Perfil Cordoba : 2021-02-28

Domingo : 113 : D9

Domingo

9| PERFIL - Domingo 28 de febrero de 2021 PSICOLOGíA Y SACERDOCIO ¿Cuál o cuáles son las suyas? -La neurosis ansiosa. El querer hacer todo ya y ahora. Por eso hay que saber frenar. Hay que aplicar el célebre proverbio atribuido a Napoleón Bonaparte: “Vísteme despacio que estoy apurado”. Tengo bastante domada la ansiedad. Cuando me encuentro ante una situación o debo enfrentar un problema que me produce ansiedad, la atajo. Tengo distintos métodos para hacerlo. Uno de ellos es escuchar Bach. Me serena y me ayuda a analizar los problemas de una manera mejor. Le confieso que con los años he logrado poner una barrera a la entrada de la ansiedad en mi espíritu. Sería peligroso y dañino que yo tomara decisiones bajo un estado de ansiedad. Lo mismo pasa con la tristeza producida por la imposibili­dad de resolver un problema. Es también importante dominarla y saber manejarla. Sería igualmente nocivo tomar determinac­iones dominado por la angustia y la tristeza. Por eso digo que la persona debe estar atenta a la neurosis, ya que es algo constituti­vo de su ser. -¿Es obsesivo? -No. Y eso es bueno. -En lo personal, ¿encuentra usted en la oración el alivio del alma que otros buscan, por ejemplo, en el psicoanáli­sis? -Para mí, la oración es más que eso, porque la oración pone a la persona en otra dimensión. -¿Siente que la oración es curativa? -Sí. La oración permite que Jesús entre en nosotros. Y eso es siempre muy bueno. -¿Fue difícil para usted hacer este tipo de consulta? -No. Yo soy muy abierto y en ese punto tengo una postura muy consolidad­a. Estoy convencido de que todo sacerdote debe conocer la psicología humana. Hay quienes lo saben por la experienci­a de los años, pero el estudio de la psicología es necesario para un sacerdote. Lo que no veo del todo claro es que un sacerdote haga psiquiatrí­a debido al problema de la transferen­cia y la contratran­sferencia, porque ahí se confunden los roles y entonces, el sacerdote deja de ser sacerdote para pasar a ser el terapeuta, con un nivel de involucram­iento que después hace muy difícil tomar distancia. su fin. ¿Le producía esa circunstan­cia tristeza o depresión? -Por el contrario. Esperaba mi retiro sacerdotal con alegría. Tanto es así que ya había reservado la que iba a ser mi habitación en el hogar sacerdotal del barrio de Flores [se trata del Hogar Sacerdotal Monseñor Mariano Espinosa, ubicado en la calle Álvarez Condarco 581, en la Ciudad de Buenos Aires. La habitación reservada para el entonces cardenal Bergoglio era la número 13]. Era una habitación simple y austera. Es sabido que a mí me gusta mucho confesar, de forma tal que ya me había preparado para ir a confesar a la basílica de San José de Flores. Y así fue como me vine a Roma. Con mi retiro a la vista. No sabía que el destino tenía guardado para mí el hacer realidad la frase de Caminito [famoso tango]: “Desde que se fue, nunca más volvió”. (...) -¿Se psicoanali­zó alguna vez? -Le cuento cómo fueron las cosas. Nunca me psicoanali­cé. Siendo provincial de los jesuitas, en los terribles días de la dictadura, en los cuales me tocó llevar gente escondida para sacarla del país y salvar así sus vidas, tuve que manejar situacione­s a las que no sabía cómo encarar. Fui a ver entonces a una señora, una gran mujer, que me había ayudado en la lectura de algunos tests psicológic­os de los novicios. Entonces, durante seis meses, la consulté una vez por semana. -¿Era una psicóloga? -No, era psiquiatra. A lo largo de ADDENDUM En el contexto de la pandemia de covid-19 que empezó a afectar a Italia en febrero de 2020, la salud de Francisco fue motivo de preocupaci­ón cuando, el miércoles 25 de ese mes, comenzó a experiment­ar los signos de un cuadro gripal –estornudos, dolor de garganta y fiebre– luego de pasar parte de ese frío día en la Plaza de San Pedro y la procesión en el Aventino. Por su edad, el Papa pertenece a los grupos de riesgo para contraer esta enfermedad, por lo que se le indicó reposo. Según informó el diario la lógica preocupaci­ón de sus médicos hizo que, con muy buen criterio, le ordenaran el test para descartar una infección por coronaviru­s. “El resfriado diagnostic­ado al Santo Padre en los últimos días sigue su curso, sin síntomas atribuible­s a otras patologías”, señaló la