Perfil Cordoba : 2021-02-28

Cultura : 124 : 8

Cultura

8 - / Nota de tapa - Perfil domingo 28 de febrero de 2021 primeros trovadores italianos, uno de ellos Sordello, poeta que forjó sus versos en occitano. Uno de los capítulos que mejor ilustran el traspaso del modelo trovadores­co a la lengua vernácula en Italia, escrito precisamen­te por Guiseppe Ledda, muestra cómo se forjaron los cimentos de la gran obra literaria de la época, La Divina Comedia. Dante resultaría inexplicab­le sin pasar por la Escuela Poética Siciliana, donde poesía y música se separan en búsqueda de una “lengua vulgar ilustre” (escuela liderada por Giacomo de Lentini, inventor del soneto), de igual forma que los modos sículos toscanos (representa­dos por Guittone de Arezzo, rimador que se acerca a las experienci­as provenzale­s del trobar clus, estilo artificios­o, rebuscado y oscuro, cuyo máximo representa­nte es Arnaut Daniel) desplazaro­n sus esfuerzos lingüístic­os al dialecto municipal del área toscana. Si bien Dante opta por forjar su máxima obra en lengua vulgar, no hay que pasar por alto su propia búsqueda estética “ilustre”, que combinaba rasgos locales regulados por el latín, enriquecid­os y ennoblecid­os además con provenzali­smos y galicismos de la tradición literaria. Todos los volúmenes, que incluyen numerosos mapas y obras artísticas de la época, no dejan de realizar analogías, incluso entre la historia de las artes visuales y la literatura: “Dante y Giotto, pilares del Medievo, en el que el artista se afirma como personaje histórico, como una visión precisa de la religión y del mundo; y en ámbitos más específico­s, con una concepción renovada y subjetiva del espacio, de la naturaleza, de los sentimient­os”. A diferencia del tercero, el cuarto tomo, titulado Viene de pág. 6 Castillos, mercaderes y poetas. Podría decirse que el tercer tomo, titulado Castillos, mercaderes y poetas (cuya atención se deposita entre los siglos XII y XIV, Baja Edad Media), resulta el más interesant­e en lo que respecta al desarrollo de la historia literaria. Ya desde los últimos años del siglo XII comienza el primer movimiento poético y cultural de la Europa moderna: la lírica de los trovadores. La explicació­n, además de estética, es en primera instancia estructura­l. El crecimient­o de las ciudades, con el éxito de la clase mercantil, y el nacimiento de municipios y repúblicas marítimas son causa de la necesidad de una memoria compartida en la que se pueda apoyar la identidad de las comunidade­s ciudadanas. Dicho de otro modo, son los municipios los que se imponen como protagonis­tas culturales y autónomos por encima de los antiguos centros de poder, donde solo se escribía en latín. Porque si algo caracteriz­a a este período, tanto en las esferas de traducción, encicloped­ismo, creación lírica y narrativa, es la irrupción de las lenguas vulgares. Procedente de las cortes meridional­es de Francia, la lírica de los trovadores en lengua vulgar occitana se impuso en Inglaterra, Suiza y Alemania, así como en el oeste de la Península Ibérica y el sur de Italia. Si bien las temáticas religiosas o de amor cortés implicaban para este tipo de lírica una continuida­d con la tradición (Horacio, Ovidio y Virgilio), el tratamient­o directo de la experienci­a no puede desviarse de los hechos reales: los trovadores escriben sobre lo que viven, escriben sobre lo que ven. Y esto es algo muy propio de una estructura del sentir de una época que se percibe de forma similar en el campo narrativo entre los siglos XIII y XIV, verificabl­e en una corriente decididame­nte real (Renart, Boccaccio, Chaucer) hasta en el teatro que, a partir del siglo XIII, hace un uso cada vez más frecuente de las lenguas vulgares, introducie­ndo además reproducci­ones más realistas, ambientada­s en lugares profanos como la taberna. El recorrido literario que realiza el libro es realmente minucioso y en ningún momento estos ejes conductivo­s desaparece­n. Así, retrata la vida y obra de Petrarca, como también la de los raciones, comercio y utopías, ciudades medievales nacieron también las universida­des: la primera apareció, aunque aún de forma embrionari­a, en 1088, en Bolonia; así, por primera vez, una comunidad de profesores y estudiante­s (los primeros dependient­es económicam­ente de los segundos) se constituyó con independen­cia del control del Estado o la Iglesia. Aunque existen muchísimas otras cosas que hoy resultan simples y comunes: la chimenea, el papel (que sustituye al pergamino), los números arábigos, los boto- La Edad Media en Argentina. muestra cómo el 400 literario se presenta como un siglo plural vivo, un laboratori­o fecundo en el que, al lado del redescubri­miento de los clásicos y su respectiva apropiació­n por parte de los humanistas, renacen también las literatura­s en lengua vulgar, para las cuales “imitar” significa experiment­ar códigos y géneros nuevos. Casos de reconocido­s poetas como Poliziano, que retoma en su obra géneros y estilos de poetas como Virgilio, Hesíodo y Homero. El historiado­r argentino José Luis Romero no dejó de afirmar categórica­mente que la Edad Media no existe como unidad, opinión que compartía el mismo Umberto Eco, cuando decía que existen varios medioevos. Y sin embargo, del legado de aquella época, aparenteme­nte tan lejana, todavía hoy sacamos provecho. La Edad Media inventó las libertades municipale­s y el concepto de libre participac­ión de todos los ciudadanos en el destino de la ciudad. En esas Explo-