ABC - Alfa y Omega : 2019-06-20

Cuando Se Apagan Los Focos : 28 : 28

Cuando Se Apagan Los Focos

Cuando se apagan los focos Rodrigo Pinedo E mpecemos por el principio: unos padres adolescent­es, a los que le he oído agradecer «la oportunida­d de vivir»… desde la experienci­a. Vi que mi discapacid­ad iba a ser una herramient­a para ser mucho más feliz, al servicio de los demás. Las barreras no son un escalón o una cuesta, sino el miedo. La parálisis cerebral más grande que existe es el miedo. En unas circunstan­cias negativas, me dieron la oportunida­d de vivir. Cuando se dieron cuenta de que no tenían medios suficiente­s para hacerse cargo de mí, me dieron en adopción a una familia estupenda que ellos ya conocían y sabían que me iba a dar todo lo necesario y más. ¿Entra Dios en la ecuación? Como doy conferenci­as para muchos tipos de público, no suelo entrar ahí. Pero es verdad que he recibido una educación cristiana y, sobre todo con 14 años, cuando todo pasó a la vez, me apoyé mucho en rezar. Tengo una relación especial con la Virgen, la considero mi Madre y, cuando no sé qué hacer, rezo avemarías y me calma mucho. Le diagnostic­aron una parálisis cerebral que le impediría andar. Ahí entra su familia de adopción, ¿cómo es de importante? El diagnóstic­o fue muy negativo: me dijeron que no iba a poder caminar nunca, que si acaso a los 15 años me arrastrarí­a por el suelo usando los codos. En esta nueva familia, la familia Fernández, me convierto en la pequeña de siete hermanos. Todos se ponen manos a la obra para que me mueva y, a los 4 años, doy mi primer paso y derribo el diagnóstic­o. Con esfuerzo, amor y entrega se pueden conseguir muchas cosas. Campeona de España de natación, ganadora de conferenci­ante, actriz de la compañía de Blanca Marsillach, concursant­e de ahora escritora… ¿Qué ha sido más difícil? Tú sí que vales, La Voz, Cuando decidí que me quería dedicar a estas cosas, había gente que me decía que no lo hiciera porque el mundo de las artes es muy complicado, que no iba a tener oportunida­des laborales. Como siempre he sido muy cabezota, confiaba en que iba a dar sus frutos. Al terminar tuve un mánager, pero no fue bien por cuestiones económicas y empecé una etapa sola ante el peligro, de escuchar tantos noes y aun así decir que sí. Seguí haciendo canciones, grabé un disco, me puse a estudiar un montón y llegó la oportunida­d de Blanca Marsillach… Con el libro ha pasado un poco lo mismo. Llevo diez años dando conferenci­as de motivación, en las que encuentro muchos Me puse a escribir y no tenía editorial pero, a raíz de una entrevista, me contactó una editora y, como tenía esas ganas, aquí está. Hay que trabajar en el sueño, no rendirse. Siempre llega, igual no de la forma que esperamos. De pequeña soñaba con llenar estadios, pero luego me he dado cuenta de que el verdadero éxito reside en levantarse cada día sabiendo que estás donde quieres estar, haciendo lo que quieres hacer y rodeado de la gente que quieres. Cuenta que se encontró acoso decompañer­os y cierto paternalis­mo… Cuando era pequeña me costaba un poco sentirme diferente, me hacían ver que era algo negativo. Pero a los 10 años o así descubrí que la respuesta no estaba en los demás, sino en mí. Si era la primera que no estaba a gusto conmigo misma, ¿cómo iban a estar los demás a gusto conmigo? Empecé a no dar tanta importanci­a a mi discapacid­ad, sino a luchar por mis sueños. Cuando se metieran conmigo, en vez de devolver una lágrima, devolvería una sonrisa. Luego, si un adulto trata a una persona con discapacid­ad como «pobrecito, ¡ay, qué lástima!», es lo que inculca a sus hijos sin querer. Es fundamenta­l educar no en la integració­n, que supone incluir algo que está fuera, sino en la convivenci­a. Cada uno tiene sus diferencia­s y de todos se puede aprender. Yo también cambié la pregunta: en vez de preguntarm­e tanto «¿por qué a mí?», pasé al «¿para qué soy así?». Tú sí que vales para qué. agradece la especial colaboraci­ón de:

© PressReader. All rights reserved.