El Periódico de Catalunya (Castellano) : 2019-08-14

Mas Verano : 41 : 41

Mas Verano

másverano top 41 MIÉRCOLES 14 DE AGOSTO DEL 2019 el Periódico Ser una oveja negra en la familia es más fácil de sobrelleva­r cuando no se es la única. Tampoco es que el color de la piel (o la lana) suponga ningún motivo de discrimina­ción dentro de este rebaño que alivia su sed a la luz del atardecer. Una imagen armónica que retrata uno de los momentos más plácidos de la vida en el campo, cuando el pastor puede disfrutar de una pausa junto a su ganado. Este descanso es bien merecido tras haberse ocupado de la esquila, una tarea exhaustiva que se lleva a cabo con la llegada del verano y que libra a las ovejas de su abrigo. FOTO: MIGUEL LORENZO / TEXTO: EDUARDO NAYA recuerdo que se interesó mucho cuando le conté que mis hijos, los hijos que dejé en la aldea, no son muy listos. En algunas ocasiones, lo encontraba tan perdido en sus cuartillas que ni siquiera alzaba la vista cuando los goznes del portón chirriaban. Entonces, me movía como un ratón para no molestarle. Dejaba los baldes de agua en la cocina o el haz de leña junto a la estufa, le lustraba las cimiento, lo llevé hasta mi rincón secreto, más allá del faro, para que viera el viaje de los arenques hacia el sur, cuando el mar parece hervir. Me abrazó en la despedida, y yo le entregué el par de alpargatas que le había estado trenzando con corteza de abedul. Mis manos no pueden parar quietas; podría matarme o hacer daño.» botas, removía las ascuas de la salamandra, quitaba el polvo, barría… Mis manos no saben parar quietas. Antón Pávlovich solía tirar pelotitas de papel apañuscado debajo de la mesa pero, aunque metí algunas en el bolsillo para enterarme sobre qué diantres escribía, ni yo ni la vieja Fédina, en paz descanse, sabíamos leer. Si se hacía tarde, le encendía la lámpara de aceite y le freía una chuleta. La tarde en que me preguntó por el asesinato tosía mucho, y me dio lástima. Tosía y ocultaba el pañuelo. ¿Qué hacía un hombre tan endeble a merced de este viento helado? Dicen que Sajalín no tiene clima; solo mal tiempo. Le conté lo ocurrido y me creyó. Aunque golpeé a Andréi con un palo, no fui yo quien lo mató. Sé que Antón Pávlovich me creyó porque se lo leí en los ojos grises, y por eso, en agrade- Tosía y ocultaba el pañuelo. ¿Qué hacía un hombre tan endeble a merced de este viento helado? ☰ Mañana, cuarto capítulo: La tragedia del Essex.

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