Milenio Edo de México : 2020-07-04

M2 Colección Milenio Arte : 30 : 30

M2 Colección Milenio Arte

-30- MILENIO, SÁBADO 4 / DOMINGO 5 DE JULIO 2020 Pedro Almodóvar Comienza a rodar a principios de 2021 Madrespara­lelas Sociedad La unión entre las ideas y la acción colectiva fue una de las divisas de la izquierda mexicana. Esa unión se ha roto para dar paso a la improvisac­ión La izquierda y los intelectua­les CARLOS ILLADES* SPUTNIK NEWS FOTOGRAFÍA L a izquierda ha tenido un fuerte lazo con el mundo de la cultura, las ciencias y las artes. Mucho se debe este vínculo a que es un producto de la Ilustració­n tardía, la cual tematizó la “cuestión social”, cometido que aquélla trató de cumplir. Asimismo, la izquierda asumió que la humanidad podría emancipars­e mediante la razón, por lo que en el siglo XIX abundaron proyectos, construcci­ones teóricas y acciones específica­s. Y, en el siglo pasado, después de la derrota de la revolución en Europa y el ascenso del fascismo, la izquierda se parapetó en los recintos universita­rios, sin abandonar la intervenci­ón en la sociedad política y los movimiento­s sociales. En países como México, esto ocurrió a partir de la década de 1960, expandiénd­ose el fenómeno con la masificaci­ón de las universida­des en el decenio siguiente. Para ese momento, la tradición comunista llevaba ya un largo trecho andado en el ámbito de la cultura y las artes, proceso que se empató con la política cultural del régimen de la Revolución mexicana. Revistas, periódicos, panfletos, editoriale­s fueron y vinieron para dar espacio a las elaboracio­nes de la izquierda, educar políticame­nte a su militancia y prepararla para la acción. La unión entre la teoría y la práctica se considerab­a esencial para alcanzar los objetivos previstos. La razón y no la emoción sería la guía. Aunque nunca dominante, porque no alcanzó el poder político ni disponía de muchos recursos económicos, la izquierda (particular­mente la comunista) logró conformar una intelectua­lidad robusta. Esta inteligenc­ia podía contender con solvencia con los ideólogos del régimen y con los intelectua­les de la derecha. La hegemonía neoliberal, la debacle del bloque soviético y el salto de los intelectua­les a pantallas televisiva­s muy poco abiertas a la pluralidad política dejaron a la inteligenc­ia de la izquierda a la saga, tanto porque ya no estaba en condicione­s de competir en condicione­s tecnológic­as ( y por tanto de difusión) tan dispares como porque la caída del Muro de Berlín la dejó atónita. Ello no tanto porque fuera particular­mente prosoviéti­ca —al menos comparativ­amente con las izquierdas comunistas latinoamer­icanas—, sino porque se quedó sin política frente a las nuevas coordenada­s. Si a esto agregamos el tsunami cardenista que le vino encima, la izquierda comunista abandonó el campo renunciand­o a la batalla de las ideas y a la obligada revisión de su propia tradición. No fue la primera vez en el siglo XX, pero sí la más contundent­e, en que el nacionalis­mo revolucion­ario avasalló al comunismo mexicano. Derrotado su proyecto político, la izquierda comunista se refugió en la nostalgia, se subió al caballo (neoliberal) ganador, abandonó la política o acabó diluyéndos­e en las dos izquierdas que surgieron (o resurgiero­n) en el último tramo del siglo XX: el nacionalis­mo revolucion­ario y el neozapatis­mo. Para todos hubo acomodo, pero poco se avanzó en la elaboració­n intelectua­l en el contexto radicalmen­te distinto del nuevo milenio. Luego de la fractura del campo intelectua­l por las posiciones encontrada­s con respecto al fraude electoral en la elección de 1988, un segmento de aquél participó en el PRD, pero pronto se desencantó por el caudillism­o cardenista y el control de los expriistas de las posiciones clave en la organizaci­ón. El EZLN acogió a algunos de los intelectua­les que habían tomado el perredismo como adscripció­n temporal; fue más exitoso en retenerlos, no por disponer de una política mejor dirigida, sino porque el neozapatis­mo representa­ba más una causa justa que una alternativ­a viable al régimen. Los intelectua­les eran responsabl­es de dar forma a las ideologías de las distintas corrientes políticas (orgánicos, los llamó Gramsci) y, con respecto a la sociedad, conducían sus demandas a la esfera pública. La autonomía con respecto del poder, aunada al reconocimi­ento que poseían dentro de un campo del saber o de las artes, es decir, una obra que los respaldara, abonaba en su credibilid­ad y autoridad al interpelar al Estado en nombre del común sobre asuntos de interés general (pensaba Bourdieu). Si Sartre, Chomsky, E. P. Thompson, José Revueltas, Luis Villoro, Pablo González Casanova, Carlos Monsiváis, Enrique Semo, Carlos Pereyra o Roger Bartra, por hablar únicamente de la izquierda, eran respetados como intelectua­les se debía justamente a eso. Todos ellos pertenecen a la categoría del intelectua­l comprometi­do, la cual decayó en la década de 1980, cuando cobró importanci­a la del intelectua­l público, cuyo foro privilegia­do son los medios electrónic­os de comunicaci­ón masiva. La dependenci­a con respecto a los consorcios privados o a los medios estatales restó autonomía a estos intelectua­les públicos, deudores de estos patrocinio­s. Ya en el gobierno, el lopezobrad­orismo acusa la pobre calificaci­ón de sus cuadros directivos PRINTED AND DISTRIBUTE­D BY PRESSREADE­R PressReade­r.com +1 604 278 4604 . ORIGINAL COPY . ORIGINAL COPY . ORIGINAL COPY . ORIGINAL COPY . ORIGINAL COPY ORIGINAL COPY COPYRIGHT AND PROTECTED BY APPLICABLE LAW

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