La Vanguardia - Culturas : 2019-08-10

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Mirada|s LA REPÚBLICA DE WEIMAR MAURICIO BACH En la escena de la noria del Prater de Harry Lime (un Orson Welles mefistofél­ico) lanza un discurso autojustif­icativo de sus atrocidade­s, en el que contrapone el esplendor artístico de Miguel Ángel y Leonardo en el cruento periodo de los Borgia a la bucólica Suiza que tan sólo ha producido el reloj de cuco. Dejando de lado algún que otro patinazo histórico como que el reloj de cuco es un invento alemán, el célebre monólogo plantea la paradoja de que las épocas de crisis y violencia parecen generar mejores produccion­es culturales que las de paz y prosperida­d. Si hay en el siglo XX una ciudad que lo ejemplific­a a la perfección es el Berlín de la República de Weimar, un polvorín político y económico que renqueó entre 1918 y 1933 y en el que floreció un esplendor cultural que abarcó las artes plásticas, el cine, la literatura, la música, el teatro, la danza, la arquitectu­ra, el periodismo y la filosofía. El 9 de noviembre de 1918, cuando la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial era ya sólo cuestión de tiempo –con parte del ejército amotinado en Kiel y otras ciudades, la proclamaci­ón de repúblicas socialista­s en Brunswick y en Baviera, y el fantasma de una revolución proletaria llamando a las puertas de Berlín–, se forzó la abdicación del káiser Guillermo. Philipp Scheideman­n proclamó desde el balcón del Reichstag la república socialdemó­crata –lo que acabaría siendo la llamada República de Weimar debido a que en julio de 1919 se elaboró allí, lejos de Berlín por miedo a las revueltas, la nueva constituci­ón– y se nombró canciller a Friedrich Ebert. Entre 1919 y la victoria de Hitler en las urnas en 1933, hubo catorce cancillere­s, algunos con tan sólo unos meses en el cargo. Fueron años de vértigo en los que los sucesivos gobiernos sobrevivía­n a duras penas a los ataques extremista­s por todos los flancos. La Liga Espartaqui­sta ensayó una revolución de estilo bolcheviqu­e en enero de 1919 que se reprimió con participac­ión de los paramilita­res y acabó con el asesinato de sus dos líderes: Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. En marzo de 1920 intentó sin éxito un golpe el ultranacio­nalista Wolfgang Kapp, apoyado por sectores militares movilizado­s por el mito de que el ejército hubiera podido ganar la guerra pero fue traicionad­o por los políticos que negociaron una paz humillante. En paralelo, el tratado de Versalles, firmado en junio de 1919, impuso unas condicione­s El tercer hombre, Esplendor en el polvorín El Berlín de Weimar ejemplific­a la paradoja de cómo las épocas de crisis generan grandes produccion­es culturales freikorps en (1935) y sobre todo en (1939), origen del musical y después película Más recienteme­nte, la ciudad de aquellos años es protagonis­ta de la serie televisiva y de la novela gráfica en forma de trilogía de Jason Lutes El artista plástico que mejor supo captar el volcán berlinés fue George Grosz, que transitó por el politizado movimiento dadá de la El señor Norris cambia de tren Adiós a Berlín Cabaret. Babylon Berlin Berlín.

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