hace estallar “Back In Black”. Cuando una banda, sea cual sea, decide iniciar su concierto con su mayor hit o, cuanto menos, uno de sus dos riffs más reconocibl­es, es toda una declaració­n de intencione­s. Es una manera de decir “tomad, que vamos sobrados”. De hecho, en la mayoría de repertorio­s de AC/ DC, “Back In Black” aparece entre las primeras canciones del set, conocedore­s del efecto arrollador que tiene entre el público y de la capacidad que el riff tiene para despertar hasta al fan casual más pasivo. Da igual que hayas vivido bajo una piedra durante las últimas cuatro décadas: si escuchas ese riff, automática­mente lo reconoces y lo sientes como algo familiar, cercano, mil veces escuchado. Esa es parte de la magia de AC/DC: haber creado un ecosistema musical en el que las canciones -más viejas o más nuevas- consiguen generar una instantáne­a familiarid­ad con el oyente. Como ese primo o aquel amigo al que ves una vez al año pero con el que retomas la relación en el mismo punto, como si nada hubiese pasado, siquiera el tiempo. Hasta el tema más oscuro de “Fly On The Wall” es capaz de devolverte a un lugar cómodo y conocido,porqueAC/DC simplement­e poseen esa capacidad intrínseca. Pero, de toda su obra,“Back In Black” es el tema -y el disco- más reconocibl­e. Es el tema de rock que hasta la gente que odia el rock termina tarareando. El disco que, aunque el rock sea lo más lejano a tus gustos, termina gustándote. Si bien compositor­es como el sueco Max Martin han logrado perfeccion­ar la fórmula de la canción pop de éxito en los últimos veinte años, lo que consiguier­on los hermanos Angus y Malcolm Young y el productor Robert John “Mutt” Lange en 1980 debería ser estudiado al detalle. La precisión quirúrgica de la batería de Phil Rudd, la unión de grandes estribillo­s con rugosos riffs de rock australian­o de bareto problemáti­co, la cortante voz de Brian Johnson y la capacidad para resumir un género a ello le sumamos la historia de superación, la narrativa de una banda que lucha por salir adelante a la luz de la tragedia, ya no tenemos sólo un gran disco de rock: tenemos una historia con la que simpatizar. Y, en esencia, ‘Back In Black’ ha sido capaz de capitaliza­r justamente eso: que de todo se sale y a veces incluso con más éxito (que no mejor). Hasta de perder a tu carismátic­o vocalista y letrista al borde del salto UN MAL COMIENZO La década de los ’80 fue, para la generación del rock duro, el equivalent­e a los felices ’20 para la generación del jazz. Un momento de esplendor para el género, de pioneros, de discos de importanci­a capital. De grupos que labraron su leyenda en esos momentos y de nacimiento de corrientes que dominarían el estilo en años venideros (véase la New Wave of British Heavy Metal que albergaría a Iron Maiden, Judas Priest, Saxon y Def Leppard). Pero AC/DC la empezaron con bastante mal pié. La banda venía del tremendo éxito de ‘Highway To Hell’, el disco que dio un vuelco a su suerte tras años de partirse los cuernos girando por Europa, Australia y Estados Unidos. En ‘Highway To Hell’ la banda había puesto un especial énfasis en los coros y en la musicalida­d de la propia banda, alejándose ligerament­e del blitzkrieg guitarrero de discos como ‘Let There Be Rock’ (1977) o de la seriedad y madurez blues-rockera de discos como ‘Powerage’ (1978). El directo ‘If You Want Blood’, editado en noviembre de 1978, había servido para que la banda tuviese algo de tiempo extra en la preparació­n de un nuevo disco que no estaba resultando fácil. Una primera unión entre la banda y el productor Eddie Kramer (Hendrix, Kiss) no resultó nada productiva pero en cuanto AC/DC comenzaron a trabajar con el sudafrican­o “Mutt” Lange, las cosas dieron un vuelco a mejor. De aquel disco saldrían himnos atemporale­s como el tema título, “Shot Down In Flames” o “Girls Got Rhythm” y, lo que es más importante, el sonido más radiable de la banda dio pie a que el tan anhelado éxito puesto número 17 en el Billboard 200 americano y un número 8 en el Reino Unido fueron sintomátic­os de que las cosas estaban cambiando para AC/DC. Los subsiguien­tes 125 conciertos en apenas cinco meses y medio fueron sintomátic­os de que el grupo estaba realmente a todo gas en ese punto de su carrera. Durante las navidades de 1979-1980, la banda se tomó un breve descanso de tres semanas. Algunos se fueron con sus esposas y el vocalista, Bon Scott, la pieza clave y principal arma carismátic­a de AC/ DC junto con AngusYoung, se largó hasta Sydney,Australia, para pasar el tiempo con su familia por primera vez en tres años. Nada más llegar a Sydney, Scott se compró una impresiona­nte Kawasaki Z900

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