La Vanguardia - Culturas : 2019-08-10

Mirada|s : 21 : 21

Mirada|s

ciudad –el de la de Raoul Hausmann, los collages de Hannah Höch y los fotomontaj­es de John Heartfield–, por la nueva objetivida­d pictórica y por la caricatura de denuncia. Suyas son esas visiones grotescas de la urbe, con mutilados de guerra mendigando, prostituta­s sifilítica­s, especulado­res con puros como chimeneas fabriles y obreros famélicos, o esos lienzos de perturbado­res rojos titulados y pintados en plena Primera Guerra Mundial. A Grosz –que dejó escritas unas notabilísi­mas memorias, se suman en el retrato pesadilles­co de la época otros pintores como Otto Dix –con los turbadores (autorretra­to en un burdel) y el tríptico Christian Schad –destaca su con la inquietant­e sombra detrás–; Max Beckmann –imprescind­ibles sus autorretra­tos–; y la menos conocida Jeanne Mammen, que plasma los secretos clubs lésbicos y esa ambigüedad andrógina que Marlene Dietrich convirtió en un arte. También hay que mencionar al fotógrafo Au- Cabeza mecánica Suicidio Metrópolis, Un sí menor y un no mayor– A la belleza La gran ciudad–; Retrato del doctor Haustein, Los cuadros de George Grosz o Max Beckmann, el cine expresioni­sta, la Bauhaus, Kurt Weill y Bertolt Brecht, Mann... >

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