Santa Sede el martes 3 de marzo que, frente a las especulaci­ones, no terminó de confirmar ni desmentir el dato del periódico. “Francisco celebra diariament­e la Santa Misa y sigue los ejercicios espiritual­es que se realizan en la Divina Casa Maestra en Ariccia”, informó el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni. De todas maneras, algunas actividade­s oficiales debieron ser canceladas. “Por desgracia, el resfriado me obliga a no participar este año” del rito cuaresmal de Ariccia, en la Casa del Divino Maestro”, afirmó el Papa durante la celebració­n del Angelus, el domingo 8 de marzo. Desde entonces, Francisco se ha mostrado en público en diversas ocasiones totalmente curado. El 15 de marzo salió para rezar y pedir por la finalizaci­ón de la pandemia en la basílica Santa María Maggiore y en la iglesia San Marcello al Corso. Presidió las ceremonias de la Semana Santa y la Misa de Resurrecci­ón, el domingo de Pascua, en un marco nunca visto. Las imágenes del Sumo Pontífice desplazánd­ose por la nave central de la Basílica de San Pedro absolutame­nte vacía e impartiend­o desde su ventana la bendición urbi et orbi ante una plaza totalmente desierta dieron la vuelta al mundo y son ya parte de la historia. ¿Extraña la Argentina? No, no la extraño. Viví allí 76 años. Lo que me aflige son sus problemas. Il Messaggero, LAS TRISTEZAS DE LA VIDA -¿Extraña la Argentina? -No, no la extraño. Viví allí 76 años. Lo que me aflige son sus problemas. -Quienes lo conocimos como arzobispo de Buenos Aires lo recordamos con un rostro adusto y de preocupaci­ón muy diferente al que le hemos visto desde su ascenso al trono de Pedro. ¿Estuvo deprimido alguna vez? -Deprimido, no. Triste, sí. -¿Qué cosas o hechos le producen tristeza? -Tristezas hay muchas a lo largo de la vida de una persona. Están aquellas que podríamos llamar naturales. Son las producidas, por ejemplo, por la muerte de los padres o de los seres queridos. Pero están las otras que, en mi caso, se produjeron por las difíciles circunstan­cias por las que debió atravesar la Argentina. Sentí, y siento, tristeza cuando un cura abandona los hábitos. La injusticia me produce tristeza e indignació­n. -¿Y pudo manejar esas situacione­s difíciles? -No siempre. La verdad es que, a veces, ellas me manejaron a mí. El sufrimient­o es una vivencia muy dura. Uno tiene que entender que es imposible superar ese dolor de un momento para el otro. Hay que comprender que reconocer y aceptar ese sufrimient­o es lo que nos va a llevar a la cura. Eso lleva tiempo, y al tiempo no se lo puede apurar. -De no haber sido elegido papa, su vida sacerdotal se encaminaba hacia -Usted me habló varias veces de sus neurosis. ¿Cuán consciente es de ellas? -A las neurosis hay que cebarles mate. No solo eso, hay que acariciarl­as también. Son compañeras de la persona durante toda su vida. Recuerdo una vez haber leído un libro que me interesó mucho y me hizo reír a carcajadas. Su título era del psiquiatra estadounid­ense Louis E. Bisch. Es algo que comenté en la conferenci­a de prensa que di en el vuelo de regreso de Seúl a Roma. Dije: “Soy muy apegado al hábitat” de la neurosis y agregué que, después de esa lectura, decidí cuidarlas. Es decir, es muy importante poder saber dónde chillan los huesos. Dónde están y cuáles son nuestros males espiritual­es. Con el tiempo, uno va conociendo sus neurosis. -En general, se las agrupa en neurosis ansiosa, neurosis depresiva, neurosis reactiva y neurosis postraumát­ica. esos seis meses me ayudó a ubicarme en cuanto a la forma de manejar los miedos de aquel tiempo. Imagínese usted lo que era llevar una persona oculta en el auto, solo cubierta por una frazada, y pasar tres controles militares en la zona de Campo de Mayo. La tensión que me generaba era enorme. -¿Para qué más le fue útil la consulta con la psiquiatra? -El tratamient­o con la psiquiatra me ayudó además a ubicarme y a aprender a manejar mi ansiedad y evitar el apresurami­ento a la hora de tomar decisiones. El proceso de toma de decisiones es siempre complejo. Y los consejos y las observacio­nes que ella me dio me fueron muy útiles. Ella era una profesiona­l muy capaz y, fundamenta­lmente, una muy buena persona. Le guardo una enorme gratitud. Sus enseñanzas me son aún de mucha utilidad hoy en día. Alégrese de ser neurótico, n